El jarrón más famoso de la Argentina: 30 años del escándalo que cambió la TV para siempre
Hace 30 años, un jarrón en el departamento de Guillermo Coppola desató el escándalo más grande de la TV argentina. La droga estaba plantada, pero nadie lo sabía todavía. Lo que pasó después indigna hasta hoy.
El 9 de octubre de 1996, Guillermo Coppola fue detenido acusado de traficar drogas, en un caso que sacudió a la Argentina y transformó para siempre la televisión. El representante de Diego Maradona quedó en el centro de una trama de drogas plantadas, jueces corruptos y un operativo mediático sin precedentes.
Todo empezó con un allanamiento en su departamento. Dentro de un jarrón, la policía encontró un paquete con 406 gramos de un polvo blanco que, se aseguró de inmediato, era cocaína. Años después se supo que solo 40 gramos eran de esa sustancia y de muy mala calidad. El jarrón se volvió una celebridad: Coppola lo llamó "una atracción turística" porque cada visitante de su casa quería verlo.
Coppola no estaba en su hogar cuando allanaron. Se había refugiado en la casa de su madre y había dejado las llaves a su encargado para evitar que rompieran la puerta. Estuvo prófugo unas horas y al mediodía siguiente se entregó, pero no de cualquier manera: lo hizo ante las cámaras de televisión, junto al periodista Néstor Ibarra. Una camioneta policial los interceptó en Libertador y Coppola subió al móvil con un saludo final y comunicados de prensa.
El juez que buscaba un pez gordo
La causa había empezado antes, en el Juzgado Federal de Dolores. El juez Hernán Bernasconi buscaba notoriedad y avanzar en su carrera política con causas resonantes. Ya había detenido a Palmer, dueño del boliche Ku de Pinamar, y al campeón mundial Alberto Tarantini. Según sus dichos, había hecho el mayor decomiso de pastillas de éxtasis del mundo, algo que luego se comprobó falso.
Bernasconi tenía una supuesta fuerza de elite integrada por los policías Gustavo Diamante, Antonio Gerace y Carlos Gómez. De elite no tenían nada: sus movimientos eran torpes, evidentes e ilegales. Se mostraban como un equipo Swat pero eran, en los hechos, una mezcla de la Armada Brancaleone con el Coyote.
El juez puso la mira en Maradona y en Coppola. Eran meses difíciles para Diego, con controles antidóping polémicos, una rehabilitación fallida en Suiza y varios escándalos. Su manager siempre a su lado. La revista Noticias lo llamó "El Padrino" en tapa y afirmó que era seguido por la DEA, que estaba acusado del crimen de Poli Armentano y que su camioneta había sido usada para traficar cocaína.
A principios de octubre del 96, Bernasconi aceleró. Detuvo otra vez a Tarantini, a Yayo Cozza, a su novia Samanta Farjat, a Natalia Denegri y a la Morsa Espósito, cuñado de Maradona. Días después fue por Coppola. Todos acusados de tener drogas para comercializarlas e integrar una red narcotraficante cuya cabeza, decían, era Guillermo Coppola. Por las canas de Guillote, la operación se bautizó "Cielorraso".
Lo que entonces no se sabía era que Bernasconi y su secretario Roberto Schägel, a través de Diamante y Gerace, plantaban drogas a los sospechosos durante los operativos. La causa también estaba envenenada por la interna política entre el gobernador Eduardo Duhalde y el presidente Carlos Menem.
Maradona logró sacar rápido a su cuñado, dicen que pagando una suma de seis cifras en dólares. Pero Coppola fue enviado a la Unidad 6 de Dolores. Al día siguiente, Diego fue con Claudia a visitarlo y no pudo: la multitud de fanáticos y periodistas se lo impidió.
Mientras el juez presionaba a los detenidos para que señalaran a Coppola como proveedor de droga, su situación procesal se complicaba. Su familia y Diego contrataron a un joven abogado: Mariano Cúneo Libarona.
