El "loco del desierto" que levantó una casa con 5000 botellas para su abuela: el invento que ya cambió la vida de decenas de familias

Lo que empezó como una casa para su abuela en medio del desierto hoy es un proyecto con respaldo de la ONU que ya cambió la vida de decenas de familias refugiadas. El ingeniero que todos llaman "el loco de las botellas" tiene un plan que podría transformar los campamentos para siempre: el detalle que nadie vio venir.

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El "loco del desierto" que levantó una casa con 5000 botellas para su abuela: el invento que ya cambió la vida de decenas de familias
El "loco del desierto" que levantó una casa con 5000 botellas para su abuela: el invento que ya cambió la vida de decenas de familias

Tateh Lehbib Breica creció en los campamentos de refugiados saharauis del suroeste de Argelia, donde las condiciones de vida son extremas. Pero fue una catástrofe la que lo empujó a buscar soluciones donde nadie las veía: en 2015, unas inundaciones destruyeron más del 80% de las viviendas, incluida la de su abuela. A partir de ese momento, este refugiado de 36 años comenzó a desarrollar una alternativa de construcción con botellas de plástico rellenas de arena que hoy es un proyecto financiado por ACNUR.

De las aulas a la arena

Breica estudió energías renovables porque, según contó en una entrevista publicada por La Jornada en 2022, los campamentos necesitaban profesionales científicos que mejoraran las condiciones de vida de la población refugiada. Más tarde cursó una maestría en eficiencia energética en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, donde trabajó en propuestas para mejorar las viviendas saharauis.

"No fue un interés temprano; de hecho, desde mi infancia, mi afición fue el periodismo. Pero cuando me mudé al norte de Argelia para estudiar, me di cuenta de que muchos de mis colegas tenían una orientación literaria, y en los campamentos realmente necesitábamos especialidades científicas que contribuyeran a paliar el sufrimiento de la población refugiada", sostuvo sobre su primer interés por las energías renovables.

Después de terminar sus estudios, regresó a los campamentos y puso en práctica sus investigaciones. La primera casa que construyó con botellas rellenas de arena fue para su abuela y se terminó en 2017.

El "loco de las botellas"

El apodo surgió cuando otros habitantes lo vieron recoger envases de plástico en el desierto para llevarlos a los campamentos. Con el tiempo, también comenzó a ser conocido como el "loco del desierto".

Cada vivienda requiere alrededor de 5000 botellas de plástico rellenas de arena y puede construirse en una semana con un equipo de tres personas, según explicó Breica a La Jornada. Las casas tienen planta circular para evitar que la arena se acumule alrededor de las paredes. Los muros incorporan aislamiento térmico y dos ventanas que favorecen la circulación del aire. El techo está compuesto por dos cubiertas separadas por una cámara de aire y una capa exterior de cemento inclinada.

De una casa a un proyecto con respaldo internacional

El Centro de Innovación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) financió la construcción de 25 viviendas destinadas a familias vulnerables, personas mayores y personas con necesidades especiales.

La construcción de las viviendas abrió oportunidades laborales para jóvenes de los campamentos. Algunos recibieron pagos por recoger las botellas, rellenarlas con arena y participar en las obras, según relató en la entrevista con La Jornada. En sus comienzos, recibió la ayuda espontánea de habitantes de los campamentos para levantar la vivienda de su abuela. Después, con el financiamiento de ACNUR para otras 25 casas, la iniciativa incorporó a jóvenes.

El ingeniero también explicó que los campamentos no contaban con un sistema oficial de reciclaje. Parte de los residuos se quemaba en lugares destinados a ese fin y otra parte terminaba en el desierto.

Un centro de investigación para el desierto

Breica planteó la posibilidad de crear un centro de investigación dedicado a la arquitectura sostenible y al uso de materiales locales. Según explicó a La Jornada, el espacio estaría abierto a especialistas y habitantes de los campamentos para compartir conocimientos sobre construcción sostenible.

También manifestó su intención de continuar con la construcción de viviendas e infraestructura adaptadas al clima del desierto y a las necesidades de la población refugiada saharaui.

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