El jefe de los boqueteros de San Isidro hablaba con D'Alessio desde la cárcel: qué le pedía
Un túnel de 155 metros, una varilla que asomó de más y una llamada desde la cárcel de Ezeiza: así se armó la banda que puso en jaque a un banco de San Isidro y que terminó con su presunto jefe tras las rejas.
La investigación por el frustrado robo al Banco Macro de San Isidro sumó un capítulo que mezcla boqueteros, un túnel de 155 metros y una voz que llegaba desde una celda de Ezeiza. Eduardo Enrique Ripa, de 60 años, quedó detenido como presunto jefe de la banda, junto a su hijo Christian Ripa, de 31, y el ciudadano uruguayo Alejandro Quiroga de los Santos, de 56.
La detención la concretaron detectives del Departamento de Inteligencia Contra el Crimen Organizado de la Policía Federal Argentina, que trabajaron junto al fiscal general adjunto de San Isidro, Patricio Ferrari. El pedido había sido presentado ante el juez de Garantías Ricardo Costa.
Una charla entre rejas
El vínculo que más llamó la atención de los investigadores es el de Ripa con Marcelo D'Alessio, el falso abogado que cumple una condena de 13 años y medio de prisión por asociación ilícita, espionaje ilegal y extorsión, entre otros delitos.
La conversación telefónica que los une quedó registrada el 3 de febrero pasado a las 15.56, con la línea de Ripa intervenida por orden judicial. D'Alessio abrió con una pregunta: “¿Qué es lo que vos sentís que está fallando? ¿Mano de obra, mala? ¿No hay buena mano de obra? ¿No hay gente confiable?”.
Del otro lado, Ripa respondió: “Es como decís, tal cual. Estás haciendo realmente un planteo bárbaro. Yo también lo hago. De repente después de lo que me pasó allá me había tomado, digamos, una pausa prudente para repensar, para volver, para cambiar la forma, la regla, la estructura, para ver qué se soltó, qué se me fue, qué factor se me soltó de la mano, ¿me entendés? Y volver a intentarlo con otras reglas, otras normas, otras formas, y porque es la única manera de tener éxito, viste. Si seguís haciendo lo mismo te va a pasar lo mismo”.
El túnel que nunca llegó a la bóveda
El plan que la banda no pudo completar se descubrió en agosto de 2024. Consistía en excavar un túnel de 155 metros de largo y 4,35 metros de profundidad en pleno casco histórico de San Isidro para alcanzar la bóveda del Banco Macro y llevarse un botín millonario.
Todo se derrumbó el 6 de agosto de ese año, cuando una varilla que manipulaban desde el túnel salió a la superficie a pocos metros del banco. La vio un empleado de un local gastronómico que acababa de estacionar la camioneta con la que hacía repartos. Según el expediente, quien movió esa varilla habría sido Roberto Sudamer Pesca, hoy preso en la cárcel de Sierra Chica, señalado como el integrante que cometió el error fatal para el plan.
Esa misma mañana, cuando la operación se caía, Eduardo Ripa estaba a escasos metros de la entidad bancaria.
La denuncia anónima que abrió todo
El puntapié para llegar a los eslabones altos de la organización fue una denuncia anónima que llegó a la fiscalía. La mano de obra ya había sido apresada poco después del fracaso del golpe.
“El denunciante señaló a Eduardo Ripa y a su hijo Christian Ripa como líderes de una organización, vinculándolos -entre otras cosas- directamente con la planificación del intento de robo al Banco Macro de San Isidro. También habló de Roberto Sudamer Pesca, Alejandro Quiroga y un policía apodado Seba como otros intervinientes. Hizo, además, referencia de un ciudadano italiano, apodado El Tano, que fue el encargado de los alquileres utilizados por la banda. Asimismo, aportó datos sobre los inmuebles en los que residían los nombrados o las propiedades que utilizaban como oficina y las líneas telefónicas que solían usar”, detalló Ferrari en el dictamen.
El Tano fue identificado como Giampaolo Fadda, sobre quien pesa un pedido de captura nacional e internacional.
