El jardín de una pobladora anticipó lo que hoy son 16.600 tulipanes en el norte neuquino

Una flor que alguna vez decoró el jardín de una pobladora hoy sostiene una apuesta productiva y turística en el norte neuquino. Cuántos bulbos se cultivaron esta temporada y qué pasará con la comercialización, en la nota.

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El jardín de una pobladora anticipó lo que hoy son 16.600 tulipanes en el norte neuquino
El jardín de una pobladora anticipó lo que hoy son 16.600 tulipanes en el norte neuquino

Los tulipanes volvieron a teñir la primavera de Huinganco y detrás de cada color hay una historia que arranca en un patio familiar. Esta temporada el Vivero Provincial cultivó 16.600 bulbos, en el marco de una iniciativa que apunta a consolidar la producción de la flor y sumar un atractivo turístico bajo el nombre “Huinganco Florece”.

Lo que hoy es un proyecto productivo con respaldo técnico y equipamiento tuvo un origen mucho más doméstico: las flores que una de las primeras pobladoras de la localidad plantaba como adorno en el jardín de su casa.

De Asia Central al patio de Doña Ramona

Antes de instalarse en la cordillera neuquina, el tulipán recorrió medio mundo. La especie es originaria de Asia Central, se difundió hacia Persia y más tarde llegó al Imperio Otomano, donde ganó peso ornamental y cultural. En el siglo XVI desembarcó en Europa y encontró en los Países Bajos uno de sus grandes centros de desarrollo.

Su fama fue tan intensa que en el siglo XVII protagonizó la llamada “Tulipomanía”, un período marcado por una fuerte especulación económica en torno a determinados bulbos y variedades. Con los años, el país europeo construyó una industria especializada en mejoramiento, multiplicación, producción y comercialización: según datos difundidos por el Gobierno provincial, en 2024 se cultivaron allí unas 14.740 hectáreas de tulipanes, más de la mitad de la superficie que ese país destina a bulbos florales.

En Huinganco, en tanto, la presencia de la flor es anterior a cualquier cálculo comercial. Doña Ramona, una de las primeras pobladoras, cultivaba tulipanes en el jardín de su vivienda como plantas ornamentales. Esas flores que decoraban su patio fueron la primera huella de la especie en el paisaje cordillerano, mucho antes de que alguien evaluara su potencial productivo.

La oportunidad de producir a contraestación

Producir en el hemisferio sur abre una posibilidad concreta: ofrecer bulbos en contraestación respecto de los grandes centros productores del hemisferio norte. Esa veta empezó a explorarse en Huinganco a comienzos de la década del 2000, cuando la Municipalidad, con el acompañamiento del INTA, comenzó a analizar las condiciones del norte neuquino para producir comercialmente bulbos de tulipán.

El proyecto tuvo como referente al ingeniero agrónomo Javier Cirielli, del INTA, y sumó a productores locales. Durante las campañas experimentales de 2001, 2002 y 2003 se implantaron más de 345.000 bulbos, se probaron variedades comerciales, se capacitó a productores y se desarrollaron técnicas adaptadas al clima de la localidad.

Los resultados fueron alentadores: los estudios determinaron que Huinganco reúne muy buenas condiciones para obtener bulbos con calidad sanitaria y comercial. La experiencia perdió continuidad durante varios años, pero el conocimiento acumulado quedó como base para retomar el proyecto.

El regreso del cultivo y la campaña de 16.600 bulbos

Más de dos décadas después de aquellas primeras pruebas, en 2025 el Gobierno provincial reactivó el cultivo con un trabajo conjunto del Centro PyME-ADENEU, el Vivero Provincial de Huinganco, la Municipalidad local, el ministerio de Economía, Producción e Industria y la secretaría de Producción.

La nueva etapa arrancó con 5.000 bulbos implantados en una parcela demostrativa y experimental del Vivero Provincial. Los resultados productivos y el interés que despertó la floración permitieron dar el salto de escala durante 2026.

Esta temporada se sumó infraestructura para riego, almacenamiento y manejo posterior a la cosecha. El proyecto cuenta además con la participación de Pluspetrol, que aportó equipamiento y bulbos, y con el acompañamiento técnico de la Estación Experimental INTA Esquel y del productor de tulipanes de Trevelin Juan Carlos Ledesma.

La campaña 2026 es la segunda de esta nueva etapa. En el Vivero Provincial se cultivaron 16.600 bulbos: 7.600 de calibres comerciales y otros 9.000 de calibres menores, destinados principalmente al engorde.

La plantación se hizo el 28 de mayo. Con la llegada del invierno comenzó el desarrollo bajo tierra y hacia fines de julio asomaron los primeros brotes. Septiembre trajo el crecimiento vegetativo y octubre, el momento más esperado: la floración.

Un trabajo que no termina con las flores

Detrás de los colores hay una tarea que se extiende prácticamente todo el año. Después de la floración llega el desflorado, pensado para favorecer el crecimiento del bulbo. Luego continúa el engorde hasta la cosecha, prevista para enero, y más tarde se realizan la limpieza, la clasificación y la conservación para la temporada siguiente.

La producción de este año estará destinada principalmente a ampliar la disponibilidad de bulbos para futuras campañas. La previsión oficial es comenzar a comercializar a partir de 2027.

“Huinganco Florece”: la floración como atractivo turístico

La floración también se convirtió en una oportunidad para sumar experiencias turísticas. “Huinganco Florece” invita a acercarse al Vivero Provincial y recorrer un paisaje que, durante algunas semanas del año, cambia por completo su fisonomía con las distintas tonalidades de los tulipanes.

La propuesta permite contemplar las flores y conocer la historia y el proceso productivo que hay detrás de cada bulbo. La idea es que producción y turismo crezcan juntos.

Entre las metas del proyecto figuran diversificar la matriz productiva del norte neuquino, generar oportunidades de empleo y fortalecer las capacidades técnicas locales. También busca impulsar emprendimientos privados vinculados a la floricultura y consolidar la floración primaveral como un nuevo atractivo para quienes recorren la región.

Así, la flor que inició su viaje hace siglos en Asia Central y que alguna vez creció en el jardín de Doña Ramona vuelve a florecer en Huinganco: una postal de montaña y primavera, y a la vez una actividad con futuro productivo y turístico para el norte neuquino.

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