El caso salta a la televisión
Mauro Viale tenía un programa que languidecía en los mediodías de ATC. Vio el potencial del caso Coppola y lo explotó como nadie. Corrió los límites televisivos: el estudio se llenaba de gente que discutía, peleaba, se tiraba vasos de agua y se amenazaba. Nació una nueva fauna: los mediáticos. Abogados, periodistas, opinólogos, familiares, supuestos amigos, espías y personajes exaltados.
El gran descubrimiento fueron las chicas del caso. Samanta Farjat y Natalia Denegri eran muy jóvenes y vivían demasiado rápido. Samanta era pareja de Yayo Cozza, mayor que ella. Natalia era su amiga y se movían en los mismos círculos nocturnos. En el set reían, lloraban, gritaban y se insultaban. Cada aparición aseguraba un nuevo escándalo. Samanta gritó que Natalia estaba embarazada de un futbolista; Natalia lo negó y, a los gritos, aseguró que con Maradona había usado protección. Al día siguiente, Natalia contraatacó y dijo que Samanta tenía sida.
Chiche Gelblung, en Canal 9, había sido acaso el primer impulsor del caso y de las chicas. El vértigo era tal que Mauro Viale agregó una emisión nocturna. Entre los programas se robaban los invitados: los secuestraban en la puerta del canal rival. Los participantes juraban que no había nada preparado, pero los productores les llenaban la cabeza y las copas de champagne. A Natalia y Samanta, dicen, les pagaban 1500 pesos por cada mediodía y hasta 5000 por las participaciones nocturnas.
A ese elenco se sumó Natalia Villar, expareja del empresario asesinado Poli Armentano, siempre acompañada por su madre. La que no aparecía era Julieta Lavalle, figura importante en la causa, que prefirió preservarse de los medios.
Mediodías con Mauro llegaba a 30 puntos de rating. Las críticas y presiones eran enormes: asociaciones de amas de casa presionaban a los anunciantes para que quitaran publicidades. A Mauro no le importó y siguió alimentando el show. Al poco tiempo fue contratado por América por una suma millonaria. Su programa era anti-Coppola. Mariano Grondona y Hora Clave también seguían el caso, aunque el doctor intentaba que la situación no se desmadrara.
Samanta era la persona con más tiempo de pantalla de la televisión. Almorzó con Mirtha Legrand, fue co-conductora de Memoria con Chiche, salió en tapas de revistas, instaló su línea telefónica 0-600, le ofrecieron hacer temporada teatral en Villa Carlos Paz, filmar una película, hacer una telenovela y condujo un programa de cumbia. Diego instaló la frase "Más dudas que Samanta". Machito Ponce le compuso un tema: "Samanta toda la noche se la aguanta". Natalia tuvo su propio hit: "Quién me la puso".
El giro que dio vuelta la causa
Cúneo Libarona presionó funcionarios, presentó escritos y apelaciones, conversó con policías y jueces, apagó incendios, convenció testigos, tranquilizó a Maradona y apareció en todos los medios. Una medianoche provocó un giro espectacular: hizo abrir un juzgado a la una de la mañana y llevó a Samanta y a Julieta ante el juez Marquevich, que no había actuado en el caso. Las dos chicas cambiaron completamente sus testimonios y juraron que la droga había sido puesta por Gerace y Diamante a instancias de Bernasconi, tanto en lo de Tarantini como en lo de Coppola. Marquevich tomó los testimonios, los envió a la causa principal y se declaró incompetente.
Con esto caían las acusaciones y se ponía la lupa sobre el juez y su fuerza de choque. Bernasconi se resistía a liberar a los acusados. A Tarantini lo obligó a una internación compulsiva por rehabilitación y con argucias siguió reteniendo al resto. En el medio se supo que de los 406 gramos del jarrón solo 40 eran cocaína de mala calidad.
