El infectólogo Hugo Pizzi reveló por qué el Ébola no llegaría a la Argentina
Una cepa sin vacuna, miles de muertos y un brote que no se detiene: el infectólogo cordobés Hugo Pizzi explicó por qué, pese a la alarma mundial, el Ébola tiene las horas contadas para llegar al país. Su mensaje, sin embargo, incluye una advertencia que pocos esperaban.
El virus del Ébola volvió a encender las alarmas internacionales con una nueva cepa, la Bundibugyo, para la que no existe vacuna ni tratamiento específico aprobado. El brote sigue activo en la República Democrática del Congo y ya dejó miles de muertos. En diálogo con este medio, el infectólogo cordobés Hugo Pizzi analizó el escenario y llevó tranquilidad sobre el riesgo local.
Una variante sin herramientas específicas
Pizzi explicó que lo que distingue a este brote es la falta de recursos médicos específicos. “No existen vacunas actuales para este Bundibugyo, pero no hay dudas de que ya se está probando una”, señaló. Según detalló, el personal sanitario que trabaja en las zonas afectadas participa de una experiencia con una vacuna modificada a partir de desarrollos anteriores. “Veremos en los próximos días si dio o no dio resultado. Eso sería una gran noticia”, sostuvo.
La magnitud del brote explica la preocupación mundial. Al 7 de septiembre, la República Democrática del Congo acumulaba 6.757 casos confirmados y 3.267 fallecidos, con una letalidad cercana al 48%. Uganda, que también había registrado casos vinculados, logró declarar el fin de la transmisión después de 42 días sin nuevos contagios.
Un escenario complejo en África Central
Para Pizzi, el problema sanitario se agrava por las condiciones sociales y políticas de las regiones afectadas. “Se está trabajando con muchas dificultades porque hay tropas rebeldes, hay gente que huye, hay gente que tiene mucho temor y también se escapa, inclusive gente de distintos sanitarios”, describió.
Sin embargo, el especialista remarcó que la respuesta ya no parte del mismo nivel de conocimiento que en los primeros brotes. Durante décadas se aprendió cómo actuar frente a una enfermedad “cuya transmisión está fuertemente asociada al contacto con fluidos corporales de personas infectadas y con los cuerpos de quienes fallecen”. “Hay conocimientos que antes no había”, resumió.
Entre esos aprendizajes, Pizzi destacó el manejo de los cuerpos durante los funerales. “El contacto con cadáveres infectados puede favorecer la transmisión, por lo que las autoridades sanitarias insisten en procedimientos seguros para su manipulación y entierro”, dijo.
Pocas posibilidades para la Argentina
Frente a la preocupación por la circulación internacional de personas, Pizzi buscó llevar tranquilidad respecto del país. “Las posibilidades de que llegue a Argentina son remotas, casi nulas”, afirmó.
El infectólogo explicó que existe una alarma sanitaria internacional y que los sistemas de vigilancia permiten detectar y aislar a personas que presenten síntomas compatibles después de haber estado en zonas afectadas. “Toda persona que venga y que diga: ‘Vengo de África’ y tiene cuadros febriles, es aislado y no se reintegra hasta que no tenga la seguridad de que la persona no sea un portador”, detalló.
Pizzi recordó además que los distintos brotes de Ébola de las últimas décadas nunca produjeron una transmisión sostenida en la Argentina. Ese antecedente, sumado a los actuales mecanismos de vigilancia, permite mantener una mirada prudente. “No hay que dejar de estar atentos”, parece ser su mensaje de fondo, pero tampoco trasladar a la vida cotidiana argentina una emergencia que permanece concentrada principalmente en África Central.
La experiencia argentina que vale la pena recordar
En ese contexto, Pizzi considera especialmente valioso un antecedente sanitario local: la experiencia argentina frente a la fiebre hemorrágica argentina, conocida como “mal de los rastrojos”. El desarrollo del tratamiento con plasma de personas que habían superado la enfermedad fue uno de los grandes avances frente al virus Junín. Aquella experiencia, desarrollada fundamentalmente desde el Instituto Maiztegui y de la que Pizzi formó parte de manera directa, demostró el valor de los tratamientos basados en el conocimiento acumulado durante los brotes.
Para el infectólogo, esa historia vuelve a cobrar relevancia cuando el mundo enfrenta una enfermedad para la que todavía se buscan herramientas específicas. La situación actual combina una epidemia de gran magnitud con dificultades concretas para su control, pero también con algo que no existía en los primeros brotes: experiencia, vigilancia internacional y conocimiento acumulado.
Por eso, frente al temor que genera el nombre Ébola, el mensaje del cordobés es claro: “Hay que seguir muy de cerca lo que sucede en África, pero el riesgo para la Argentina sigue siendo extremadamente bajo”.