El hombre que siempre ríe volvió a moverse: ¿Qué busca realmente en las sombras de la política tucumana?
Cuando el senador se mueve, nadie lo toma como un gesto inocente. ¿Qué estrategia oculta detrás de sus viajes y reuniones discretas? Los detalles que revelan una partida que recién comienza.
Un silencio que habla más que mil palabras se rompió en la política tucumana, y sus ecos ya resuenan en cada pasillo del poder. Juan Manzur, el senador y ex gobernador, ha reactivado su agenda con una intensidad que sus pares no interpretan como casual. Viajes, reuniones discretas y sonrisas calculadas marcan su regreso a la escena, en lo que parece ser el primer movimiento de una partida que recién comienza. El tablero se prepara para 2027, cuando la provincia renueve todos sus cargos, y cada gesto adquiere un peso estratégico.
El calendario electoral es el motor detrás de esta reactivación. Entre mayo y junio de 2027, Tucumán volverá a las urnas en unos comicios que, aunque parezcan lejanos, ya encendieron el reloj interno de la clase política. Un paréntesis por el Mundial de fútbol en Estados Unidos y las vacaciones de invierno apenas interrumpirá la cuenta regresiva. Osvaldo Jaldo, el actual gobernador, lo sabe bien: esta semana ante Los Primeros (Canal 10) se declaró “habilitado” para buscar la reelección, aunque aclaró que aún no tomó la decisión final. Una jugada maestra para mantener expectativas y controlar a aliados y rivales por igual.
¿Una fórmula bajo presión o una alianza inquebrantable?
Miguel Acevedo, el vicegobernador, no quiso quedar fuera de este escenario de movimientos. En una declaración clara y sin ambages en LG Play, reafirmó su alineamiento con Jaldo y expresó su deseo de repetir la fórmula. “Somos una fórmula”, sentenció, en un intento por sellar cualquier fisura antes de que aparezca. Este mensaje, sin embargo, tiene un destinatario claro más allá de Jaldo: Juan Manzur, su ex jefe político. En los pasillos de la Cámara circula la versión de que Acevedo viene tomando distancia del senador, al considerar que no es momento de priorizar la política por sobre la gestión.
Pero la armonía institucional en Tucumán siempre convive con la desconfianza. Mientras Acevedo muestra cohesión, en la Casa de Gobierno algunos comenzaron a tomar nota -y distancia- de sus movimientos. El entorno del ministro del Interior, Darío Monteros, prestó especial atención a sus declaraciones y gestos. La política local rara vez acepta relatos lineales, y cada palabra se analiza al milímetro.
El juego de las sombras: ¿Quién responde al llamado?
Manzur, desde el silencio, pretende aprovechar esas grietas. El ex gobernador buscó acercamientos con Acevedo, con intendentes y con legisladores, pero por ahora no encontró la recepción esperada. No se trata de un rechazo explícito, sino de un “todavía no” sofisticado. Varios de esos dirigentes incluso alertaron haber recibido llamadas del teléfono del ministro del Interior, convertido en “El Comisario” de “El Comisario Jaldo”. Ninguno de los que rechazó la invitación a la casona de Yerba Buena quiere quedar pegado en la interna, por eso dieron aviso de los contactos.
¿Por qué reapareció ahora Manzur? Quienes conversaron con él aseguran que está activo, optimista y hasta entusiasmado. En su entorno repite que “este es su año” y agrega una variable externa que considera crucial: el escenario internacional. Sus frecuentes viajes a Estados Unidos, sus reuniones con senadores opositores a Donald Trump y su expectativa de un cambio de viento político en ese país (que tiene legislativas en noviembre) forman parte de su narrativa. Cree -o dice creer- que ese giro podría fortalecerlo.
Preocupaciones, advertencias y jugadas osadas
En paralelo, Manzur instala otra idea: su preocupación por Jaldo. No es un cuestionamiento frontal, al menos por ahora. Habla de la cercanía del gobernador con Javier Milei, del contexto económico y social, y de los riesgos de ese alineamiento. En esa línea discursiva hay una diagonal que lo vuelve a unir con el diputado Pablo Yedlin, quien ya anticipó que en 2027 no aceptará una alianza con el jaldismo mientras no se respete la postura de oposición a La Libertad Avanza.
Pero la jugada más osada que desliza Manzur es otra. El senador asegura ante los íntimos que la reelección de Jaldo podría ser frenada en la Justicia y que eso reconfiguraría todo el tablero, abriendo el juego político. Quizá se trate más de un anhelo o de un deja vu de lo que padeció en carne propia en 2023, cuando debió correrse de la fórmula por decisión de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Contra esa versión, Jaldo repite que está habilitado constitucionalmente.
Disciplina, orden y el arte de la paciencia
Frente a estas movidas, Jaldo ratifica que puede buscar un nuevo mandato y le baja el tono a las versiones. Insiste en que no es tiempo de candidaturas y que la prioridad es la gestión en un contexto difícil. Es un mensaje hacia adentro del peronismo, pidiendo disciplina, orden y paciencia. Pero también es una advertencia hacia afuera: el que se apura, se expone.
Acevedo, en esa lógica, juega a consolidarse. Su última declaración no es solo un gesto de lealtad; es también una forma de posicionarse como parte de la continuidad. Si Jaldo decide ir por la reelección, él quiere estar ahí. A pesar del cerrojo presupuestario impuesto desde la Casa de Gobierno, el vicegobernador se siente muy cómodo al frente del Poder Legislativo.
Manzur, en cambio, enrostra contactos internacionales y una confianza que, para algunos, roza la sobreestimación. Pero en política, la percepción también construye poder y a eso se aferra el senador. En particular, porque en 2027 las elecciones permitirán la renovación de todos los cargos públicos: comunas, concejos deliberantes, intendencias, Legislatura, diputados, senadores y el premio mayor: la fórmula de gobernador y vice. Es decir, teóricamente puede haber lugar para todos.
Las cuentas pendientes y el clima que se avecina
Hay otra cruz con la que carga el también ex ministro de Salud de Cristina Fernández de Kirchner. En el peronismo que le seguía no le perdonan que haya “hecho la planchita” tras la asunción de Jaldo. Esa ausencia en estos dos años, además de haber acordado en las legislativas de 2025 sin respetar el clamor del peronismo no mileísta, le juega en contra. Ya son pocos los que le creen.
Como se ve, Tucumán intenta dejar atrás los meses de una gestión signada por la urgencia de las inundaciones para entrar lentamente en el clima electoral. En especial el peronismo, que de a poco empieza a ordenar su interna con una salvedad: ya no sobra nadie, como admitió Jaldo en el almuerzo de marzo con los legisladores. El tablero está servido, las piezas se mueven y cada jugador sabe que un error puede costarle el juego entero.