El hombre que fue pionero del sóftbol argentino y hoy todos miran en las canchas de Santa Rosa
Mario Humberto Chaves fue el primer pitcher de técnica "molinete" del sóftbol argentino y pionero de la Selección. Hoy, a los 70 y pico, sigue yendo a cada cancha de Santa Rosa con lapicera y cámara. Pero hay un episodio que todavía duele.
Mario Humberto Chaves fue el primer pitcher de técnica "molinete" del país y uno de los tres primeros pampeanos en vestir la camiseta de la Selección Argentina de Sóftbol. Hoy, a los 70 y pico, sigue yendo a cada cancha con lapicera, cuaderno y cámara al cuello para cubrir el deporte que ama.
Mario Vega lo conoce desde hace casi seis décadas. Compartieron canchas de sóftbol, torneos argentinos con los colores de La Pampa y, ahora, la pasión por el periodismo. En una nota publicada en La Arena, Vega repasa la vida del "Negro" Chaves, un tipo que hizo de la autoexigencia una forma de estar en el mundo.
"Lo que Mario trasunta en cada gesto no es mal humor; sino un nivel de importante autoexigencia. Porque es riguroso, casi obsesivo de los detalles", escribe Vega. Esa manera de ser, dice, la heredó de épocas fundacionales en que el deporte se tomaba como una verdadera profesión del alma.
De la despensa al banco, siempre laburando
Chaves nació en Santa Rosa. Fue hijo de Luis Chaves, un artesano marmolero oriundo de Trenque Lauquen que grababa a martillo y buril los nombres en las lápidas del viejo cementerio local, y de María Berta, una toayense que crió a tres hijos. Antes de ser periodista, fue cadete en una despensa del barrio, oficinista, trabajó en el histórico Molino Werner y llegó a ser empleado bancario en distintas entidades de la ciudad.
Su infancia transcurrió en la barriada de Uruguay y González. Enfrente de su casa había un descampado triangular delimitado por la avenida Uruguay, Autonomista y Juan XXIII que fue su primer estadio: allí se jugaba fútbol de potrero, béisbol improvisado y sóftbol de sol a sol. Los sábados eran de encuentro en el colegio Domingo Savio, con pelota a paleta, básquet, fútbol en canchas de baldosas y ladrillos, ping-pong y metegol. Y de noche, las juntadas en el Bar de Adolfo, donde el Negro y Alejandro Eberhardt metían 15 o 20 carambolas seguidas y dejaban a todos pasmados.
El pionero del molinete
El profesor "Catón" Montoya le enseñó los rudimentos del sóftbol en la primaria, pero fue Carlos Cano, un bahiense que llegó al barrio para trabajar en la Empresa Ford, quien les dio orden táctico a los entrenamientos. Con él jugaron su primer Campeonato Argentino de Béisbol y un segundo certamen nacional en Rosario.
Con los años, Chaves se consagró como el primer pitcher de técnica "molinete" de la historia del sóftbol argentino. Abrió el camino para fenómenos contemporáneos como Lucas Mata. Junto a Alejandro Eberhardt y Oscar Cuffini fueron los primeros pampeanos en vestir la camiseta de la Selección Argentina, disputando los Juegos Rioplatenses.
Su autoexigencia era tal que, siendo un pibe, juntaba un tacho con bolillas caídas de los árboles de paraíso para lanzarlas hacia arriba en el patio y ensayar la coordinación exacta del golpe de bate al vuelo cuando la semilla caía.
El fútbol, el otro amor
También jugó al fútbol de liga. Pasó por la cuarta división de Estudiantes, por General Belgrano y por Pampero de Ataliva Roca. Su llegada al Club Atlético Santa Rosa fue insólita: una tarde de sábado, tras jugar sóftbol en la Villa Don Bosco, fue a mirar un amistoso del Albo al Mateo Calderón. Al equipo de "Cacho" Peralta le faltaba un jugador y Tito Zarelli lo señaló desde el banco: "¡Cacho, acá tengo uno para completar, ponelo al Negro!". Lo mandaron a la cancha sin calentar y clavó tres goles.
