El jurado escuchó a los vecinos de Sánchez: "Te voy a matar a la pendeja"
Vecinos de Roberto Sánchez declararon en el juicio por el transfemicidio de Azul y pidieron reservar sus identidades por miedo. Uno de los testimonios más fuertes recordó una amenaza directa del acusado. ¿Qué dijo?
El juicio por el transfemicidio de Azul Semeñenko cerró su primera semana con una seguidilla de testimonios que pintaron un barrio marcado por el miedo. Los vecinos de Roberto Daniel Sánchez declararon ante el jurado popular y pidieron reservar sus identidades por temor a represalias. Uno de los relatos más crudos fue el de una joven que recordó una amenaza directa del acusado: "Te voy a matar a la pendeja de mierda esa".
La jornada del viernes se centró en la familia que mantiene un conflicto comercial de años con Sánchez en el barrio Toma La Familia. Sus dichos se suman a los de otros testigos que ya habían pasado por la sala y que describieron un entramado de hostigamientos, amenazas y agresiones.
"A mí me amenazó de muerte"
La primera en hablar fue una joven que vive cerca de la vivienda del imputado. Contó que conocía a Sánchez como vecino y que había visto trabajar en la gomería a una mujer a la que identificó como B., pareja del acusado, en condiciones de extrema vulnerabilidad.
Según su relato, Sánchez le daba órdenes y le gritaba mientras ella trabajaba. La testigo aclaró que nunca conversó con la mujer, por lo que su descripción se limitó a lo que observaba desde su casa.
El episodio más grave que narró ocurrió después de que su familia instalara un negocio que competía con el de Sánchez. Una tarde, mientras lavaba el auto de su madre en la vereda, discutió con el hijo del acusado, que la insultó y le pegó una piña en la boca. Usaba brackets y el golpe le lastimó el labio por dentro.
Su padre salió a defenderla y, según su testimonio, Sánchez se metió en la pelea. Padre e hijo, dijo, se enfrentaron con cuchillos y barretas de la gomería. En ese contexto, el acusado lanzó la amenaza contra la joven. "Hasta el día de hoy me acuerdo", declaró ante el jurado.
La joven contó que hizo la denuncia en la Comisaría Segunda, que hubo un allanamiento y que le impusieron una orden de restricción. También describió a Sánchez como una persona alterada, con gritos frecuentes en el barrio y comentarios irrespetuosos hacia las mujeres. En el último tiempo, dijo, veía circular su Ford Ranger blanca de noche y a alta velocidad.
Disputas comerciales y una denuncia
Luego declaró la madre de la joven. Contó que conoció a Sánchez cuando llegó al barrio y que al principio tenían un trato vecinal. La relación cambió cuando su familia abrió una verdulería: el acusado se molestó porque una de sus hijas también tenía un comercio de ese rubro. Años después, cuando su marido instaló otro negocio, los conflictos se profundizaron.
La mujer sostuvo que Sánchez y varios integrantes de su familia fueron hasta su casa para exigirles que dejaran de trabajar allí. Llegaron con una barreta y palos, y hubo agresiones contra su marido, según su relato. También les advirtieron que tenían que irse y hubo amenazas de prender fuego la vivienda. Después de ese episodio hizo una denuncia policial.
Más adelante relató otro enfrentamiento, cuando el hijo de Sánchez insultó a su hija mientras ella lavaba un auto. La mujer intervino para defenderla y el acusado salió en defensa de su hijo. En ese momento, según declaró, Sánchez amenazó a su marido con matar a la joven.
Sobre la pareja del acusado, la testigo dijo que la veía irse de la casa llorando y luego regresar, y que la relación no parecía buena. Al ser consultada por la personalidad de Sánchez en el barrio, afirmó que no era un buen vecino y que solía circular de noche en su camioneta. También mencionó visitas nocturnas a su casa, aunque sin precisiones sobre el motivo.
El padre: "Me hacía la vida imposible"
El tercer testigo de la familia fue el padre de la joven, con más de dos décadas en el barrio. Dijo que antes de abrir su propio negocio mantenía un trato cordial con el acusado, pero que los problemas comenzaron hace unos cinco años, cuando instaló su local. Sánchez lo acusaba de quitarle clientes, aunque el hombre sostuvo que la gente elegía su negocio por el trato.
Relató varios enfrentamientos. En uno, aseguró que Sánchez se acercó con una barreta y lo amenazó con prender fuego su gomería. También dijo que integrantes de la familia del acusado lo agredieron y arrojaron piedras contra su casa. En otra ocasión, contó que intervino cuando Sánchez habría intentado golpear a una mujer que paseaba un perro.
