El mensaje de dos letras que Raúl Moyano mandó antes de perderse en el Ñuñorco
¿Qué había detrás de ese “Bajo” que Raúl escribió antes de perderse en el Ñuñorco? La historia del docente que planificaba cada paso y aun así no volvió.
Su pareja lo esperaba del otro lado del teléfono y le escribió por WhatsApp. Él respondió con una palabra. Después, el silencio. Raúl Alfredo Moyano tiene 59 años, es docente jubilado y está desaparecido en el cerro Ñuñorco, en Tucumán. Su familia lo busca y, mientras el operativo avanza, reconstruye quién es el hombre que se perdió entre la niebla.
Liliana Tunkiewiez miraba la hora y volvía a escribirle. La tarde se apagaba sobre la montaña y Raúl seguía ahí arriba. Llevaban ocho años de relación y ella conocía de memoria esa terquedad: cuando se proponía algo, era muy difícil hacerlo cambiar de idea. “Sos un hincha pelotas, ¿qué hacés ahí?”, recuerda que le decía.
El último mensaje que recibió fue brevísimo: “Bajo”. Desde entonces no volvió a saber de él.
Su hija, Suyay Moyano, lo define con las mismas palabras que su pareja: “Muy activo, muy organizado. Siempre tenía qué hacer, muchos proyectos”.
De Río Seco a la Patagonia
Moyano nació en Río Seco, en el departamento Monteros, y pasó buena parte de su vida adulta en Río Negro. Se crió en el sur tucumano, donde todavía está la casa familiar, estudió en la Escuela Normal y se recibió de maestro. Con poco más de 20 años se instaló en el sur en busca de trabajo.
Primero estuvo en la cosecha de manzanas y llegó a ser cajero de Casa Tía. Después arrancó la carrera docente que lo llevaría por escuelas de Cipolletti, Cinco Saltos y varias localidades rurales de Río Negro. Fue coordinador de una escuela albergue en El Manso, director en Pilcaniyeu y trabajó en Río Villegas antes de llegar al cargo de supervisor. Ni siquiera en los puestos directivos se alejó del aula.
“Siempre le gustaron las escuelas rurales, donde el trato con los chicos es otro, es más cercano”, cuenta su hija. Liliana, por su parte, subraya su vocación y su compromiso con la enseñanza. Ese cariño quedó: en distintas localidades, exalumnos que hoy son adultos todavía lo reconocen y se le acercan a saludarlo.
Un padre presente y una vida en movimiento
Raúl es padre de Matías, de 32 años, y de Suyay, de 27. Aunque está separado de la madre de sus hijos desde hace tiempo, su hija lo recuerda como un padre presente, que aprovechaba fines de semana y feriados largos para visitarla.
Hace una década pidió el traslado a Bariloche, atraído por la posibilidad de vivir cerca de la naturaleza. Ahí encontró el escenario ideal para caminar, recorrer senderos y disfrutar de la montaña. Con Liliana sostuvo una relación atravesada por las distancias: ella vivía en Cipolletti mientras él trabajaba en distintas localidades, así que compartían viajes, fines de semana y vacaciones. Juntos recorrieron varios puntos de la Patagonia y visitaron Tucumán en más de una oportunidad.
El trekking era parte de su rutina. Con un fin de semana libre, preparaba la mochila y salía a caminar por senderos cordilleranos y lagunas de altura. También iba al gimnasio y andaba en bicicleta. Liliana asegura que era precavido y que planificaba cada recorrido: llevaba agua, fruta, cereales y ropa de recambio, y armaba mapas o croquis según la duración de la salida.
“Es muy mental y precavido. No es que agarra agua y se va”, explica. Por eso, quienes lo conocen intentan entender qué pudo haber pasado durante esa caminata en el Ñuñorco.
Los planes después de la jubilación
En mayo terminó formalmente su carrera docente, pero no pensaba dejar de trabajar. Había conseguido tareas administrativas en una delegación de la Mutual del Magisterio en Bariloche y evaluaba otras alternativas para generar ingresos.
Tenía en mente cambiar su Fiat Cronos para hacer traslados o repartos. Durante años había organizado viajes compartidos a Chile para llevar pasajeros que cruzaban la cordillera a hacer compras. También analizaba qué hacer con un terreno que tiene en Cipolletti: con Liliana habían hablado de construir ahí, venderlo o mudarse a El Bolsón.
“Es una persona muy buena. Si te tiene que ayudar, te va a ayudar”, dice Suyay sobre su padre, a quien describe como alguien que siempre encontraba una nueva actividad o un proyecto por delante.
El regreso a Tucumán y la caminata al Ñuñorco
Raúl nunca perdió el vínculo con su provincia. Mientras su madre vivía, volvía al menos una vez al año para visitarla y reencontrarse con sus hermanos, primos y tías. Tras el fallecimiento de ella, regresó a Tucumán para una misa en su memoria y se instaló en la casa familiar de Río Seco.
El lunes 12 acompañó a su hermano José y a su cuñada hasta El Mollar, donde están construyendo una pequeña casa. Mientras ellos hacían algunos arreglos, decidió salir a caminar. Cerca de las 11 empezó el ascenso al Ñuñorco. Durante varias horas envió fotos, audios y mensajes. Según la denuncia policial, a las 17.20 todavía estaba en la montaña.
Liliana seguía en contacto con él. Raúl le había contado de la niebla y de que “el camino estaba cerrado”. Preocupada por cómo pasaban las horas, volvió a preguntarle si seguía ahí. Entonces llegó el “Bajo”. Fue lo último que recibió. Al día siguiente supo que lo estaban buscando y su nombre quedó atado al operativo desplegado en el cerro, con rescatistas, drones, helicópteros y baqueanos.
Detrás de la búsqueda, su familia sigue recordando al docente, al padre presente y al hombre que encontraba en los viajes y en la naturaleza una forma de vivir.