El lado invisible de la Fiesta del Poncho: cronistas sin un espacio básico para trabajar
Detrás de cada nota, video y foto de la Fiesta del Poncho hay cronistas que recorren el predio durante horas sin un lugar donde dejar su mochila. ¿Qué reclaman los periodistas que cubren el evento más importante del norte argentino?
Mientras la Fiesta del Poncho se consolida como uno de los eventos culturales más importantes del país, los cronistas que la cubren enfrentan una realidad que no cambia: la falta de un lugar propio para descansar, cargar equipos o simplemente calentar un mate.
Catamarca recibe cada invierno a miles de personas que disfrutan de una celebración que combina artesanos, gastronomía, música y tradición. Pero detrás de ese brillo, hay un equipo de periodistas que trabaja durante horas sin un espacio básico que les permita transitar la fiesta con condiciones dignas.
¿Qué falta en la fiesta más grande del Norte?
La cronista Noelia Moya Ponce, de Multimedios Ancasti, relata su experiencia tras cuatro ediciones consecutivas cubriendo el evento. "No hablo de privilegios, hablo de algo básico", afirma. Un lugar donde dejar la mochila, cargar herramientas, sentarse cinco minutos o calentar agua para un mate. Eso es lo que piden los trabajadores de prensa.
La jornada de un cronista no se limita a los minutos que aparecen en cámara. Son siete, ocho y hasta nueve horas recorriendo el predio, buscando historias, esperando entrevistas y sosteniendo una cobertura que muchas veces se hace de pie.
Las restricciones que complican la cobertura
Si bien el Escenario Mayor cuenta con una sala de prensa que funciona correctamente durante las conferencias, el problema surgió en el Patio. Allí, las indicaciones de una productora limitaron el movimiento de los periodistas acreditados: solo podían ingresar durante las conferencias, y salir significaba no poder volver a entrar, incluso si los equipos permanecían dentro.
"Si tenemos acreditación de prensa, si estamos trabajando para contar lo que sucede, ¿por qué no podemos movernos con las herramientas que necesitamos?", se pregunta Moya Ponce. Además, se solicitó que las entrevistas a artistas del Patio se realizaran únicamente en las conferencias, dejando afuera a músicos locales que no tenían ese espacio.
El trabajo invisible que sostiene la fiesta
Detrás de cada cobertura hay un equipo que empieza a trabajar semanas antes: reuniones, planificación, distribución de tareas. Durante los diez días de evento, los cronistas caminan los pabellones, el Mercado Cultural, los ranchos y el Escenario Mayor. Los fotógrafos buscan la imagen perfecta, los camarógrafos registran cada momento, y los periodistas digitales publican en tiempo real.
Pero también hay momentos que hacen que el oficio valga la pena: reencontrarse con un artesano después de un año, compartir un mate entre colegas o reírse de un error en vivo. "Eso también es el Poncho", dice la cronista.
Sin embargo, la emoción no oculta una realidad que se repite edición tras edición: la falta de un espacio propio para la prensa. "La mochila del cronista pesa, pesa por los equipos, pesa por las horas, pero sobre todo pesa por la responsabilidad de contar", concluye Moya Ponce.
Y si el Poncho sigue creciendo, quizás sea momento de que también crezca el espacio para quienes lo cuentan.