El invierno nos cambia el sueño y el apetito: la explicación científica que necesitás
El frío y la falta de luz nos dan más sueño y nos hacen comer de más. ¿Qué dice la ciencia y cómo evitarlo?
¿Te cuesta despegarte de la cama cuando hace frío? ¿Sentís que tu apetito se dispara en los días más cortos? No estás solo: la ciencia encontró la razón detrás de este fenómeno. El invierno altera nuestro reloj biológico y nos empuja a buscar comidas reconfortantes.
¿Qué le pasa al cuerpo cuando bajan las temperaturas?
La menor exposición a la luz natural y los cambios en la rutina modifican el reloj biológico, un sistema interno que regula el sueño, el estado de ánimo, el metabolismo y el apetito. Durante los meses fríos, también solemos movernos menos y pasamos más tiempo en espacios cerrados, lo que refuerza esa sensación de letargo.
Estudios científicos indican que la reducción de luz natural incrementa la producción de melatonina, la hormona del sueño, y altera la liberación de serotonina, el neurotransmisor vinculado al bienestar y al hambre.
El Dr. Martín Ledesma, médico platense especialista en medicina del sueño, explica: “Nuestro organismo interpreta el invierno como un período diferente. La disminución de la luz modifica los ritmos circadianos y eso puede traducirse en una mayor sensación de cansancio durante el día. No significa que estemos enfermos, sino que el cuerpo está respondiendo a un cambio ambiental”.
Además, el profesional señala que es común que aumente el deseo de consumir hidratos de carbono porque generan una sensación rápida de bienestar. “El problema aparece cuando ese cambio natural se combina con sedentarismo y un consumo excesivo de alimentos ultraprocesados. Ahí es cuando empiezan a verse aumentos de peso o una sensación de falta de energía que termina formando un círculo difícil de romper”, agrega.
Historias reales: el invierno cambia los hábitos
Laura Benítez, docente platense de 43 años, cuenta que todos los años experimenta lo mismo: “En verano desayuno un yogur y estoy bien hasta el mediodía. En invierno necesito algo caliente y a la tarde siempre me dan ganas de comer facturas o chocolate. También siento que me cuesta muchísimo levantarme temprano, aunque haya dormido las mismas horas de siempre”.
Javier Acosta, empleado administrativo de 37 años, tiene una experiencia similar: “Cuando salgo del trabajo ya es de noche y lo único que quiero es llegar a casa. En invierno dejo de salir a caminar y termino cenando más abundante. Después me siento pesado, pero al otro día vuelvo a repetir la rutina”.
¿Hay que prohibir los guisos y las pastas?
La licenciada en Nutrición Carolina Ferrero es clara: “El error más común es pensar que hay alimentos prohibidos durante el invierno. El objetivo no es dejar de comer un guiso o unas pastas, sino aprender a equilibrar el plato. Si incorporamos verduras, legumbres, proteínas de buena calidad y porciones adecuadas, esas preparaciones pueden formar parte de una alimentación saludable”.
La especialista advierte que el verdadero problema aparece en las colaciones: “Muchas veces no tenemos hambre real, sino ganas de encontrar una sensación de confort. Antes de abrir un paquete de galletitas conviene preguntarse si realmente se trata de hambre o de aburrimiento, estrés o simplemente frío”.
También recuerda que en invierno disminuye la sensación de sed: “Aunque no tengamos ganas de tomar agua, el cuerpo sigue necesitándola. Las infusiones sin exceso de azúcar, los caldos caseros y el agua continúan siendo fundamentales”.
Moverse, la clave para combatir el cansancio
La falta de actividad física es otro factor que aumenta el sopor invernal. Los especialistas recomiendan mantener caminatas diarias, realizar ejercicio y aprovechar la luz natural siempre que se pueda, sobre todo por la mañana. Esto ayuda a regular el reloj biológico, mejora el ánimo y favorece un descanso más reparador.
Sentir más sueño o más hambre en invierno es una respuesta normal del organismo. Pero si el cansancio es extremo, se producen cambios de peso importantes, los problemas de sueño persisten o el ánimo decae notablemente, conviene consultar a un profesional para descartar otras causas.
La conclusión es simple: el invierno nos pide más descanso y comidas reconfortantes, pero podemos acompañar esos impulsos con hábitos saludables para no perder energía ni bienestar.