El legado de Beto Icare: a 17 años de su muerte, el recuerdo de un intendente que nunca dejó de ser vecino
¿Qué hizo que un vecino común se convirtiera en uno de los intendentes más queridos de Bariloche? A 17 años de su muerte, la historia de Beto Icare sigue emocionando.
Este jueves se cumplen 17 años del fallecimiento de Alberto “Beto” Icare, el exintendente que marcó una época en Bariloche. Su figura sigue viva en la memoria de quienes lo vieron llegar desde los barrios hasta el sillón municipal, y este aniversario reaviva una historia de cercanía y compromiso que pocos olvidan.
Una vida ligada a la ciudad
Icare murió el 20 de agosto de 2009, a los 64 años, tras varios años de problemas de salud. Su partida conmocionó a toda la comunidad, que se volcó a las calles para expresar su pesar. Vecinos, instituciones y dirigentes de todos los sectores lamentaron la pérdida de un hombre que había dedicado gran parte de su vida al servicio público.
Antes de llegar a la intendencia, su recorrido estuvo marcado por el trabajo territorial. Fue presidente de la Junta Vecinal San Francisco I, participó activamente en el ámbito deportivo y luego se desempeñó en la administración pública y en la Cooperativa de Electricidad Bariloche. En 1999 dio el salto a la política institucional como concejal municipal.
El difícil camino al poder
En 2002, en plena crisis institucional, asumió la intendencia tras la renuncia de Atilio Feudal. Su gestión fue respaldada por el voto popular y logró revalidar el mandato en las elecciones de 2007, aunque su delicado estado de salud le impidió asumir ese último período.
Pero más allá de los cargos, lo que más se destaca de Icare es su forma de vincularse con la gente. Tenía una habilidad especial para escuchar y para estar cerca de los que más lo necesitaban, algo que quedó demostrado en los innumerables testimonios que surgieron tras su muerte.
Un reconocimiento que perdura
En 2024, el Concejo Municipal decidió que el despacho N.º 19 llevara su nombre. Los fundamentos de esa resolución resaltaron su perfil sencillo y humilde, así como los fuertes lazos que construyó con los vecinos de la ciudad. Un gesto que confirma que su memoria sigue presente en los espacios públicos.
El fútbol fue otra de sus grandes pasiones. En una entrevista publicada por el diario Río Negro en 2007, Icare habló de su familia y de su amor por el deporte, mientras luchaba contra las enfermedades que marcaron sus últimos años. También se refirió al cariño que sentía por la comunidad y al “calor de la gente de Bariloche”.
Su paso por la política no estuvo exento de controversias, como cualquier gestión en una época difícil. Sin embargo, con el tiempo prevaleció la imagen del dirigente que había surgido de los barrios, del deporte y de la participación vecinal. Beto Icare es recordado como aquel vecino que un día decidió ponerse al frente de su ciudad, sin perder nunca la esencia que lo había hecho popular.