El mapa de la deuda que expone la crisis y el giro de Milei con Malvinas
La mora nacional se disparó al 17,4% y la destrucción de empresas no frena: 31 cierres por día. Mientras tanto, el Gobierno intenta tapar el desastre con un giro patriótico que reactivó a las Fuerzas del Cielo. ¿Qué hay detrás del discurso por Malvinas?
Dos informes recientes dibujan un país partido en dos: mientras la mora y el endeudamiento trepan a niveles récord, la destrucción de empresas y empleo no da tregua. En ese escenario, el Gobierno salió a buscar oxígeno con un discurso de corte soberanista que reactivó a la militancia digital oficialista.
El Mapa de la Deuda, elaborado por el Centro de Estudios para la Ciudad con apoyo de la Fundación Friedrich Ebert, revela que la tasa de mora nacional saltó del 3,6% al 17,4% entre julio de 2024 y julio de 2026. En apenas dos años, la deuda real creció un 85,6% y la morosidad se multiplicó casi por ocho: un 793,8%. De los 19,6 millones de personas con deuda registrada, 4,9 millones ya están en mora.
El fenómeno no es parejo: en la Ciudad de Buenos Aires, donde el 81% de los adultos tiene alguna deuda, la mora roza el 20% en barrios del sur como Villa Soldati, pero baja a entre 8% y 10% en el norte, en Coghlan o Colegiales. En el AMBA bonaerense, el endeudamiento alcanza al 25%, contra un 10%-15% en el resto de la provincia. Los cordones industriales de Rosario y Córdoba capital aparecen más golpeados que sus provincias.
Uno de los datos más sensibles políticamente es el que afecta a los jóvenes, el electorado donde Milei se hizo fuerte en 2023: la mora se disparó en el último semestre y en algunas entidades toca el 50%. El informe lo atribuye a la informalidad laboral, que empuja a esa franja a financiarse fuera del sistema bancario tradicional: el 36% de los deudores jóvenes concentra sus obligaciones en neobancos y billeteras digitales. El Centro de Economía Política (CEPA) suma otra explicación: la caída del salario real, que acumula un retroceso del 8,7% desde la asunción de Javier Milei.
Demolición productiva
El Instituto Argentina Grande (IAG), con datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo y el SIPA, profundiza en la raíz del problema. Entre noviembre de 2023 y febrero de 2026 cerraron 24.437 empresas y se destruyeron 205.680 empleos privados registrados en todo el país, el peor registro de destrucción productiva desde 1996.
Buenos Aires concentra el mayor daño absoluto: 5.374 empresas menos y 73.370 puestos perdidos, casi el 22% de los cierres y más del 35% del empleo destruido a nivel nacional. Le siguen Córdoba, con 4.159 empresas y 15.460 empleos, y Santa Fe, con 2.774 cierres y 11.570 puestos. Los tres motores industriales del país son los más castigados.
En términos relativos, el golpe es más duro en el norte y la Patagonia austral. La Rioja perdió el 20,3% de su stock empresario, Catamarca el 15,5% y Chaco el 13,6%. En empleo, Santa Cruz cayó 15,9%, Tierra del Fuego 13,2% y Formosa 11,5%. Mendoza, San Juan, Entre Ríos, Tucumán y Misiones registran pérdidas de entre 5% y 8% en empresas, y de 2% a 4% en empleo formal.
La geografía de la destrucción coincide con la de la deuda. La Rioja encabeza el ranking de mora con 23,99%, seguida por San Luis (22,24%) y Santa Cruz (21,93%). Buenos Aires figura séptima con 20,17%, por encima del promedio nacional. En el otro extremo, La Pampa tiene la mora más baja del país (9,01%), seguida por CABA (11,71%) y Entre Ríos (13,3%). La coincidencia no es casual: el derrumbe de la producción y el empleo precipita la crisis de ingresos que empuja a la deuda para gastos de supervivencia, con dos años de consumo a la baja.