Cuando fue a entrenar a Ataliva le avisaron que ya no pertenecía allí y que debía irse a Atlético Santa Rosa. En ese tiempo los sábados eran de sóftbol y los domingos de fútbol para la misma institución. Hasta que la comisión directiva lo intimó a elegir. Se quedó con el bate y el guante, aunque el fútbol le garantizaba un dinero que no venía nada mal.
La familia, primero
Sus hijos son su mayor orgullo: Mariana (vive en Epuyén junto a su nieto Natán), Mario Gastón (administrativo en Imago y padre de Lourdes y Sol), Nadia Geraldine (excelente jugadora de vóley, hoy docente en el Ministerio de Educación y mamá de Catalina) y Jimena, su hija del corazón, agente publicitaria.
Hace apenas unos meses falleció su compañera, Silvia Eberhardt, en sus tiempos atleta y lanzadora de jabalina. "Mi familia es siempre primero… Nos juntamos en la casa de mi hijo o en la de mi hija, y ahora soy visitante; pero cuando estaba Silvia la mayoría de las veces éramos locales", cuenta Mario. "Ella partió a un plano existencial, estoy convencido", dice y mira hacia algún lado.
El periodista que no se retira
Hoy Chaves es dueño de su propio medio gráfico y digital, "Deportes Capital", y conduce un programa matutino en la versión local de radio La Red. Vega lo define como el cronista deportivo al que más se lo ve en el llano santarroseño. "Lleva adelante la noble tarea de informar con la misma meticulosidad técnica con la que corría las bases de joven o lanzaba la bola hacia el home", escribe.
También es solidario. Se sabe que en una oportunidad cobró su sueldo en el banco y compró 20 guantes de sóftbol en Danlow Sport para repartirlos entre los chiquilines que entrenaba en su barrio. Y que el día que se despidió de la actividad bancaria regaló decenas de camisas, corbatas y varios trajes. "Nunca más usé camisas… remera y jeans", se ríe.
Los agasajos que ya son tradición
Desde hace años, Chaves organiza cenas para agasajar a deportistas, colegas y amigos. La iniciativa acumula 20 ediciones. Empezó en el Círculo de Ajedrez, pasó por los salones del Sindicato de Gráficos y del Centro Empleados de Comercio, siguió en Luz y Fuerza, luego en Telecomunicaciones y ahora en UPCN. En el último encuentro reunió a un centenar de asistentes. "Tenía una logística para 40 personas y ahora, gracias al acompañamiento de mi amigo Jorge Lezcano, pudimos elevar la cuenta al doble", destaca.
El año pasado, durante el Campeonato Panamericano de Sóftbol en el estadio Arnaldo Gómez, un colaborador de la organización intentó prohibirle el acceso a un sector de la cancha mientras sacaba fotos para su diario digital. Vega lo cuenta con bronca: "Están quienes no parecen comprender que antes del maravilloso y laureado presente de nuestros seleccionados nacionales hubo pioneros de carne y hueso. Uno ha sido Mario Humberto Chaves".
Chaves tampoco elude la actualidad. "Si quienes nos gobiernan no atienden el preámbulo de la Constitución que establece explícitamente el mandato de 'promover el bienestar general' están desenfocados y perdidos", dice. Y completa: "Hoy nos gobierna un insultador serial e inhumano… basta con puntualizar sobre las reducciones presupuestarias en Salud, Universidades, Discapacidad y tantos otros. Se necesita gente con empatía hacia los que menos tienen".
El Negro sigue yendo religiosamente a cada cancha, concentrado en su programa radial y en Deportes Capital. Para Vega, se ha ganado el derecho indiscutido a ser respetado como una leyenda del deporte pampeano. "Porque una comunidad sin memoria es tan triste como un estadio vacío en una tarde de domingo", cierra.