El insólito método de las 'cabras Judas' que salvó a las tortugas de Galápagos

¿Sabías que unas cabras estuvieron a punto de destruir un ecosistema único? El increíble plan que usó 'traidores' para salvar a las tortugas gigantes.

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El insólito método de las 'cabras Judas' que salvó a las tortugas de Galápagos
El insólito método de las 'cabras Judas' que salvó a las tortugas de Galápagos

Un ambicioso plan ecológico, que demandó más de una década de trabajo y una inversión millonaria, logró revertir el daño causado por un invasor inesperado. La población de tortugas jóvenes se quintuplicó tras la eliminación de más de 140.000 cabras en las islas Galápagos.

Las cabras llegaron al archipiélago en el siglo XIX, traídas por colonos y balleneros. Lo que parecía inofensivo se convirtió en una pesadilla ambiental: su voraz apetito devastó la vegetación, erosionó el suelo y dejó sin alimento a las especies nativas, en especial a las emblemáticas tortugas gigantes.

¿Cómo eliminaron a las cabras?

El operativo, bautizado como Proyecto Isabela, comenzó en 1997 y contó con un presupuesto superior a los 10,5 millones de dólares. Los equipos de especialistas recurrieron a distintas estrategias: cazadores terrestres con perros, operativos aéreos desde helicópteros y una técnica que llamó la atención por su ingenio.

Se trató de las llamadas “cabras Judas”, ejemplares esterilizados a los que se les colocó un localizador. Estos animales, al ser liberados, se mezclaban con las manadas salvajes y delataban su ubicación, permitiendo a los cazadores encontrar y eliminar a los grupos que permanecían ocultos.

El método fue tan efectivo que solo en el norte de la isla Isabela se eliminaron más de 62.000 cabras en dos años. En total, el proyecto superó las 140.000 cabras erradicadas.

¿Qué pasó con las tortugas tras la erradicación?

Los resultados no tardaron en verse. En el volcán Alcedo, la proporción de tortugas jóvenes pasó del 5% entre 1995 y 1999 a un 24% entre 2000 y 2005, un incremento de casi cinco veces.

Los investigadores también notaron mejoras en el crecimiento y la condición física de estos animales. En contraste, en la isla Santa Cruz, donde las cabras no fueron retiradas durante ese período, la población de juveniles no mostró cambios significativos.

Además, la vegetación comenzó a recuperarse: árboles, arbustos y cactus que habían sido diezmados volvieron a florecer, devolviendo el equilibrio al ecosistema.

El caso de Galápagos se ha convertido en un ejemplo mundial de cómo la intervención humana, bien planificada, puede reparar el daño causado por especies invasoras.

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