El hotel patagónico que esconde un siglo de historia y ahora conquista la nieve
¿Sabías que el primer hotel de la Patagonia nació como una pensión en 1918? Hoy combina historia, lujo y aventura en la nieve. Descubrí sus secretos.
En el corazón del Parque Nacional Nahuel Huapi, donde el río Correntoso se encuentra con el lago, se alza un emblema de la hotelería argentina. El primer hotel de la Patagonia promete una experiencia que fusiona lujo, aventura y más de cien años de historias.
Los viajeros que cruzan sus puertas no solo buscan un lugar para dormir; quieren ser parte de una leyenda que nació en 1918 como una humilde pensión. Aquella visión pionera de Primo Capraro, quien regenteaba un almacén de ramos generales para abastecer a los que llegaban en el vapor El Cóndor, se transformó en el majestuoso Correntoso Lake and River Hotel.
¿Cómo nació el hotel que desafió a la Patagonia?
Diana Moschini, gerente general del establecimiento, recuerda que los primeros viajes eran solo en verano por lo inhóspito del terreno. Los visitantes, cautivados por la belleza del paisaje, comenzaron a pedir alojamiento. Así surgió la pensión de Doña Rosa, esposa de Capraro, que con el tiempo se convertiría en el hotel actual.
En la década de 1940, el edificio de estilo alpino, diseñado por un arquitecto amigo de Capraro, le dio su identidad definitiva. Desde entonces, el hotel se consolidó como un referente de la hospitalidad patagónica y un testigo privilegiado del crecimiento de Villa La Angostura.
¿Qué hace único a este rincón de la cordillera?
Su ubicación es, sin dudas, su mayor tesoro. Emplazado entre el río Correntoso, el lago Nahuel Huapi y la Cordillera de los Andes, ofrece un entorno natural incomparable. Moschini aclara que el paraje originalmente se llamaba “Paraje Correntoso”, mucho antes de que existiera la localidad de Villa La Angostura.
El hotel es el segundo más antiguo de Argentina y su propuesta se basa en tres pilares: hospitalidad, gastronomía y aventura. Los huéspedes disfrutan de una atención personalizada y de una cocina que rinde homenaje a los sabores regionales.
La aventura como tradición
Ya en tiempos de Capraro, los visitantes cruzaban el lago hacia el Cerro Dormilón. Se izaba una bandera blanca en el mástil para avisar a los pobladores del Brazo Machete que llegarían visitantes, quienes eran recibidos con caballos para cabalgatas. Esa esencia sigue viva: hoy se ofrecen senderos, navegación y experiencias auténticas.
En invierno, el hotel se convierte en la base perfecta para los amantes del esquí. Un traslado privado lleva a los huéspedes al Cerro Bayo, y a su regreso los espera un chocolate caliente. El servicio de conserje “Snowman” se encarga de coordinar clases, reservas y cualquier necesidad en tiempo real.
Para las familias, el Kids Club ofrece actividades recreativas con profesionales. Pero la nieve no es todo: también hay caminatas con raquetas, cabalgatas y pesca. Entre los trekkings más populares está la Reserva Natural El Totoral, un bosque nativo de más de 200 hectáreas que el hotel protege.
Dentro del establecimiento, se organizan clases de yoga, degustaciones de vinos guiadas por el sommelier, talleres de coctelería y pintura en vivo con artistas locales. La cultura y el relax se integran en un entorno único.
El hotel atrae especialmente a visitantes extranjeros. En verano predominan europeos y norteamericanos; en invierno, brasileños, uruguayos, chilenos y argentinos de distintas provincias. Muchos regresan año tras año y reciben promociones especiales por su fidelidad.
“Nuestro visitante valora las experiencias auténticas, el contacto con la naturaleza y un concepto de lujo asociado a la tranquilidad y la calidez humana”, describe Moschini. Para ella, el hotel no solo ofrece descanso, sino la posibilidad de vivir la Patagonia desde un sitio con más de un siglo de historia.