La única excepción es Neuquén, que muestra saldo positivo en ambos indicadores gracias al boom de Vaca Muerta, y Río Negro, que sumó empleo aunque no evitó el cierre neto de empresas. El contraste confirma que el modelo genera valor en los enclaves exportadores y destruye el tejido productivo en el resto del territorio. El primer bimestre de 2026 fue el peor desde 2007 en cierres empresariales: 2.242 empresas menos en sesenta días. Argentina pierde hoy 31 empresas y 254 empleos privados por día.
Malvinas al rescate
En ese contexto de deterioro social, el discurso por cadena nacional eligió un símbolo de la memoria histórica para recuperar agenda y relato. El mensaje, que encadenó el reclamo soberano con el RIGI, la inversión, los recursos críticos, la geopolítica, los derechos sobre Antártida y las disputas domésticas, repuso a Milei en la conversación digital, el ecosistema donde nació el experimento libertario y donde su figura transitaba una acelerada declinación.
Un relevamiento de QSocial sobre 2.775 publicaciones y 4.570 comentarios de Instagram, en las primeras catorce horas tras el anuncio, mostró un cambio de tendencia: las publicaciones sobre recursos y alianza con Estados Unidos reunieron 458.580 acciones, seis veces más que las referidas a 1982, veteranos o el Mundial. El 42,7% de las acciones se concentró en la hora posterior a la cadena, y el 56,8% en las tres horas siguientes. Según el informe, esos datos exhiben un patrón de instalación coordinada antes que de conversación espontánea.
El dato más revelador no es el volumen, sino el origen. La cuenta El Peluca Milei reunió 265.860 acciones con seis publicaciones, cinco veces el rendimiento de la Oficina del Presidente. Diez emisores concentraron el 54,7% de las acciones totales. Entre ellos se lucieron las cuentas de Las Fuerzas del Cielo, la red de militancia digital que venía brillando por su ausencia: en el debate por la ley de tierras había producido apenas el 0,9% de las interacciones en un mes, y esta vez igualó ese volumen en una sola noche.
El retorno de Las Fuerzas del Cielo marcó la consolidación de Santiago Caputo como jefe del relato, luego de un enésimo intento de reemplazo de los primos Martín y Lule Menem al amparo de Karina Milei. La pretensión de desplazar a las milicias digitales que responden al asesor monotributista por los “cuadros” formados por el documentalista presidencial Santiago Oría resultó un blef de corta duración. En parte, por mérito del propio Oría, que hilvanó papelón tras papelón.
Ya el debut había sido accidentado. Una publicación suya contra los llamados “pobristas” recibió el respaldo de cuentas automatizadas con nombres como “oxhusk, kip.eth o sadiq”, sin parecido con el perfil de un votante libertario argentino. La palabra “reply”, pegada al inicio de cada respuesta prefabricada, delató la maniobra y desató burlas dentro del propio oficialismo, donde varios pidieron el regreso de Fernando Cerimedo, el histórico armador digital de Milei, hoy detenido en Bolivia. Sin pruebas públicas de que Caputo haya ordenado el troleo, el episodio resultó suficiente para empoderar al asesor, que retomó el control de la estrategia con el discurso malvinero. Y sumó recursos extras —y potestades ampliadas— para el Sistema de Inteligencia, un insumo clave de toda campaña electoral.
El inesperado e impostado mensaje patriótico del primer mandatario es parte de una maniobra a varias bandas que pretende conectar la necesidad algorítmica del presidente con el apetito de negocios del complejo petrolero que opera en el continente con vistas a desembarcar en las cuantiosas reservas verificadas de la cuenca isleña, la picardía geopolítica de Donald Trump para acicatear la interna en el Reino Unido, la apetencia estadounidense de control sobre el Estrecho de Magallanes y el genuino reclamo soberano del pueblo argentino, en especial en las provincias donde pega con mayor fuerza el Plan de Estabilización por Inanición.