El investigador del Conicet que va cada temporada a la Antártida y revela qué se juega la Argentina en el continente blanco
Cada temporada viaja a la Antártida para conservar refugios históricos del siglo XX. Ahora, entre montañas de hielo y permafrost que se derrite, revela por qué la ciencia es la mejor arma de la soberanía argentina.
Pablo Fontana, investigador del Conicet y del Instituto Antártico Argentino, asegura que la presencia argentina en la Antártida “es una cuestión de soberanía” y que la ciencia es la herramienta clave para defender ese territorio. El especialista dialogó con RÍO NEGRO en el marco del aniversario del Museo de Malvinas en Bariloche.
Fontana, que vive en Ushuaia y trabaja como coordinador de Relaciones Internacionales de la Universidad de Tierra del Fuego, viaja a la Antártida desde 2015. Su misión: conservar las construcciones de las islas Orcadas y del cerro Nevado, que fueron bases científicas a principios del siglo XX y hoy son patrimonio histórico del país.
“La pugna antártica” y un período clave
Su libro “La pugna antártica” recorre el segundo período de llegada de la Argentina al continente, entre 1939 y 1959. “Fueron un período donde Argentina se plantó frente a potencias como el imperio británico, y le fue muy bien”, explicó Fontana, convencido de que se trata de un hito histórico: “Es como si nadie supiera sobre el partido de Maradona en el 86’”.
En esa década se estableció la base Melchior, comenzaron las campañas de verano y se realizó el primer vuelo argentino sobre la región, hechos que marcaron la presencia permanente previa al Tratado Antártico de 1959. “Fue ahí cuando la ciencia adquirió una dimensión política muy clara”, sostuvo.
El historiador destacó que “uno de los grandes valores del tratado es la cooperación internacional, al evitar que ciertos intereses de los Estados no se manifiesten en guerras sino en una competencia de tratar de ser los que mejor cuidan y mejor estudian la Antártida”.
La ciencia como protección de los recursos
Fontana puso como ejemplo la convención que regula la pesca de krill y otros peces de la zona. “Las cuotas se fijan según las investigaciones científicas sobre cómo afecta la pesca al ecosistema. Esa es una relación directa de todos los años entre la ciencia, la protección del medioambiente y la administración de los recursos vivos”, explicó.
Según el investigador, el continente blanco “es un continente prístino, muy poco contaminado. Y que te permite saber cómo era la tierra hace millones de años. Hoy en día su valor científico es lo más importante”.
El impacto del recorte presupuestario
Fontana afirmó que el recorte de presupuesto para ciencia y tecnología también golpeó al área: “Por más que siga habiendo presupuesto para la logística antártica, hay una serie de fondos que se necesitan para insumos o procesamiento de muestras, por ejemplo, que queda sin cubrir, y el impacto es durísimo”.
Conservar la historia en un clima que cambia
El investigador pasó cuatro meses en la Antártida, su récord personal. “Hay momentos apasionantes y también condiciones muy duras. La dimensión humana suele ser lo más frágil y a la vez lo más hermoso”, señaló.
Su proyecto administra dos de las ocho antiguas casas que hoy son sitios históricos: la casa Omond, en las islas Orcadas del Sur, que conserva la estructura original de la primera base permanente en la Antártida, y el refugio Suecia, construido en 1902, donde hibernó el primer argentino que hizo ciencia en el continente.
“El suelo es de permafrost y por el cambio climático se está viniendo abajo”, relató Fontana, y advirtió que la postura del gobierno nacional impacta en “un montón de temas de investigación que están relacionados con los efectos del cambio climático y se ven afectados”.
Para Fontana, el estudio de la Antártida “tiene un poder muy fuerte motivacional para despertar vocaciones científicas” en los jóvenes, y reclamó que el concepto de una Argentina bicontinental “tendría que estar más profundizado en la currícula escolar”.