El mamón que se cultiva bajo techo en Misiones no madura a tiempo: qué frenó el ensayo
El mamón misionero busca un lugar en la mesa de otoño e invierno, cuando la fruta fresca escasea y el precio sube. El ensayo bajo invernadero rindió, pero un factor retrasó la cosecha y puso en jaque la ventaja del negocio.
Investigadores del INTA en Cerro Azul probaron producir mamón bajo invernadero para ganarle al mercado de otoño e invierno, cuando la fruta fresca escasea y los precios suben. El ensayo rindió muy bien en cantidad, pero la maduración llegó tarde y puso en duda la ventaja comercial del sistema.
La producción de mamón en Misiones tiene una historia atada a la industria. La comercialización complicada y los precios que suben y bajan empujaron a buscar otras salidas para las chacras. Mientras tanto, el mercado de fruta fresca sostiene demanda y buenos valores durante el otoño y el invierno, cuando buena parte de la oferta llega desde Brasil.
Con ese panorama, la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) del INTA en Cerro Azul evalúa el cultivo bajo cubierta como una opción para abastecer la plaza justo en los meses de mayor valor comercial.
Una tradición de diversificar
“Tradicionalmente, el INTA de Cerro Azul ha buscado alternativas de diversificación para los productores misioneros”, explicó la Dra. Raquel Rybak, investigadora del organismo. El equipo ya acumuló experiencia con frutales que necesitan pocas horas de frío, con vides y, más cerca en el tiempo, con especies tropicales como maracuyá y pitahaya.
En el mamón, la apuesta apunta a sortear uno de los límites más duros del cultivo a campo: las heladas, que recortan la producción en varias zonas de la provincia. La idea es usar la protección del invernadero para conseguir fruta fresca cuando la oferta local es escasa.
Red Lady: mucho fruto, pero tardío
Para la prueba bajo cubierta se eligió el híbrido Red Lady, de porte mediano a bajo y con atributos que pide el mercado de fruta fresca. El manejo arrancó con siembra en bandejas, siguió con trasplante al invernadero y sumó riego localizado y fertilización fraccionada.
Los primeros números entusiasmaron en lo productivo. Hacia fines de mayo, las plantas mostraban un promedio de 28 frutos, de buen tamaño, con un rendimiento estimado de 72 toneladas por hectárea.
El problema apareció en otro punto clave: la maduración fue mucho más lenta de lo previsto. En septiembre, los frutos todavía no alcanzaban los niveles de sólidos solubles totales —medidos en grados Brix— necesarios para cosechar.
“Esto elimina prácticamente su ventaja, que es la producción temprana. Por lo cual creemos que debemos ajustar parámetros de producción para el éxito comercial”, señaló Rybak.
Luz, temperatura y nutrición, las claves a corregir
La investigadora explicó que la maduración depende, entre otras cosas, de que la planta logre una alta tasa diaria de fotosíntesis. Para eso hay que regular las condiciones dentro del invernadero: luz, temperatura y humedad relativa.
Durante el ensayo hubo muchos días nublados, una condición que pudo limitar la actividad fotosintética. Por eso una de las líneas de trabajo busca coberturas más transparentes, como los polietilenos de baja densidad, para que entre más luz.
La nutrición también es central. Rybak remarcó el papel del potasio en el metabolismo de los azúcares y la necesidad de equilibrarlo con nitrógeno, fósforo, calcio y micronutrientes. Entre estos últimos mencionó en especial el boro, que interviene en el cuaje y la fijación de los frutos.
“En invernaderos no tecnificados esto es un equilibrio que debe lograrse y ajustarse”, sostuvo. El equipo avanza con nuevas evaluaciones que suman sensores para monitorear las condiciones ambientales y optimizar el manejo, en el marco del Programa Nacional Agtech del INTA.
Lo que viene: ajustes, genética y costos
Las próximas etapas prevén ajustar la fertilización, mejorar el control del ambiente y comparar materiales genéticos. Hoy también se evalúa el cultivar Pasión Red para ver si hay diferencias en los tiempos de maduración.
Otra alternativa es cosechar cuando entre el 20 y el 30 % de la piel haya cambiado de color y terminar la maduración en cámaras con bajas concentraciones de etileno. Ese camino podría dar un proceso más uniforme, aunque sumaría costos que habrá que analizar antes de recomendarlo.
En paralelo, el INTA sigue probando a campo con mantas antiheladas y productos que buscan bajar el punto de congelación del agua dentro de la planta. Esos ensayos también incorporarán sensores inteligentes para seguir las condiciones en tiempo real.
Para Rybak, el potencial del cultivo bajo cubierta es alto porque la demanda de fruta fresca se mantiene y la oferta sigue llegando de otras regiones. Igual advirtió que el rendimiento agronómico no alcanza por sí solo.
“Es fundamental siempre evaluar no solo el éxito desde un punto de vista agronómico, sino también comercial. Cualquiera sea la actividad debe dar una renta positiva al productor; de otra forma, no debo recomendarlo”, concluyó.

