El médico que lleva 50 años en Jujuy y tiene una frase que estremece: “El dolor de la gente no se puede negociar”
¿Qué lleva a un médico a dedicar 50 años de su vida a una provincia que no era la suya? Miguel Osuna, premiado con el San Salvador, revela su historia y el secreto de su vocación.
Después de más de cinco décadas dedicadas a la clínica médica en Jujuy, Miguel Ángel Osuna recibió este año el Premio San Salvador, un galardón que volvió a poner en el centro de la escena a un profesional que no solo atendió pacientes, sino que también formó a varias generaciones de doctores en la provincia.
En una entrevista exclusiva con TodoJujuy, Osuna repasó su historia, desde su llegada a la provincia con apenas 27 años hasta su jubilación en el Hospital San Roque, y dejó una definición que resume su filosofía de trabajo: “El dolor de la gente no se puede negociar”.
De Santa Fe a Jujuy: una decisión que cambió su vida
Osuna nació en la ciudad de Santa Fe y estudió Medicina en la Universidad Nacional de Córdoba. Su vocación despertó gracias a un primo hermano de su madre, gastroenterólogo y con un fuerte compromiso social.
Después de recibirse y casarse, trabajó en Córdoba y en el interior de Buenos Aires, hasta que apareció una oferta laboral en Jujuy. Llegó a la provincia entre 1972 y 1973, convencido de que sería una experiencia pasajera. “Venir a Jujuy en el año 72 o 73 era lejos”, recordó, en una época en la que las rutas y los medios de transporte hacían que la distancia con Santa Fe se sintiera enorme.
Sin embargo, el ambiente familiar que encontró en sus primeros años lo hizo quedarse. Aquella estadía temporal se convirtió, con el tiempo, en su hogar definitivo.
Más de cinco décadas de profesión
A lo largo de su carrera, Osuna pasó por distintas instituciones hasta jubilarse en el Hospital San Roque. Al mirar hacia atrás, reconoce que su forma de entender la medicina cambió con la madurez. “Uno es tan joven y quiere que no exista la enfermedad y no quiere que exista la muerte. Quiere salvar a todo el mundo”, contó.
Con los años, aprendió a convivir con los límites de la profesión y los propios. “Después, con el tiempo, uno va madurando y sabiendo sus limitaciones, las limitaciones de la profesión y las limitaciones personales”, señaló. No hay un solo paciente o episodio que marque su carrera, sino una suma de historias que reafirmaron su vocación.
El consejo para los futuros médicos
Consultado sobre qué les diría a los jóvenes que estudian Medicina, Osuna fue contundente: “La honestidad consigo mismo” es el principio que ningún profesional debería abandonar. Aunque reconoció las dificultades económicas del sector, remarcó que el compromiso con el paciente está por encima de todo. “Nosotros tenemos que ganar y todo eso, pero antes que nada hemos abrazado una profesión que tiene un gran compromiso con las personas”, expresó, y sentenció: “El dolor de la gente no se puede negociar”.
Un reconocimiento que emociona
Sobre el Premio San Salvador, Osuna destacó que la propuesta surgiera del propio ámbito médico. “Somos muchos los médicos y que la mesa directiva, la presidencia, haya pensado en mí como un proyecto del Colegio Médico, representando a todos mis colegas, me pareció demasiado generoso. Fue muy conmovedor”, dijo.
También valoró el cariño de la provincia que lo adoptó: “Que la provincia, donde yo desarrollé toda mi profesión hasta mi jubilación, me diga ‘lo apreciamos, doctor, lo reconocemos’, fue muy emocionante y lo agradezco mucho, sinceramente”, afirmó.
Más de cincuenta años después de aquella llegada que parecía provisoria, Miguel Ángel Osuna construyó en Jujuy una carrera ejemplar, marcada por la atención de pacientes, la formación de nuevos profesionales y una frase que quedará grabada: el dolor de la gente no se negocia.