El hombre que iluminó Santa Rosa: Roque Pisa, un héroe silencioso del Teatro Español
Roque Pisa, de 88 años, fue el hombre que instaló el primer semáforo de Santa Rosa y revolucionó la técnica teatral. Su historia, marcada por la música, la dictadura y una vocación de servicio única, es un homenaje a los héroes anónimos. ¿Qué secreto esconde su paso por el Teatro Español?
Detrás de cada telón que sube y de cada luz que se enciende en el Teatro Español de Santa Rosa, hay una historia de esfuerzo y pasión que pocos conocen. Roque Vicente Pisa, un ex empleado municipal de 88 años, es el artífice de gran parte de la magia que se vive en ese escenario, y su legado va mucho más allá: fue el responsable de instalar el primer semáforo de la ciudad y de alumbrar plazas y estadios con una inventiva digna de admiración.
Su historia, marcada por la música, la electricidad y una vocación de servicio inquebrantable, merece ser contada. Desde su llegada a La Pampa en los años 60, huyendo del horror del bombardeo a Plaza de Mayo en 1955, Roque construyó una vida intensa que lo convirtió en un pilar de la comunidad, aunque nunca buscó reconocimiento.
Un trabajador incansable que llegó de Buenos Aires
Nacido en el barrio porteño de Parque Patricios, Roque apenas cursó el primer año de la secundaria en la escuela Otto Krause antes de empezar a trabajar en una fábrica de heladeras. La música ya era su gran pasión, pero fue el trágico episodio del 15 de junio de 1955, cuando vio caer las bombas sobre la Plaza de Mayo, lo que lo decidió a buscar un lugar más tranquilo para vivir.
“Pasaron 50 años hasta que volvimos a encontrarnos… José se había ido a vivir en Comodoro Rivadavia y yo me vine a Santa Rosa”, recordó sobre su hermano, con quien compartió aquel momento traumático. Su primer trabajo en la ciudad fue en la carpintería de Anselmo Rodríguez, pero pronto ingresó a la Municipalidad, donde comenzó una carrera multifacética que duraría 45 años.
El primer semáforo y la electricidad como sello
En la década del 60, la comuna funcionaba “casi como una sociedad de fomento”, según recuerda Roque. Empezó haciendo cajones para sepelios, pero luego aprendió el oficio de electricista con Marcelo Tubán y se convirtió en el hombre clave para el alumbrado público. Fue así que instaló el primer semáforo de Santa Rosa, en la Avenida San Martín y Avellaneda, frente al Banco Nación.
“Me tocó tomar contacto con una empresa que llegó de Mar del Plata y ahí aprendí cómo se hacía”, explicó. Su trabajo no se limitó a la capital pampeana: también iluminó las plazas de Trenel, Guatraché y Telén, se hizo cargo del Estadio Municipal y de la cancha de All Boys, y hasta de los fuegos artificiales en las fiestas populares.
El genio técnico del Teatro Español
Su destino en el municipio cambió cuando fue destinado al Teatro Español, bajo la dirección del doctor Barni. Allí, Roque desplegó toda su creatividad: colocó el telón que aún se usa, cambió las butacas y las bambalinas, y resolvió problemas técnicos con soluciones ingeniosas.
Un reconocido director teatral de General Pico lo recuerda como “un genio de la técnica”. En los años 80, durante un campamento teatral en Trenel, Roque se las ingenió para crear un sistema de regulación de luz con caños de fibrocemento, agua y sal, cuando no existían los equipos dimmer. “¡Un genio! El teatro independiente nunca le hizo un homenaje”, lamentó.
La música y el amor, dos pasiones que se cruzaron
Paralelamente a su trabajo municipal, Roque desarrolló una carrera musical como baterista. Integró el grupo Los Americanos, con el que animaba bailes en el Águila (hoy La Recova) y en los pueblos. También tocó con las orquestas de José Cambareri y Alfredo Parasacco, y fue parte del grupo Kentucky, con el que llegó a La Pampa.
Fue en un baile en Thames donde conoció a Aurora, su esposa desde hace más de 40 años. La historia tiene un condimento especial: ella lo vio tocar años después en Macachín, y aunque él estaba en el escenario, “apareció al lado mío”, recuerda Aurora entre risas. “¡Al diablo los palillos!”, les digo, y los dos ríen.
La oscuridad de la dictadura
Pero no todo fue luz en la vida de Roque. Durante la última dictadura militar, fue uno de los prescindidos de la Municipalidad, junto a Julio Braile y otros. Un episodio en 1978, cuando un apagón en la cancha de All Boys desató la furia del interventor militar Gustavo Von Borowski, lo puso en la mira.
Tras negarse a dejar solo el teatro, el capitán lo amenazó con una pistola. La persecución se volvió insostenible, y Roque tuvo que esconderse primero en el propio Teatro Español y luego exiliarse en Thames, en el campo de la familia de Aurora, durante seis años. Recién con el regreso de la democracia pudo volver a trabajar.
Un legado que perdura
Hoy, Roque disfruta de su enorme familia: 16 nietos y 17 bisnietos. Su hija Viviana trabaja en el Teatro Español, y cuando lo visita, los empleados actuales lo saludan con respeto. Aunque nunca buscó honores, el reconocimiento está en el cariño de quienes lo conocieron y en la ciudad que él ayudó a iluminar.
“El teatro independiente le debe un homenaje”, dice Mario Vega en su crónica. Pero quizás el mejor homenaje sea recordar que, como él, hay hombres que hacen mucho en silencio, y que su obra perdura en cada rincón de Santa Rosa.