Las disputas en las altas esferas continuaban. Duhalde apoyaba a Bernasconi; Menem, dicen, buscaba la libertad de Coppola. Su secretario Ramón Hernández aparecía en escuchas porque era amigo de Coppola, pero Bernasconi nunca avanzó sobre él. El juez tiraba manotazos de ahogado: dijo que la DEA lo ayudaba y la agencia lo desmintió horas después. Afirmó que dos fiscales italianos llegaban a investigar a Coppola por narcotráfico en Nápoles y también lo negaron el mismo día.
En los programas se filtraban videos con cámaras ocultas y escuchas escandalosas. Los conductores amenazaban con pasar conversaciones más comprometedoras. Maradona y Ricardo Darín aparecían en esas grabaciones.
La Cámara de Casación le quitó la causa a Bernasconi y la pasó a un juzgado de Capital. El juez Liporaci creyó que solo se encargaría de formalidades, pero la Cámara hizo una pirueta jurídica para no dejar libre a Coppola y no cargar con el costo de una decisión impopular. Ordenó investigar si Coppola era responsable de facilitar el lugar y las condiciones para que otros se drogaran en una fiesta en su departamento el 30 de septiembre del 96.
La imputación era débil y no había pruebas: la mayoría de los asistentes, incluidos Maradona y Darín, negaban haber visto drogas. Después de 97 días detenido, Guillermo Coppola fue puesto en libertad. El juez Liporaci enfrentó a los medios: "Es posible que haya defraudado a la opinión pública, pero era lo que correspondía hacer jurídicamente".
Coppola salió triunfante, fue con Diego a una peluquería a teñirse un mechón de violeta cada uno como renovación de su pacto de amistad y terminó sentado frente a Mauro Viale. La tensión era evidente: Viale lo había tratado de narcotraficante durante meses y Coppola le aclaró que estaba ahí por un compromiso con el canal y con Eurnekián, no por afecto.
Cúneo Libarona consideró que había conseguido un gran éxito, pero también entró en la dinámica enfermiza del caso. Se ventiló su relación extramatrimonial y que tuvo una hija con Lourdes Di Natale, secretaria de Emir Yoma, luego suicidada en circunstancias extrañas. A las pocas semanas salió en la tapa de Gente volviendo de Brasil con Samanta Farjat. Cúneo estaba casado, tenía dos hijos y su esposa estaba embarazada de ocho meses. Meses después fue detenido y pasó dos meses en prisión por difundir un video del juez de la causa AMIA con Telledín.
Las condenas y el después
A Coppola lo absolvieron por la fiesta en su casa y luego asistió como testigo al juicio contra los policías Diamante, Gerace y Gómez y el secretario Schägel por plantar pruebas y fabricar causas. Ante la presencia de Diego Maradona, los jueces les dieron altas penas de prisión a los cuatro. Bernasconi conservaba sus fueros, pero los perdió poco después tras un juicio político. También fue condenado por la justicia penal y puesto en prisión.
Mucho después, Samanta estuvo en pareja con Gabriel Anello y se casó con William Schlenker, jefe de la barra brava de River, preso por el asesinato de Gonzalo Acro. Hoy viaja por el mundo según muestra en sus redes y se la ve espléndida a sus cincuenta años.
Natalia Denegri vive en Estados Unidos. Se presenta como filántropa, periodista y productora televisiva, ganó más de 20 premios Emmys regionales y está casada con un importante empresario gastronómico dueño de la cadena Buenos Aires Grill. Hace unos años demandó a Google para que borraran las búsquedas sobre su pasado, invocando el Derecho al Olvido. La justicia primero le dio la razón y luego lo desestimó. La petición se vuelve comprensible al mirar la edad que tenían y el estado de confusión y desamparo en el que esas chicas de veinte años se encontraban.
Más allá de cualquier dictamen judicial, fue tanto el ruido, tan disruptiva la situación y se quebraron tantos límites en esos meses que nadie que los vivió o los siguió por televisión podrá olvidar lo sucedido.