El hallazgo del biólogo barilochense que cambió el futuro de los trasplantes de intestino

Un biólogo formado en Bariloche viajó a España y se metió en un estudio que parecía imposible. A seis años de los primeros casos, los dos pacientes que entraron al protocolo tienen una vida normal. ¿Qué hicieron?

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El hallazgo del biólogo barilochense que cambió el futuro de los trasplantes de intestino
El hallazgo del biólogo barilochense que cambió el futuro de los trasplantes de intestino

Un investigador formado en Bariloche tuvo un rol clave en un estudio del Hospital La Paz de Madrid que busca dar vuelta el pronóstico de los trasplantes de órganos sólidos, sobre todo el de intestino, el que registra la tasa de rechazo más alta. Los primeros resultados del trabajo, publicados en la revista científica Communication Medicine, abrieron una puerta que hasta hace unos años parecía cerrada.

Rodrigo Papa Gobbi es licenciado en Ciencias Biológicas del Centro Regional Universitario Bariloche (CRUB) y completó su formación con un doctorado y un posdoctorado en la Universidad Nacional de La Plata. Especializado en inmunología de mucosas, viajó a España y trabajó cuatro años en el hospital madrileño para profundizar sus estudios sobre el trasplante intestinal.

“Ya venía trabajando en Enfermedades Inflamatorias Intestinales (EII) y en cáncer de colon que son caras opuestas de una misma moneda. En ambos casos hay desbalance en los circuitos que controlan la inflamación, solo que en las EII se establece una respuesta exacerbada que termina dañando organismo; mientras que el cáncer de colon, donde también hay inflamación, el tumor engaña al sistema inmune para inhibir su respuesta”, explicó el investigador, que hoy se desempeña en el Instituto de Estudios Inmunológicos y Fisiopatológicos (IIFP), dependiente del Conicet y de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de La Plata.

Según contó, el Hospital La Paz acumulaba mucha experiencia clínica, pero sus médicos necesitaban a alguien formado específicamente en los circuitos inmunes del intestino.

Por qué el intestino es el órgano más difícil de trasplantar

El foco del equipo estuvo puesto en los trasplantes de intestino, complejos tanto desde lo técnico como por el manejo del paciente después de la cirugía. “Este órgano es muy inmunogénico -genera mucha respuesta inmune-; por eso, la tasa de rechazo a un injerto intestinal es mucho más alta que la de hígado, riñón o corazón. Hasta ahora, la única manera de controlarlo es con inmunosupresores”, advirtió Papa Gobbi.

El problema de fondo es que esos medicamentos se administran en dosis altas y de por vida, lo que mantiene las defensas del paciente muy bajas. “De esta forma -acotó-, son más susceptibles a infecciones y tienen una incidencia más alta de tumores”. A eso se suma que las propias drogas pueden generar daño al hígado o a los riñones y no siempre logran evitar el rechazo del órgano.

La meta del equipo fue encontrar un equilibrio: bajar la cantidad de medicación sin poner en riesgo el injerto, para que los pacientes no perdieran el órgano recibido ni tuvieran que someterse a un nuevo trasplante.

“Trabajamos con muchos pacientes pediátricos: puede darse que un niño pierda tres injertos antes de su vida adulta. Esto implica tres operaciones, tres trasplantes. El interrogante era: ¿cómo hacer para que, en lugar de estar inhibiendo la respuesta inmune todo el tiempo, poder enseñarle a ese sistema inmune que el injerto recibido no supone un peligro y deben llevarse bien?”, planteó. La respuesta estuvo en el doble trasplante.

En qué consiste la estrategia del doble trasplante

El investigador argentino detalló que, junto con el órgano, se infunden células madre -precursores hematopoyéticos- capaces de dar origen a las distintas células de la sangre y del sistema inmunitario. “De esta manera, en el organismo del receptor comienzan a coexistir células inmunitarias de ambos, dando lugar a un sistema quimérico. Esto permite educar a las defensas para que toleren al órgano trasplantado y no lo ataquen”, describió.

Los resultados de esa primera fase quedaron plasmados en el artículo de Communication Medicine, que recoge los dos primeros casos tratados con el protocolo: una mujer de 49 años que ya había perdido tres riñones y un niño de 15 años que había rechazado dos injertos intestinales. El hermano de ese chico, con la misma enfermedad, había fallecido por un rechazo del órgano.

Ninguno de los dos pacientes era candidato a un retrasplante, por lo que pudieron ingresar al protocolo. “Se trató de un uso compasivo ya que se habían agotado las opciones convencionales. A seis años de esos trasplantes, ambos pacientes están perfectos, con una vida completamente normal y usan dosis mínimas de inmunosupresión”, valoró Papa Gobbi.

Qué viene ahora: ensayo clínico y el desembarco en el Garrahan

Hoy los investigadores avanzan con un ensayo clínico de Fase I y buscan financiamiento para arrancar la Fase II, con la idea de sumar más pacientes y de que otros centros puedan reproducir el método.

En esa dirección, el Hospital Garrahan abrirá un Programa de Trasplante Intestinal Pediátrico con la intención de implementar este protocolo en sus pacientes.

Rodrigo Papa Gobbi formó parte de la investigación en el Hospital La Paz de Madrid. Foto: gentileza

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