El episodio que involucró a su hija fue el que más lo marcó. Estaba trabajando cuando escuchó gritos y salió a la calle. Allí vio a la joven con sangre en la boca y la nariz, después de que el hijo de Sánchez le pegara. Cuando intentó defenderla, el acusado se involucró en la pelea y lo amenazó. Confirmó que su hija hizo la denuncia por la agresión y la amenaza de muerte.
Durante su testimonio también se refirió al incendio que destruyó la gomería y la vivienda de Sánchez en diciembre de 2023. Afirmó que creía que había sido intencional, aunque reconoció que no sabía quién lo provocó ni el motivo concreto. Mencionó que el acusado había tenido problemas con distintas personas del barrio y hizo afirmaciones sobre un presunto consumo y venta de drogas.
El hombre contó además que, después del crimen de Azul, su propio negocio quedó expuesto a insultos y señalamientos. Cuando la calle fue cortada durante el procedimiento policial, algunas imágenes difundidas por los medios mostraron el cartel de su local y hubo personas que creyeron que allí había ocurrido el asesinato. Para evitar confusiones, colocó un cartel que indicaba que el lugar del hecho estaba más lejos.
La hija de Sánchez y una presunta extorsión
Los tres testimonios del viernes se sumaron a los de otros vecinos que describieron conflictos con Sánchez y su entorno. En la audiencia anterior, una comerciante que trabaja cerca de la casa del acusado había relatado que lo escuchaba insultar a su pareja y que en una ocasión la vio con un ojo morado. Según su declaración, B. le había dicho que no tenía adónde ir y que sus hijos estaban con sus abuelos.
Esa testigo también afirmó que, después de la detención de Sánchez, una de sus hijas se acercó a ofrecer dinero para que algunas personas declararan a favor de su padre.
La ausencia de Azul y el dato que llamó la atención de la propietaria
Otra de las testigos fue la mujer que le alquilaba el departamento a Azul Semeñenko. Su declaración permitió reconstruir cómo advirtió que algo no estaba bien: fueron sus dos gatos, que querían entrar a la vivienda, los que le llamaron la atención sobre la ausencia de la inquilina. Cuando se comunicó con la Policía, le informaron que Azul llevaba cinco días desaparecida.
La mujer recordó que la calefacción había quedado encendida en el departamento. También contó que conocía a Roberto Daniel Sánchez porque alguna vez había llevado su vehículo a la gomería para inflarle los neumáticos, y que conocía a integrantes de su entorno familiar.
Durante el interrogatorio, la Fiscalía le preguntó por la separación de Sánchez y la mujer que había sido su pareja y con la que tuvo sus hijos. La testigo comenzó a explicar que conocía comentarios sobre los motivos de esa ruptura, pero la defensa objetó la respuesta por tratarse de información que no había conocido de manera directa. Ante la objeción, el juez le permitió contestar.
Entonces la testigo aclaró que había sido su hermana —amiga de la ex pareja del acusado— quien le había contado que Sánchez ejercía violencia contra ella y que esa situación había motivado la separación.
El contexto del juicio
El abogado querellante Fernando Gómez había anticipado el sentido de este tramo de la prueba en los alegatos de apertura, una semana atrás. "El desenlace violento en la muerte de Azul no está descontextualizado de la vida de Sánchez marcada por la violencia", sostuvo al presentar la teoría de la querella ante los doce integrantes del jurado y sus suplentes.
La acusación busca demostrar que lo ocurrido la noche del 25 de septiembre de 2025 no fue un episodio aislado en el comportamiento del imputado. Los testimonios vecinales forman parte de esa reconstrucción, aunque las denuncias sobre conflictos anteriores no prueban por sí mismas la responsabilidad penal por el crimen.
Sánchez está acusado de matar a Azul Semeñenko con las agravantes de ensañamiento, violencia de género y odio a su identidad trans. En la sexta jornada del juicio, el hombre de 60 años tuvo que ser nuevamente esposado y trasladado de la Sala 12 a un espacio contiguo. El motivo no es una novedad: sus vecinas le tienen miedo.
En el allanamiento de la vivienda de Copahue al 1100, los peritos forenses encontraron armas blancas, paredes, sábanas y otros elementos con resultados positivos en el examen de sangre humana. Las cámaras registraron que el 25 de septiembre a la madrugada Azul ingresó por la entrada y fue la última vez que se la vio con vida.