El ingenio argentino que desafía al mundo: la revolución tecnológica que nace en el campo y ya conquista 35 países
Desde Córdoba hasta el mundo: cómo un puñado de empresas argentinas está creando tecnología agroindustrial que no existe en ningún otro lugar y ya se vende en 35 países. El secreto detrás de las medallas de oro.
En medio de un panorama complejo para la producción nacional, tres historias de innovación demostraron que el talento argentino puede crear tecnología competitiva a nivel global. Sus desarrollos, premiados en Expoagro, están cambiando las reglas del juego.
El Premio Ternium Expoagro a la Innovación Agroindustrial volvió a poner el foco en soluciones que combinan conocimiento, educación y tecnología para mejorar la producción de alimentos. No se trata de ideas abstractas, sino de herramientas concretas que ya están en el mercado.

¿Cómo se mide la excelencia de un grano?
Para Guillermo Pensotti, CEO de Computing Management, el premio representa una validación crucial. “La verdad que es un honor, es un orgullo y realmente es una validación de que el camino es por acá, de que hay que innovar y de que el ingenio argentino es inagotable”, señaló.
Su empresa desarrolló una máquina que analiza visualmente la calidad de granos y semillas usando cámaras e inteligencia artificial. El sistema digitaliza un proceso manual, evaluando defectos según normas internacionales y eliminando la subjetividad humana.
Fundada en 1994, la compañía evolucionó hacia la agrotecnología y hoy tiene un alcance impresionante. “Hoy estamos exportando el 70% de lo que producimos y tenemos clientes en 35 países”, destacó Pensotti. Sin embargo, advierte que el camino no es fácil: “La innovación es como tratar de andar en bicicleta en la calle de San Francisco: en algún momento va de bajada, pero en otro hay que pedalear”.

Una solución cordobesa para un problema global
Otra de las historias premiadas nació en Córdoba. Juan Cenzon, creador de Drops Agro, explicó el origen de su tecnología para analizar la distribución de gotas en pulverizaciones agrícolas. “No existía ninguna herramienta para saber cómo se está aplicando realmente cada gota de una pulverización”, afirmó.
Se trata de una pyme con un equipo reducido pero una ambición descomunal. “Somos una empresa chica, pero hemos creado una tecnología que no existía en el mundo y la hicimos en Argentina”, destacó Cenzon. Su próximo objetivo es claro: exportar y seguir desarrollando.
Para él, es vital defender la industria local. “Creo que deberíamos cuidar nuestra manufactura, porque eso después se pierde con los años”, sostuvo.

70 años de historia y la innovación en el ADN
La tercera medalla fue para Crucianelli, una empresa con siete décadas de trayectoria. Su CEO, Gustavo Crucianelli, remarcó que la innovación es parte fundamental de su identidad. “Innovamos como hacemos desde hace 70 años, no solo en procesos productivos sino también en productos”, explicó.
El desarrollo premiado mejora la eficiencia en la aplicación de fertilizantes mediante un sistema electrónico que optimiza velocidad, precisión y uso de insumos. Para Crucianelli, el desafío del sector es doble: “Hay que producir más alimentos, pero con mucho cuidado del medio ambiente”.
Frente a una creciente población mundial y la necesidad de seguridad alimentaria, el agro argentino se posiciona como un campo de batalla crucial. Y en esa lucha, la educación, el conocimiento y la tecnología aparecen como las armas más poderosas.

Las medallas de oro entregadas en Expoagro reflejan una Argentina que apuesta por el talento joven y la capacidad de innovar en un sector clave. Tecnologías basadas en robótica, inteligencia artificial y análisis de datos están redefiniendo la maquinaria agrícola, obligando a repensar costos y productividad.
En un escenario donde la competencia internacional es feroz, estos desarrollos muestran que el ingenio local no solo resiste, sino que se proyecta al mundo. El futuro del agro pasa, inevitablemente, por seguir pedaleando en las subidas con ideas que nacen en el interior del país.