El maíz del NOA arranca la campaña con una amenaza que la biotecnología no frena

Los productores del NOA venían festejando la caída de la chicharrita, pero en otras regiones el cogollero ya obligó a fumigar maíces con biotecnología. Qué recomienda el especialista antes de sembrar.

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El maíz del NOA arranca la campaña con una amenaza que la biotecnología no frena
El maíz del NOA arranca la campaña con una amenaza que la biotecnología no frena

La campaña de maíz 2026/27 se abre en el noroeste argentino con una buena noticia y una advertencia. Las capturas de chicharrita, el insecto que transmite el Spiroplasma, mostraron su tercera caída consecutiva, según los relevamientos que maneja la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC). Pero en otras regiones del país ya se ven daños tempranos de cogollero en lotes sembrados temprano, incluso en materiales con biotecnología para control de orugas.

El ingeniero Pellegrino, del área de desarrollo de Illinois, analizó ese panorama en Salta y Tucumán y coincidió con Alejandro Vera, de la EEAOC, en que las poblaciones del vector podrían mantenerse bajas antes del grueso de las siembras. Aun así, planteó tres decisiones que el productor deberá tomar: qué genética elegir, cómo monitorear desde la emergencia y en qué fecha sembrar.

El cogollero volvió a mostrarse en el centro del país

En el centro de Santa Fe —zonas como Esperanza, San Justo y Rafaela— y en el centro-norte de Entre Ríos reaparecieron ataques de cogollero en maíces tempranos. Algunos lotes ya necesitaron aplicaciones pese a contar con eventos biotecnológicos pensados justamente para el control de orugas.

Para Pellegrino, eso obliga a recuperar el seguimiento a campo como práctica central. Los eventos de protección siguen siendo valiosos, pero deben acompañarse con refugios y otras herramientas de manejo. Un híbrido con biotecnología no garantiza por sí solo que el cultivo quede libre de daños.

El especialista recomendó vigilar la uniformidad de emergencia y sostener los recorridos hasta los estadios V5 o V6, el tramo en el que la plaga puede provocar pérdidas importantes. Cuando la larva ya ingresó al cogollo, el control se vuelve mucho más difícil: por eso la detección temprana es clave.

Cuándo conviene aplicar y cuándo no

La decisión de tratar debe apoyarse en datos concretos: larvas vivas, porcentaje de plantas afectadas y umbrales de intervención. Habrá lotes que no necesiten ninguna aplicación, otros que requieran una y algunos que pidan dos, según cómo evolucione la plaga en cada establecimiento.

Una aplicación puede justificarse si evita perder muchos kilos, pero los daños aislados no siempre exigen intervenir. Cada tratamiento adicional encarece la producción, y el monitoreo es lo que permite tratar cuando corresponde y evitar gastos innecesarios. Las tecnologías que vienen en camino no reemplazan esa decisión agronómica.

La fecha de siembra, bajo la lupa

El comportamiento del cogollero también despertó dudas sobre el calendario. En el centro de Santa Fe y la región núcleo, las siembras tempranas solían escapar a los picos de la plaga, que históricamente se concentraban en diciembre y enero. Ahora se registraron daños en maíces sembrados el 20 de agosto y el 5 de septiembre.

Esos datos corresponden a una región con un calendario distinto al del NOA. En el norte, una implantación muy tardía podría coincidir con menor presión del insecto, pero también correría la floración y el llenado de granos hacia condiciones menos favorables.

Sembrar a fines de enero o comienzos de febrero suele responder a la falta de humedad, no a una estrategia contra el cogollero. Cuando hay margen para elegir, Pellegrino considera prioritario ubicar bien el período crítico y preservar el potencial de rendimiento, controlando la plaga si hace falta.

"No debería ser una plaga que nos obligue a cambiar por completo la estrategia de fechas de siembra", sostuvo. El riesgo de mover el calendario solo para escapar del insecto es terminar enfrentando otros problemas productivos.

Genética: sanidad y estabilidad antes que ranking

La menor presencia de chicharrita no elimina la necesidad de mirar la sanidad de los híbridos. En zonas que atravesaron campañas de alta presión de Spiroplasma, priorizar materiales con buen comportamiento frente a esa enfermedad puede aportar mayor estabilidad.

Pellegrino destacó el valor de las redes de ensayos de CREA NOA y de la EEAOC, que permiten comparar rendimientos y respuestas sanitarias en distintos ambientes. Esas evaluaciones funcionan como referencias independientes de los ensayos internos de las empresas y ayudan a elegir materiales para cada zona.

Su recomendación es leer las redes según el ambiente: más que fijarse en el puesto de un híbrido en un ranking, importa conocer su estabilidad y su comportamiento sanitario en localidades comparables a las de cada productor.

Illinois presentó el IS 7575 VIP 3, un híbrido tropical de ciclo corto que, según la empresa, combina estabilidad, sanidad frente al Spiroplasma y baja inserción de espiga. Su precocidad ofrece alternativas de manejo dentro de los planteos con materiales tropicales. También mencionó el IS 7.24 TRE, de genética templada: según los resultados preliminares comentados por el técnico, superaba el promedio en nueve de diez localidades de una red regional, aunque todavía faltaba la evaluación definitiva.

La proporción de híbridos dependerá de la presión histórica de chicharrita. En zonas de mayor riesgo, Pellegrino recomendó priorizar sanidad y estabilidad; en áreas de transición, consideró posible combinar materiales para equilibrar protección y potencial productivo.

En su recorrida por el norte encontró rendimientos de 5.500 a 7.000 kilos por hectárea, cifras que refuerzan la necesidad de adaptar las decisiones a cada ambiente. Una estrategia pensada para asegurar un rendimiento intermedio no necesariamente sirve para un lote de mayor potencial.

Más lluvia no significa más maíz

La campaña anterior en el NOA dejó una advertencia que conviene tener presente: las precipitaciones abundantes no garantizan rendimientos altos. En charlas con productores de Salta y Tucumán, Pellegrino señaló que lotes con expectativas de cosechar 8.000 o 9.000 kilos por hectárea terminaron cerca de los 6.000.

Además del Spiroplasma, incidieron otras enfermedades y la muerte prematura de plantas, pero también la escasa radiación solar. Los días nublados durante el período crítico limitaron la fijación de granos, y la menor luz durante el llenado redujo su peso.

Ante la perspectiva de un año Niño, el especialista recomendó no asociar automáticamente más lluvias con mejores cosechas. La fecha de siembra, la nutrición y el híbrido deben ajustarse al ambiente, considerando también la radiación, las temperaturas y los riesgos sanitarios. La evolución del tiempo determinará cuánto del potencial del cultivo podrá expresarse.

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