El mapa del hambre en Argentina: 550.000 hogares más que no llegan a comer todos los días
El riesgo de inseguridad alimentaria severa creció en el país entre 2010 y 2022, pero el mapa no es parejo: hay provincias donde la situación ya es crítica y otras donde el problema avanza sobre terreno que parecía seguro. Los números del informe que cambian la foto del hambre en Argentina.
La inseguridad alimentaria severa creció en la Argentina entre 2010 y 2022. La probabilidad promedio de que un hogar atraviese esa situación pasó del 7,94% al 9,49% a nivel nacional, según un informe del Observatorio de la Deuda Social Argentina de la Universidad Católica Argentina (ODSA-UCA).
Ese salto de 1,55 puntos porcentuales equivale a más de 550.000 hogares que se sumaron a la vulnerabilidad alimentaria en poco más de una década.
El trabajo se titula "La geografía del riesgo alimentario en la Argentina (2010-2022)" y cruza la precisión microterritorial de los censos nacionales con los relevamientos de la Encuesta de la Deuda Social Argentina (EDSA). Para el modelo aplicado al Censo 2010 se usaron las ondas 2010-2013; para el Censo 2022, las ondas 2021-2024.
Qué significa inseguridad alimentaria severa
El concepto refiere a las dificultades de los hogares para sostener una alimentación adecuada. Puede manifestarse en una reducción de la cantidad o la calidad de los alimentos y, en sus formas más graves, en experiencias de hambre asociadas a la falta de recursos económicos.
La herramienta estima la probabilidad de riesgo para cada hogar y agrega los resultados por radio censal, departamento, provincia y región. Es una estimación indirecta: los censos no incluyen preguntas específicas sobre inseguridad alimentaria, por lo que el modelo proyecta sobre sus datos las asociaciones observadas en la EDSA-UCA.
Durante la presentación del informe, Agustín Salvia, director del ODSA-UCA, explicó que la EDSA releva situaciones ocurridas en los últimos 12 meses por falta de recursos económicos y registra indicadores como la reducción de porciones y las experiencias de hambre. La frecuencia de esas experiencias permite establecer distintos niveles de severidad.
El investigador señaló que el problema que buscó resolver el estudio era la falta de información territorial suficientemente desagregada. "No teníamos medidas sobre lo que estaba ocurriendo en el territorio a un nivel desagregado microsocial y microterritorial", sostuvo Salvia.
La propuesta fue combinar la encuesta con los datos censales para estimar indirectamente el riesgo en cada hogar. "No midiendo en manera directa la inseguridad alimentaria en los hogares en ambos contextos porque las preguntas del censo no hacen referencia a ellos, pero sí a partir de los predictores poder identificar la probabilidad estimada", aclaró.
Las provincias con mayor y menor riesgo
Los valores más altos en 2022 se registraron en Formosa (18,77%), Chaco (17,46%) y Santiago del Estero (17,40%). Santiago del Estero y Misiones mostraron descensos respecto de 2010, mientras que Chaco se mantuvo prácticamente estable. En Mendoza, San Juan, Santa Fe y Buenos Aires, en cambio, el promedio subió durante el período analizado.
Los porcentajes más bajos aparecen en la ciudad de Buenos Aires (3,93%), Santa Cruz (6,02%) y Tierra del Fuego (6,18%).
La distribución territorial muestra una marcada persistencia. "De los 20 con mayor riesgo, 17 están presentes en los dos censos en este top 20", destacó Bonfiglio. Los tres departamentos que ocupaban las primeras posiciones se mantuvieron en 2010 y 2022.
Las brechas entre jurisdicciones no evolucionaron todas en la misma dirección. En 2022, Formosa y CABA presentaron una diferencia de 14,81 puntos porcentuales: 18,77% frente a 3,96%. El achicamiento de algunas distancias responde a una combinación de descensos en territorios que ya tenían niveles elevados y aumentos en jurisdicciones que partían de valores más bajos. Por eso, una reducción de las brechas no implica necesariamente una mejora general de las condiciones alimentarias.
Campo y ciudad: la brecha que no cede
El informe también marca diferencias entre áreas urbanas y rurales. En el rural disperso, el riesgo alimentario severo estimado se ubicó en 22,44% en 2022, frente al 23,89% de 2010. Pese al descenso, el indicador siguió siendo aproximadamente 2,5 veces superior al promedio de las áreas urbanas, que pasó de 6,89% a 8,82%. En el rural agrupado, en cambio, la cifra subió de 12,52% a 15,06%.
A escala regional, el norte del país concentra los niveles más elevados, aunque con trayectorias distintas. En 2022, el NEA promedió 15,81% y el NOA, 14,23%. El NEA fue la única de las seis regiones que registró un descenso respecto de 2010, cuando había alcanzado 16,21%; en el NOA, el indicador pasó de 13,56% a 14,23%. También aumentaron los promedios de Cuyo, Pampeana, GBA y Patagonia. Dentro de cada región hay diferencias importantes, como muestran los datos provinciales.
La comparación entre censos permite observar qué territorios mantienen niveles elevados y cuáles incorporaron nuevos aumentos, mientras que la identificación de los hogares en los grupos de mayor riesgo aporta otra perspectiva sobre su concentración territorial.
Aunque el estudio se centra en la comparación 2010-2022 por la cobertura territorial que ofrecen los censos, los investigadores se refirieron a las tendencias posteriores. Consultado por LA NACION, Salvia detalló: "Hasta ahora había subido en 2023-2024 y cayó en 2025 a niveles 2021-2022. En diciembre tendremos datos. Lo más importante son los datos censales 2010-2022: 550.000 hogares más con inseguridad alimentaria severa a nivel nacional".