El ídolo que volvió a casa: el gesto del "Pulga" Rodríguez que emocionó a todo Tucumán
El estadio José Fierro se preparó durante días para una noche que nadie quería que llegara. Cuando el "Pulga" Rodríguez tomó el micrófono, miles de hinchas contuvieron la respiración. Lo que dijo después quedó grabado a fuego.
El estadio José Fierro se vistió de fiesta para despedir a su máximo ídolo contemporáneo: Luis Miguel Rodríguez volvió a pisar el césped, convirtió goles, se trepó al alambrado y dejó una frase que quedará grabada a fuego. La noche mezcló la emoción del homenaje con los festejos por los 124 años de Atlético Tucumán.
Todo ocurrió en 25 de Mayo y Chile. El Monumental se preparó durante días para una cita que nadie quería que llegara: la despedida del "Pulga". Banderas, murales y recuerdos invadieron cada rincón del estadio. La expectativa era enorme y el escenario quedó a la altura de las circunstancias.
El reencuentro con los héroes de 2008 y 2015
Antes de que rodara la pelota, desfilaron viejos conocidos. Javier "Satanás" Páez, Claudio "Cape" Sarría, Martín "Vikingo" Granero, Sebastián Longo, César Montiglio y Juan Pablo Pereyra volvieron a pisar la gramática. Buena parte de aquel equipo de 2008 que logró un ascenso inolvidable se juntó otra vez sobre el verde césped.
La emoción se repitió con los protagonistas de la gesta de 2015: Leandro González, Emanuel "Mago" Molina, Pablo Cáceres y Nery Leyes. Ese grupo consiguió otro ascenso memorable y armó la base que después llevaría al club a la Copa Libertadores. Verlos asociarse de nuevo, tocar de primera y buscar al "Pulga" en cada pase fue como retroceder en el tiempo.
Lágrimas en el cemento y una promesa de amor eterno
Cuando Luis Miguel Rodríguez tomó el micrófono, el estadio se quedó en silencio. Con la sencillez de siempre, les habló a los miles de hinchas que colmaron las tribunas:
"El hincha de Atlético tiene un corazón enorme. Fuimos tan pero tan felices en este campo de juego. Siempre voy a ser hincha de Atlético. Es la camiseta que amo, me dio muchas alegrías. Digo pocas palabras, pero los amo, Atlético Tucumán".
La emoción fue total. Hasta el propio estadio, metafóricamente, pareció quebrarse.
La magia del potrero de Simoca y los goles de siempre
Después empezó el fútbol. Y con la pelota en los pies, el "Pulga" desplegó todo su repertorio: la cintura endiablada, los toques de primera, las pisadas de potrero, la picardía criolla. Convirtió su primer gol de la noche y corrió descontrolado hacia el alambrado para treparse, por fin, de cara a su gente, tal como tantas veces había soñado.
Más tarde llegó un penal y apareció otra marca registrada: ese pequeño saltito previo al impacto antes de descolocar al arquero. Cada jugada traía a la memoria los goles decisivos del ascenso, la consolidación en Primera, las noches de Copa Libertadores, el gol antológico contra El Nacional en Ecuador y aquella picadita magistral a Augusto Batalla frente a Tigre.
Despedida y cumpleaños 124, todo en una misma noche
Apenas terminó el homenaje, sin respiro para asimilar tanta emoción, comenzaron los festejos oficiales por los 124 años del club. Primero la despedida en andas; inmediatamente después, el aniversario de la institución. Sonaron las melodías, se encendieron las luces, el cielo tucumano se iluminó con fuegos artificiales y miles de familias celebraron unidas.
No hubo división entre un acontecimiento y el otro, porque ambas historias son inseparables. El nombre del "Pulga" ya está grabado a fuego en el escudo decano. Más que un adiós definitivo, la noche se sintió como una forma de honrar todo lo que hizo para que esta casa fuera cada día más gigante.
Gracias infinitas, "Pulga". Acá siempre vas a tener las puertas abiertas, porque esta fue, es y seguirá siendo tu casa por siempre.