El grito ambiental que llega desde los barrios: la advertencia de los trabajadores sociales

¿La crisis ambiental golpea más a los barrios pobres? Trabajadores sociales de Santa Fe denuncian la desigualdad y proponen alternativas. Conocé los detalles.

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El grito ambiental que llega desde los barrios: la advertencia de los trabajadores sociales
El grito ambiental que llega desde los barrios: la advertencia de los trabajadores sociales

Mientras el mundo conmemoraba el Día de la Tierra, la Comisión de Ambiente del Colegio de Trabajadores Sociales de Santa Fe lanzó una alerta que incomoda: la crisis ecológica golpea con más fuerza a los sectores populares. No es un problema de discursos, sino de basurales, falta de cloacas y calor extremo que se siente en carne propia.

El 22 de abril, fecha instituida por la ONU, encontró a estos profesionales reflexionando sobre su rol cotidiano. Desde la segunda circunscripción de la provincia, decidieron aportar una mirada disciplinar a una cuestión que ya no puede ignorarse: la justicia ambiental no es abstracta, se juega en cada territorio.

¿Por qué la tierra no es igual para todos?

La ciudad, ese símbolo del progreso, esconde contradicciones profundas. Desde que el capital convirtió lo común en mercancía, la vida se fragmentó. Pero en los barrios, la solidaridad emerge entre vecinos, hermanos y compañeros. Reconocer a la Tierra como sujeto de derecho parece utópico en tiempos de guerras por minerales y petróleo, pero los trabajadores sociales insisten: es necesario.

Sus prácticas diarias en los territorios evidencian que las soluciones no dependen de cumbres internacionales. Hay una urgencia: poner en agenda pública información, preguntas y deseos que permitan repensar las políticas y su implementación. La salud, dicen, se defiende desde el territorio.

Riesgo ambiental, desigualdad estructural

El deterioro del ambiente no golpea a todos por igual. En los mapas de riesgo, los sectores más vulnerables aparecen marcados en rojo. Un ejemplo claro: los basurales se multiplican en los barrios pobres, mientras los centros históricos disfrutan de servicios de recolección y hasta separación de residuos.

La falta de agua potable, electricidad, gas, cloacas y transporte se suma a la exposición a fenómenos climáticos extremos. Las inundaciones y anegamientos, cada vez más frecuentes, impactan directamente en la salud colectiva. Aunque existen iniciativas como la Ley Yolanda o la Red de Refugios Climáticos en Rosario, la realidad supera los esfuerzos.

Los profesionales se preguntan: ¿por qué seguimos gestionando chapas con temperaturas de 45 grados? ¿Interpelamos las soluciones que se arrastran de gestión en gestión? La falta de acceso a espacios frescos y agua segura es una urgencia que no se revierte.

La alimentación como acto de resistencia

En algunas localidades, colegas impulsan huertas comunitarias, cultivo de aromáticas y hierbas medicinales. "Es encontrarnos en nuestras partes sanas, la naturaleza nos abraza", describen. La tierra se convierte en horno, estufa, olla comunitaria y cosecha compartida. Los equipos de trabajo debieron aprender a ser aprendices.

Rosario cuenta con más de 40 hectáreas cultivables y 12 parques huerta, donde cientos de huerteros, en su mayoría mujeres, producen alimentos sin agroquímicos. Estas experiencias no solo garantizan comida sana, sino que reconstruyen lazos comunitarios y fortalecen economías locales.

Pero la preocupación crece: las enfermedades asociadas a la mala alimentación, como la diabetes, aumentan, y las políticas de asistencia no consideran su impacto en la salud. El ecocidio se siente en el aire y en los centros de salud, con enfermedades respiratorias, gastrointestinales y cancerígenas que afectan a quienes viven en zonas sacrificadas por la producción de ganancias.

Un horizonte justo y habitable

El Trabajo Social debe acompañar demandas y construir estrategias integrales que articulen justicia social, sustentabilidad y soberanía territorial. Sanar el territorio es sanar los cuerpos y las tramas sociales. La defensa del ambiente no es una opción, sino una condición para la vida digna, presente y futura.

Tener un suelo soberano, un lugar al que pertenecer, ser productor de cultura, irse y volver, es un derecho humano inalienable. Esto interpela a organizar, exigir, resistir y transformar. La Comisión de Ambiente del Colegio de Profesionales de Trabajo Social de Santa Fe 2º Circ. lo tiene claro: el horizonte debe ser justo, habitable y soberano.

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