En Misiones el terror no se importa: se hereda. Un antropólogo del CONICET reveló qué pasa con el lobisón y el pombero cuando el monte desaparece y todo se llena de asfalto.
Octubre trae brujas, calabazas y disfraces importados, pero en Misiones el terror tiene nombres propios y un origen bien local. El lobisón, el pombero y el Jasy Jateré siguen vivos en los relatos populares, incluso en pleno avance de las ciudades y las pantallas.
Así lo plantea Iván Bondar, investigador del CONICET y doctor en Antropología Social, que viene estudiando cómo estas figuras se sostienen en la vida cotidiana de las comunidades misioneras.
El miedo también se construye
Para el especialista, las nociones de terror y horror no flotan en el aire: dependen del entorno cultural. “El miedo resulta como una situación, un modo de relacionarse con el peligro y de alguna forma también un modo de subsistir y de sobrevivir”, explicó en diálogo con Primera Edición.
En la misma línea, señaló que “aquello que nosotros no conocemos, que no podemos explicar” suele disparar sensaciones de peligro. Lo desconocido, dice, es un terreno fértil para el miedo.
Un mapa de la nocturnidad
La provincia tiene un repertorio amplio de personajes ligados a la oscuridad, el ámbito rural y lo sobrenatural. Bondar habla de “un mapeo importantísimo de personajes que están íntimamente ligados a la nocturnidad”, con el pombero y el lobisón a la cabeza.
Lejos de ser simples cuentos, estas figuras “tienen entidad, tienen agencia social”: se nombran, se ubican en lugares concretos y se asocian a personas reales dentro de las comunidades donde circulan.
El lobisón, el más temido
Dentro de ese panteón regional, hay uno que se lleva todos los honores del espanto. “La figura del lobisón condensa el terror del litoral. Es la figura más horrorosa de la mitología folclórica del litoral”, afirmó el antropólogo.
Los relatos lo describen como un hombre que, en determinadas noches, se transforma en una criatura con rasgos de perro o lobo, atada a cementerios y otros espacios considerados impuros. El investigador recuerda además que Argentina fue el único país del mundo con una ley de “padrinazgo presidencial” vinculada a este tema.
El crecimiento urbano no borra estas historias. Bondar apela a la “ley de adaptación del mito”: “cuando ya no exista el monte, cuando ya no exista el campo, va a aparecer el lobisón de asfalto”. Los escenarios cambian, pero la memoria popular encuentra la forma de reubicarlos.
La leyenda que educa
Las historias también funcionan como herramienta de control social. “No salgas a la siesta a jugar porque te puedes lastimar o caerte de un árbol”, ejemplificó Bondar al referirse al Jasy Jateré. Para el investigador, “el mito folclórico siempre cumple ese rol coercitivo de lo humano”: marca límites y conductas a través del temor.
El pombero es otro caso elocuente. Según recordó, hubo relatos que le atribuían embarazos imposibles de justificar en público. “El pombero es el que se va a hacer presente” en esas versiones, que también servían para tapar situaciones familiares socialmente censurables.
Maldición, campo adentro
La licantropía, esa supuesta capacidad de convertirse en animal, aparece en distintas tradiciones. “En la lectura de lo popular, es una maldición”, indicó Bondar.
Durante su trabajo de campo entrevistó a madres de séptimos hijos varones que temían que, al llegar a la adolescencia, sus hijos empezaran a mostrar comportamientos asociados a la figura del lobisón. También recogió el caso de un joven de Colonia Pastoreo que, con 17 o 18 años, comenzó a internarse en el monte las noches de los viernes.
Hubo incluso personas que se consideraban a sí mismas lobisones y que necesitaban un acompañante para reconstruir episodios que no recordaban. “Acá no era un hombre lobo de la Belle Époque, era un ‘mencho’ de estancia de Corrientes que tenían que encerrarlo cada vez que él consideraba que iba a convertirse en lobisón”, relató.
Los testimonios de encuentros tienen un patrón. “Hay pocos casos donde el lobisón es visto por un grupo de personas. Siempre está solo él, siempre es visto por un individuo (en solitario)”, detalló. Las supuestas apariciones ocurren en lugares aislados, cruces de calles o zonas poco iluminadas, donde alguien asegura haberlo visto de frente o haber escuchado sus sonidos a la distancia.
El Familiar y los pactos incómodos
El lobisón también se cruza con otras leyendas regionales, como la del Familiar, una criatura que en ciertas tradiciones se presentaba como un gran perro negro. Bondar la vincula con supuestos pactos entre dueños de ingenios azucareros y el demonio, que incluían la entrega del alma de trabajadores.
“Son cuestiones muy controversiales que ameritan una lectura más política de los mitos folclóricos”, sostuvo el investigador, que relaciona estos relatos con conflictos laborales y desapariciones atribuidas a fuerzas sobrenaturales.
El pombero que vive en Buenos Aires
La ciudad no mata al mito. Bondar recordó una reflexión del investigador Miguel Raúl López Breard, que imaginaba a un pombero instalado en Buenos Aires y usando un arito.
“Si yo no tengo el tatacuá o no tengo el bananal en el fondo de mi casa para que el pombero esté, él se va a encontrar otro lugar donde meterse”, explicó sobre esa capacidad de adaptación.
Las nuevas tecnologías también juegan su parte: hacen circular testimonios, fotos y supuestas filmaciones de apariciones. Bondar aclara que su investigación no busca determinar si estos personajes existen físicamente, porque “es real en tanto y en cuanto para la gente lo es”. Las experiencias de quienes creen haber tenido contacto pueden producir efectos concretos en sus conductas, y “lo interesante es ver cómo y hasta dónde permanecen vivos”.
La transmisión también necesita objetos. “Todo lo que tiene que ver con la memoria oral necesita un soporte material de objetos”, explicó el investigador, que mostró materiales de sus estudios sobre prácticas rituales y representaciones sobrenaturales. Estas tradiciones, además, guardan saberes sobre “el cambio de estaciones, el cambio de luna, la transformación de las temperaturas, del sol, de las sombras, de la niebla”.
Dónde escuchar estas historias
Bondar anunció dos actividades para recuperar estas expresiones. El 14 de noviembre, de 10 a 12, habrá un encuentro en el Centro Multicultural de la Costanera de Posadas, en el marco del ciclo de formación de la Licenciatura en Folclore con mención en Cultura Regional. Participará Leonor Pasteknik, autora de Mitos vivientes en Misiones, junto a otros invitados.
El ciclo seguirá el 4 de diciembre, desde las 18, con la Expo Folk en la Facultad de Humanidades y Ciencias Sociales. Los estudiantes presentarán trabajos que combinan música, narración, arte y puesta en escena, con entrada abierta al público.