El insólito motivo por el que Juan José Becerra asegura que no es escritor
¿Qué lleva a un autor consagrado a negar su oficio? La respuesta de Juan José Becerra en esta entrevista exclusiva te va a dejar pensando. Conocé su teoría sobre el lenguaje y la creación.
En una entrevista íntima en el estudio de EL DIA, el autor de "Amor" y "Un hombre y dos mujeres" dejó una revelación que desconcierta: "No hay escritores. Y hay una explicación: tiene que ver con vivir". ¿Qué quiso decir realmente?
Agosto de 2026. Juan José Becerra, nacido en Junín, se sienta frente a las cámaras y suelta una frase que descoloca: "Creo que no tiene ninguna importancia el acto de escribir. Ni siquiera para el que lo hace. Solo lo es en el sentido del entretenimiento y justamente en el sentido más infantil que se pueda tener". El autor de novelas como Santo (1994), Patriotas (2009) y ¡Felicidades! (2019) pasó casi media hora dialogando sobre su concepción de la escritura, su vínculo casi metafísico con el lenguaje y cómo construye las voces de sus personajes.
"Tiene que ver con vivir"
Becerra fue contundente al explicar por qué no se considera escritor: "Soy una persona que escribe durante un tiempo del día. Es que es la única distinción con una persona común. Una persona que escribe es una persona común que durante algunas horas de su día se sienta y escribe". Una definición que parece restarle importancia al oficio, pero que en realidad revela una relación casi orgánica con la escritura.
El autor analizó el carácter artificial del lenguaje: "Escribir es un hecho totalmente artificial por el instrumento que se utiliza, que es el lenguaje. Las modalidades con las que se lo administra son artificios. No hay nada de natural ahí. Sin embargo, está naturalizado el hecho de que escribir es una naturaleza para el que lo hace".
¿Cómo se convierte una actividad en algo inherente al ser? Para Becerra, la respuesta está en el deseo: "Yo no digo mañana me tengo que poner a escribir. No son actos de la voluntad sino del deseo. Podría decir que es el deseo más puro porque es el que más se sostuvo de todos los que he tenido y los que tengo a lo largo de los años. No hay nada en lo que pensar, no hay preparativos, es simplemente me levanto y me pongo a escribir".
Reconoció haber tenido crisis de fe, pero fueron breves: "Escribir me produce un efecto similar a la felicidad. Pero hay una prestación en la escritura que se parece mucho a vivir. Otra cosa, digamos, otro tipo de experiencias que incluso la vida no te da. Entonces, lo veo más por el lado de la felicidad que es como un patrimonio infantil. O sea, estás escribiendo, cuando la gente responsable está haciendo cosas más importantes", dijo entre risas.
Lejos del marco
Becerra también habló sobre sus obras más recientes. "Amor", publicada en 2023, plantea el amor dentro de 100 años, pero el autor reveló que originalmente se iba a llamar "Otra historia de amor". Algo similar ocurre con "Un hombre y dos mujeres": dos libros que comparten un mismo universo. "Ante la posibilidad de juntar dos novelas cortas, lo que hice fue imaginar que cada libro tiene su propia cadena de sucesos, como los tiene la vida, que es últimamente mi yacimiento para escribir", explicó.
El escritor atribuyó este desborde a la "volatilidad del lenguaje" y a su anhelo de "satisfacer el acto de hablar". En sus palabras: "Sobre el desborde del lenguaje, cuando vos escribís, hay un control más estricto. Cuando escribo, anhelo el acto de hablar. Y es por la suciedad que tiene. Hay algo de la vida del lenguaje que tiene más vitalidad cuando uno habla que cuando uno escribe".
Para combatir esa rigidez, Becerra prefiere ceder la voz a sus personajes: "Cuando el narrador se replegaba y concedía la voz que estaba sosteniendo a un tercero, por ejemplo a un personaje, y este empezaba a hablar con un régimen propio del personaje y no del narrador, hay una libertad que el narrador no tiene cuando ejerce su supuesta autoridad". Y agregó: "Para mí es preferible a veces dejar correr la voz de un personaje que imagino que tiene la voz de alguien o de algunas personas".
Esa mezcla de niveles es inevitable: "El narrador se mezcla con el escritor, este con el personaje, los niveles se van filtrando y queda una situación de escritura donde el narrador es un poco el escritor, un poco el personaje, un poco el que cuenta la historia en nombre de los dos. Es mestizaje, es muy propio del acto de escribir".
Finalmente, sobre la realidad en su pluma, el oriundo de Junín fue claro: "Tengo un vínculo con la realidad: con la mía. Cada persona tiene una especificidad. Todos tienen una particularidad. Uno la puede usar para escribir porque es lo que te gusta, que el tiempo corra así". Y cerró: "Sin embargo, no hay una superioridad en la percepción artística. Simplemente es así".