El litio que sale del salar tarda días, no meses: así se trabaja a 4000 metros
Economía

El litio que sale del salar tarda días, no meses: así se trabaja a 4000 metros

Mientras el país produce un 62% más de litio y las exportaciones se disparan, en la Puna los trabajadores se pesan antes de subir a un avión que aterriza a 4000 metros. La tecnología que usan acorta el proceso de meses a días, pero el esfuerzo logístico es enorme.

En el salar de Hombre Muerto, Catamarca, Rio Tinto extrae litio con una tecnología que acorta de meses a días el proceso de producción. Los trabajadores llegan en avión, pesan sus valijas y aterrizan en una pista de tierra a 4000 metros de altura.

El Beechcraft 1900D, un bimotor turbohélice presurizado con un asiento a cada lado del pasillo, está adaptado para volar en la Puna. Antes de subir, cada pasajero se pesa junto con su equipaje en una entrada independiente del aeropuerto de Salta. El viaje por tierra puede superar las ocho horas; en avión, unos 45 minutos.

Por la ventanilla se ven montañas ocres y peladas, sin árboles ni ríos, y sombras de nubes sobre la tierra seca. Al final aparece una mancha blanca entre los cerros: el salar de Hombre Muerto, donde la empresa minera opera la planta Fénix. La compañía tiene cinco aviones en operación —dos propios y tres de socios—, aunque los vuelos dependen del clima: si nieva, no se puede aterrizar.

Un negocio que crece a ritmo acelerado

La logística se justifica por un mercado en expansión. En 2025, la Argentina produjo 120.000 toneladas de carbonato de litio equivalente (LCE), un 62% más que el año anterior, según la Secretaría de Minería. Toda la producción se exporta: entre enero y septiembre, las ventas al exterior sumaron US$1624 millones, un 173% más, impulsadas por mejores precios. El Gobierno proyecta que hacia 2029 el país podría superar a Chile como tercer productor mundial.

Rio Tinto, con casa matriz en Londres, lidera ese mapa. Opera Fénix —el primer proyecto de litio del país, con más de 31.000 toneladas en 2025— y Olaroz, en Jujuy, con 34.000 toneladas, según la Secretaría de Minería. Entre enero y junio, la compañía produjo 27.300 toneladas de LCE, un 53% más que un año antes, aunque la comparación abarca solo cuatro meses de 2025 porque consolida el negocio desde la compra de Arcadium por US$6700 millones, en marzo de ese año.

Sus ingresos por litio crecieron 84%, hasta US$568 millones, con un precio promedio de venta de US$18.960 por tonelada, un 22% más. Para todo 2026 prevé producir entre 61.000 y 64.000 toneladas.

En diciembre del año pasado, el directorio se reunió en la Argentina y los planes de inversión siguen en marcha: US$4400 millones en total, de los cuales ya desembolsaron US$2500 millones. Las plantas Fénix 1B y Sal de Vida, ambas en Catamarca, comenzaron a producir en el segundo trimestre, antes de lo previsto, y sumarán una capacidad de 10.000 y 15.000 toneladas anuales, respectivamente, con inversiones de US$700 millones cada una.

En Salta avanza la construcción de la planta a escala completa de Rincón, que demandará US$2500 millones y tendrá capacidad para 60.000 toneladas, la más grande del país. Su primera producción está prevista para 2028, con tres años de puesta en marcha hasta alcanzar el máximo. Con esos proyectos, la empresa apunta a una capacidad total de unas 160.000 toneladas de carbonato de litio en 2028 en el país. El año próximo, además, podría anunciar la construcción de Fénix 2.

Adentro de la planta: tecnología de punta en la Puna

La planta parece el Centro Pompidou parisino, pero en la Puna: tubos verdes, amarillos y azules, y cientos de válvulas. Casi no hay gente. En cada unidad trabajan unos cinco operadores, en su mayoría juniors, que toman muestras, mientras los equipos de seguridad y mantenimiento recorren el resto. Los perfiles que se buscan son técnicos industriales o ingenieros en minas.

“El litio está presente en la salmuera como una impureza”, explicó Luciano Mancuso, gerente de Operaciones de Rio Tinto en la Argentina. Las plantas nuevas usan extracción directa de litio (DLE, por sus siglas en inglés), que reduce de meses a días el tiempo entre que la salmuera sale del pozo y se convierte en carbonato. Con el método convencional, en piletas de evaporación, el proceso puede tardar hasta un año.

La salmuera pasa por columnas con un lecho de resina —desarrollada por la propia empresa— que retiene más del 95% del litio y deja pasar más del 90% de las impurezas. Luego se “lava” la resina con una solución acuosa y se obtiene una salmuera de cloruro de litio, que se concentra por evaporación mecánica. En tanques llamados reactores reacciona con carbonato de sodio y se forma el carbonato de litio, que se purifica, se seca y se embolsa.

El agua sale del acuífero subterráneo que alimenta el salar, no de ríos. La DLE usa más agua dulce que la evaporación, pero la salmuera agotada se reinyecta; con las piletas, en cambio, no vuelve.

Una ciudad en la Puna

La planta funciona las 24 horas, los 365 días del año. En el campamento viven entre 200 y 300 personas, con capacidad para 500, en turnos de 7x7 o 14x14 días de trabajo y descanso. Hay una cancha multipropósito de fútbol, básquet y vóley, gimnasio, mesas de pool y ping-pong, cuatro SUM para hacer asados y una sala de música con guitarra, bajo y batería eléctrica. El servicio de lavandería lo presta la firma El Kolla, con tres mujeres por turno que viven en Antofagasta de la Sierra.

En toda la Argentina, el 20% del personal de Rio Tinto son mujeres, y en planta la proporción es menor. “Tenemos el desafío de aumentar la participación de mujeres”, reconocieron desde la compañía, que busca combinarlo con el empleo local.

La energía depende de un gasoducto que construyó la empresa, que además invirtió en dos plantas compresoras para ampliar su capacidad. El gas alimenta grupos electrógenos de escala industrial y calderas. Los paneles solares se usan solo en oficinas.

De la Puna al mundo

El carbonato —muchos clientes, como Tesla, lo prefieren al hidróxido de litio— se usa en el cátodo de las baterías. Viaja a fabricantes de baterías para autos eléctricos e híbridos, celulares, computadoras y sistemas con paneles solares. Más de la mitad va a China, Japón y Corea. Sale por los puertos de Campana y Buenos Aires o por la región chilena de Antofagasta, según lo que pida cada cliente. Hoy, por eficiencia de flete, sale más litio por Chile que por la Argentina.

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