El grafiti que apareció frente al Arzobispado cuando Juan Pablo II llegó a Rosario
Sociedad · Santa Fe

El grafiti que apareció frente al Arzobispado cuando Juan Pablo II llegó a Rosario

¿Qué respondió un grupo de estudiantes rosarinos al mensaje oficial de la visita papal de 1987? La frase quedó pintada frente al Arzobispado y todavía hoy les escriben oyentes por ella.

Corría abril de 1987 y Rosario se preparaba para recibir a Juan Pablo II. La ciudad se cubría de carteles con un mensaje oficial: "Viene el Papa. Viene Cristo". Pero un grupo de estudiantes de Comunicación Social de la UNR decidió responderle a la pared con una pregunta incómoda: "Viene el Papa. ¿Viene Cristo?".

La agrupación se llamaba "Los Ecos de Umberto" y había nacido un año antes, en 1986. La integraban Marcelo Tapia, Juan Pablo "Colo" Mascali, Gustavo Poles, Elbio Córdoba y Horacio Ríos, con la participación de "invitados" como Gerardo Rozín, a quien llamaban "Gerardito porque era más chico", según recuerda Tapia.

La idea era retomar la comunicación oficial de la visita papal y deformarla con ironía. Del eslogan de la Iglesia salieron variantes que incomodaron a más de uno: primero la pregunta, después una frase que iba más lejos: "Cristo no viene. Es un desaparecido más". El mensaje apuntaba a una Iglesia que, en los primeros años de democracia, seguía ligada a la última dictadura cívico militar y al terrorismo de Estado.

Un equipo creativo con aerosol rojo

Los integrantes se conocían de los centros de estudiantes de la secundaria y se reencontraron en la facultad de Comunicación, sobre calle Córdoba, frente a Derecho. Ahí empezaron a juntarse a pensar frases que después optimizaban entre todos antes de pasarlas en limpio a un cuaderno.

"En Buenos Aires ya estaban con los grafitis Los Vergara (los hermanos Korol). Y acá empezamos con esa idea", cuenta Tapia, hoy periodista en LT8 y con paso por agencias de publicidad. El grupo tenía una regla: no dañar frentes de casas particulares, sino aprovechar espacios libres.

La logística era casi militar. Definida la frase, armaban "operativos" de madrugada: dos pintaban —uno dibujaba con aerosol rojo y otro hacía la firma— y dos vigilaban en las esquinas. "Lo que más me llama la atención es el grado de imprudencia que teníamos", analiza Ríos, realizador audiovisual y director de RTS Medios.

"Si bien ya había democracia, no hacía muchos años que estábamos acostumbrados a poder caminar tranquilos y nosotros nos largábamos a pintar paredes y a salir corriendo. No sé si había tanto peligro, pero nosotros estábamos asustados", agrega.

El intendente de entonces, el radical Horacio Usandizaga, no tomó nada bien la movida. "En una conferencia de prensa se manifestó muy preocupado por las inscripciones en la pared y habló de los delincuentes que pintaban. Con esa vehemencia que tenía el Vasco, dijo: 'Hay que meterlos presos'", relata Poles. "Sí, quería atraparnos", suma Tapia.

La cofradía de los tres grupos

Los Ecos de Umberto no actuaban solos. Con "La mala leche" y "Los genioles" conformaron una especie de cofradía del grafiti rosarino. Cada grupo tenía su firma y su color, pero para la visita del Papa acordaron compartir consignas y sellos. "Los Eccccos de Umberto" —con tres o cuatro "c", según quién lo recuerde— usaban aerosol rojo.

Días antes del arribo de Juan Pablo II, el sábado 11 de abril de 1987, hicieron uno de sus mayores despliegues. "Pintamos toda la ciudad, el macrocentro sobre todo y en las avenidas. Los lugares estaban pensados y planificados porque la idea era que se vean desde los colectivos o autos", señala Poles.

El desafío mayor fue pintar el Arzobispado de calle Córdoba con los tres grafitis. "Era arriesgado meterse con el Papa. La ciudad es muy creyente, muy católica, con un poder muy importante de la Iglesia, y nosotros sabíamos que nos metíamos en algo que podía traer algún tipo de problema", reconoce Ríos.

El contexto no ayudaba: el Papa llegó días antes del alzamiento carapintada de la Semana Santa de 1987 y las pintadas ocurrieron entre la sanción de la ley de Punto Final y la de Obediencia Debida, las llamadas "leyes de la impunidad" que impulsó el gobierno de Raúl Alfonsín después del Juicio a las Juntas de 1985.

De la pared a la radio

La historia tuvo una secuela radial. Llevaron la propuesta a LT3 como el grupo que hacía los grafitis y el director los rechazó. Al tiempo volvieron con otra idea: "Empezamos un programa y le pusimos 'Umberto secuela'. El nombre jugaba con el del grupo, como una continuidad, y también con que 'se cuela', se mete en la radio sin que se den cuenta", explica Tapia.

Ríos pensó en hacer un documental con la historia, juntaron archivos y entrevistas, pero el trabajo quedó a mitad de camino. No hay fotos de los grafitis salvo una en la que se ve a Tapia junto a la firma roja sobre una pared blanca.

La mayoría de los mensajes fueron tapados o borrados con el tiempo. Tapia dice que uno sobrevivió hasta hace unos diez años en Santa Fe y Pueyrredón: detrás de la parada de colectivo se veía la firma de Los Ecos de Umberto. "Era una buena pintura", recuerda, y compara aquellos mensajes con los memes actuales: "Es una búsqueda parecida, pero los de ahora duran menos, en dos semanas te olvidás".

El juego semiótico que estudió Scolari

Carlos Scolari, profesor e investigador de la Universitat Pompeu Fabra y rosarino egresado de la UNR, recordó los grafitis en un texto sobre Umberto Eco. "Cuando estudiaba Comunicación Social a mediados de los ochenta, Umberto Eco era 'el' intelectual de referencia. Después de haber estado censurado durante la dictadura, Eco era 'uno de los prohibidos' que se podía volver a leer", escribió en su blog.

"Uno de los grupos más activos durante la visita del Papa en 1987 era Los Ecos de Umberto. Recuerdo la consigna 'Viene el Papa. Viene Cristo' y la intervención: 'Viene el Papa. ¿Viene Cristo?'. Y a los pocos metros: 'Cristo no viene. Es otro de los desaparecidos'. Puro juego semiótico", resumió.

El periodista y poeta Alberto "Gary" Vila Ortiz ya había retratado el fenómeno en La Capital, el 22 de enero de 1987, en una nota sobre "Apuntes urbanos". Allí mencionaba a Los Genioles y a Los Eccccos de Umberto y cerraba con una reflexión sobre el olvido: "Estas líneas que aquí escribimos no serán, de ninguna manera, más perdurables que las leyendas de las paredes, esas que se confundirán con el ladrillo, la lluvia, el viento, la vida de la ciudad, la de su gente".

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