El otro golpe que no fue
La banda de los Ripa no solo habría apuntado al Macro de San Isidro. También habría organizado un asalto a la sucursal de Chivilcoy, previsto para la Nochebuena pasada, que tampoco se concretó.
De eso hablaron Ripa y D'Alessio en la misma comunicación. “Iba a terminar un tema ahí para las fiestas. Pero bueno, saltó en los medios, así que bueno nada”, le contó Ripa. Del otro lado, el falso abogado se mostró sorprendido: “Me estás jodiendo. ¿En serio?”. La respuesta fue: “Algún boludo que habló de más, pero igual no pasó nada, no, no, no... Hay que dejarlo en la agenda un poco, enfriarlo un poco”.
D'Alessio quiso precisar la zona y preguntó si era Recoleta. Ripa lo corrigió: “No, no, no. Allá, Chivil”. El 22 de diciembre, el diario La Razón de Chivilcoy había publicado una nota sobre un dato anónimo que alertaba de un robo al Banco Macro para la noche del 24.
El consejo del falso abogado
En esa charla, D'Alessio le recomendó a Ripa “importar mano de obra de más lejos”. Para el golpe de San Isidro, los ladrones habían sido traídos desde Uruguay.
“Hay un punto común, que es la mano de obra. El punto común es la mano de obra. Y tal vez hay que importar de un poco más lejos la mano de obra. ¿Sabés? Yo conozco gente que, en su momento, hacía caletas, hacía cosas complicadas, ¿no? Son tipos ya de 50 años, no son nenes. No tienen familiares acá, no tienen a quién hablarle y saben que tienen que laburar sin celular durante dos meses. Están sin celular durante dos meses porque están acostumbrados a estar en el medio de la selva, ahí por la zona de Cartagena, en Colombia, por esa zona”, sostuvo.
Para Ferrari, esa conversación es elocuente: “El investigado Eduardo Ripa reconoce explícitamente su participación en un plan delictivo previsto para ejecutarse durante ‘las fiestas’ en Chivilcoy. Asimismo, atribuye el fracaso de la operación a una presunta filtración de información y a la exposición mediática del caso”.
Una “obra artesanal” del delito
El fiscal describió a la organización como algo muy distinto del delincuente común. “Uno de los principales pilares de la estructura [criminal] radica, justamente, en operar de modo tal de no ser descubierta, haciéndolo con un grado de complejidad que excede ampliamente al convencional y aparentando, con ello, una falsa falta de conexión entre personas y hechos que, en verdad, responden todos a una misma lógica organizativa; plural y por cierto siempre delincuencial”, afirmó.
Y sumó: “Se trata de sujetos que se distinguen notoriamente del delincuente común, haciendo de cada ‘trabajo’ una suerte de obra artesanal, minuciosamente calculada, donde nada queda librado al azar. Dan cuenta de ello el nivel de planificación y dedicación puesto en juego, el tiempo invertido en cada ‘emprendimiento’ y la multiplicidad de frentes que deben cubrir y coordinar para sostener la empresa criminal: materiales, mano de obra especializada, alquiler de inmuebles utilizados como base de operaciones y pago de los servicios contratados al efecto. Incluso, en algún punto, con detalles que sobrepasan la audacia y rozan lo absurdo. En otras palabras, invierten tiempo y dinero para luego ejecutar el golpe”.
El rol de D'Alessio bajo la lupa
Respecto de D'Alessio, Ferrari aclaró que no pudo comprobarse su intervención material en la construcción del túnel, porque para entonces ya estaba preso. Sin embargo, los diálogos interceptados con Ripa muestran otra cosa: “Evidencian, sin margen a dudas, un conocimiento exhaustivo de dicho extremo así como también pormenores del plan vinculado al robo de Chivilcoy, todo lo cual debe ser profundizado”.
El fiscal fue más allá y sostuvo que el falso abogado manifestó, con lenguaje en clave, su intención de avanzar sobre la esquina donde estaba la sucursal Recoleta del Banco Macro. Según la denuncia anónima que inició la causa, ese era el siguiente objetivo de la organización. Esa sucursal, de todos modos, ya fue trasladada por razones de seguridad.