El llamado desde un teléfono cercano a Caputo que destrabó la salida de Bolsonaro

El avión que sacó a Flávio Bolsonaro del país despegó de Iguazú después de un llamado desde un teléfono muy cercano a Caputo, y la operación dejó un documento con sellos oficiales que complica al Gobierno. Lo que dice el papel firmado por el piloto, adentro.

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El llamado desde un teléfono cercano a Caputo que destrabó la salida de Bolsonaro
El llamado desde un teléfono cercano a Caputo que destrabó la salida de Bolsonaro

La declaración general del vuelo privado que sacó de la Argentina a Flávio Bolsonaro en la madrugada del miércoles tiene sellos de Aduana y Migraciones, la firma del piloto y una anotación hecha a birome: "04 pax, 03 tripulantes". El documento, al que accedió LA NACION, confirma lo que el Gobierno evitó admitir durante buena parte del martes: en el Gulfstream G400 matrícula LV-JQW viajaban el excandidato presidencial brasileño, su esposa y sus dos hijas.

La planilla fue emitida por Baires Fly SA, propietaria de la aeronave. Allí figuran el aeropuerto Cataratas del Iguazú (SARI) como origen y Guayaquil, Ecuador (SEGU), como destino. La fecha consignada es el 27 de octubre de 2026 y el tipo de vuelo, "privado".

Quiénes iban a bordo

El manifiesto de pasajeros abre con el nombre "Nantes Bolsonaro Flavio", de nacionalidad italiana y con pasaporte de ese país. Luego aparecen Fernanda Antunes Figueira Bolsonaro y las dos hijas menores del matrimonio, las tres con documentación brasileña. La tripulación estaba compuesta por dos pilotos y una azafata, los tres argentinos.

El sello de Aduana del aeropuerto internacional marca el 27 de octubre. El de Migraciones, con la leyenda "Documentación verificada", el 28.

El llamado que puso todo en marcha

La operación había comenzado antes, en Buenos Aires. Según pudo reconstruir LA NACION, el lunes por la noche alguien habría llamado a Baires Fly desde un teléfono muy cercano al asesor presidencial Santiago Caputo. El mensaje fue directo: la empresa debía atender el pedido que estaba por hacerle un broker norteamericano, un vuelo desde Iguazú hasta algún aeropuerto de Florida para trasladar a una familia brasileña. El teléfono sonó de nuevo casi de inmediato. Era el pedido anunciado. Así se fletó el avión.

El Gulfstream despegó de Aeroparque el lunes 26 a las 22.14 y aterrizó en Puerto Iguazú poco antes de la medianoche. En tierra misionera, tanto en la empresa como entre los tripulantes, ya no había dudas sobre la identidad de los pasajeros. Para esquivar el espacio aéreo brasileño se diseñó una ruta alternativa, con una escala técnica en Guayaquil para cargar combustible antes de seguir hacia Estados Unidos.

Un aterrizaje sin multitudes

De acuerdo con lo que pudo reconstruir LA NACION, el destino final no era el aeropuerto internacional de Miami, sino el Miami-Opa Locka Executive Airport, una terminal de aviación ejecutiva en el noroeste del condado de Miami-Dade. Queda a unos 20 kilómetros del centro de Miami, entre 25 y 40 minutos en auto. Pocos lugares reciben con menos ceremonia a los vuelos privados: funciona las 24 horas, no exige turnos de aterrizaje y la Aduana y Protección Fronteriza de Estados Unidos (CBP) tiene oficina en el aeropuerto, de modo que los pasajeros hacen los trámites de ingreso sin cruzarse con las multitudes de una terminal comercial. Es uno de los aeropuertos que más jets privados recibe en el sur de Florida, el destino habitual de empresarios y celebridades.

El problema del pasaporte

Ahí apareció el obstáculo. Como el destino final era territorio norteamericano, la partida necesitaba el aval de las autoridades de ese país. Bolsonaro, a quien el juez del Supremo Tribunal Federal Alexandre de Moraes le había ordenado entregar sus pasaportes, viajaba con el documento italiano. Italia integra el Visa Waiver Program, que permite entrar a Estados Unidos sin visa siempre que el pasajero tenga la ESTA, la autorización electrónica de viaje que se tramita por internet y que se recomienda pedir con al menos 72 horas de anticipación. El senador no la tenía.

Durante toda la tarde del martes las idas y vueltas con Washington fueron constantes. El avión no podía despegar de la Argentina sin el visto bueno de Estados Unidos. Mientras tanto, el jet seguía estacionado en Iguazú, a la vista de todos. Migraciones informaba que no tenía registro del ingreso de Bolsonaro y que no se había presentado ningún plan de vuelo con la familia a bordo. En la Casa Rosada repetían: "No nos consta". Caputo, por su parte, se burlaba en las redes de lo que llamó uno de los mayores papelones periodísticos de la historia.

El papelón resultó ser otro. Según los registros oficiales, Bolsonaro cruzó por el puente Tancredo Neves a las 22.50 del martes junto con su familia. Poco después, una camioneta blanca con patente brasileña y vidrios polarizados entró a toda velocidad al aeropuerto, custodiada por patrulleros. A las 00.21 del miércoles el Gulfstream despegó, sobrevoló Paraguay y a las 3.46 aterrizó en Guayaquil. Fueron unas 26 horas en la pista. Finalmente, este jueves aterrizó en Miami.

El seguimiento y las consecuencias

Según consignó en su cobertura Paula Rossi, periodista de LA NACION, la partida del vuelo fue monitoreada por Santiago Caputo, que incluso habría estado presente en Iguazú al momento del despegue. El Gobierno, que horas antes había negado cualquier colaboración con la salida del brasileño, terminó confirmando que el excandidato había despegado desde Misiones.

Baires Fly es una de las principales empresas de vuelos privados de la Argentina y una de las pocas que conserva un codiciado hangar en el Aeroparque porteño. Ese mismo avión, el LV-JQW, fue el que usó Claudio "Chiqui" Tapia para viajar al sorteo del Mundial en Washington.

Del otro lado de la frontera, la Policía Federal brasileña revisa los movimientos migratorios y ya consultó a las autoridades argentinas. Lula calificó la fuga de "vergonzosa". En la Justicia federal de Puerto Iguazú, la diputada Marcela Pagano pidió que se preserven las cámaras, los planes de vuelo, las listas de pasajeros y el contrato del chárter. Una de esas piezas ya existe: tiene dos sellos, cuatro pasajeros y tres tripulantes.

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