El mágico mundo miniatura de una artesana sanjuanina que conquista a chicos y grandes

Una sanjuanina de 59 años crea un universo en miniatura con ropa, comidas y tecnología para muñecas. ¿Cómo hace para que sus piezas parezcan reales?

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El mágico mundo miniatura de una artesana sanjuanina que conquista a chicos y grandes
El mágico mundo miniatura de una artesana sanjuanina que conquista a chicos y grandes

En plena antesala del Día del Niño, una sanjuanina de 59 años se convirtió en el centro de atención con sus increíbles creaciones en miniatura. Patricia Fernández transforma materiales reciclados en un universo de ensueño que fascina a los más pequeños.

Sobre su mesa, los visitantes pueden encontrar desde diminutos jeans y pulóveres tejidos hasta celulares, tablets y notebooks que se abren y cierran como las reales. Todo parece sacado de una juguetería de lujo, pero cada pieza es el resultado de un trabajo artesanal que combina creatividad, reciclaje y mucho amor.

¿Cómo nació esta pasión?

La historia de Patricia comenzó hace años, con una misión muy personal: sorprender a su nieta con juguetes únicos hechos por ella misma. "Empecé haciendo cosas para mi nieta y después fui agregando otros accesorios. Primero hice mueblecitos para muñecas, la cocina, la cama, todo con cartón y material reciclado. Después empecé a hacer objetos con porcelana en frío, como las comiditas y pequeños accesorios, y por último llegó la ropita", contó a Diario La Provincia SJ.

Lo que comenzó como un regalo especial se transformó en una verdadera vocación. Patricia lleva entre seis y siete años creando miniaturas, aunque recién hace dos decidió mostrar su trabajo en ferias de emprendedores. Hasta ese momento, sus piezas circulaban solo entre familiares y amigos.

"Siempre tuve la costumbre de hacerles algo a mis nietos para el Día del Niño o para sus cumpleaños utilizando materiales reciclados. Me gusta mucho eso", explicó la artesana, cuya nieta inspiradora hoy tiene 12 años y sigue siendo la primera en ver cada nueva creación.

Una modista de muñecas

Con el tiempo, Patricia perfeccionó una habilidad que hoy define su emprendimiento: confeccionar ropa para muñecas con el mismo esmero que una modista dedicaría a prendas de tamaño real. En su taller nacen pantalones de jean, polleras, remeras, pulóveres, tapados, polainas y bufandas, elaborados con telas recicladas y donadas.

"Con la ropita soy como una modista de muñecas. Me costó muchísimo adaptar los moldes que encontraba en Internet porque no coincidían con el tamaño real de las muñecas. Hoy ya tengo mi propia colección de moldes y voy cambiando detalles para que cada prenda sea distinta", agregó.

Pero la ropa no es lo único que llama la atención. Las comidas en miniatura son otro de los grandes atractivos: hamburguesas, pizzas, tortas, cubiertos y utensilios hechos en porcelana fría que parecen casi reales. Y para estar a tono con los tiempos, también crea accesorios tecnológicos para muñecas.

"Hago computadoras, celulares, tablets y jueguitos. Las notebooks se abren y se cierran, están hechas con goma eva y glitter para que se vean más bonitas. A los teléfonos les agrego accesorios con mostacillas", detalló. Estos productos son los que más curiosidad despiertan entre los visitantes de su puesto.

Una vida entre dos pasiones

Lejos de dedicarse exclusivamente a las miniaturas, Patricia reparte su tiempo entre este emprendimiento y su trabajo como técnica en acompañamiento terapéutico, donde asiste a adultos mayores con deterioro cognitivo. Para poder con ambas actividades, organiza su producción como una pequeña fábrica artesanal.

"Si me quedé con poca ropa, corto todas las prendas de una sola vez y después las coso. Si necesito hacer comiditas, preparo varias juntas con porcelana fría. Así aprovecho mejor el tiempo", explicó.

Para ella, las miniaturas son mucho más que un ingreso extra: "Esto es mi cable a tierra. Me encanta hacerlo y lo disfruto muchísimo. Lo único que me estresa a veces es no tener más tiempo para dedicarle", confesó.

En este camino, Patricia cuenta con el apoyo incondicional de sus hijos, una mujer de 39 años y un hombre de 31, quienes la ayudan a difundir su trabajo y a sumar nuevos clientes.

Mientras se acerca el Día del Niño, la artesana sigue sumando piezas a su universo en miniatura, un mundo que nació por amor a su nieta y que hoy conquista a grandes y chicos. Cada creación lleva el sello de un trabajo completamente artesanal, pensado para que el juego también tenga historias, imaginación y mucho corazón.

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