El misterio de los 3,8 billones: Caputo asegura que están, pero el mercado sospecha que los usa para jugar con la tasa
¿Dónde están los 3,8 billones de pesos que el Gobierno tomó en deuda? Caputo dice que son trazables, pero el mercado sospecha que se usan para manipular la tasa y pagar la fiesta con impuestos.
El ministro de Economía, Luis Caputo, salió a defender la transparencia de los fondos del Tesoro, pero sus palabras no convencieron a nadie. Mientras tanto, la oposición y el mercado exigen respuestas sobre el destino de una cifra millonaria que no aparece en los registros del Banco Central.
La polémica estalló cuando la diputada Marcela Pagano denunció ante la Justicia que unos 3,8 billones de pesos obtenidos por el Gobierno a través de deuda no fueron depositados en el Banco Central. Caputo respondió en su cuenta de X que esos fondos tienen “pública trazabilidad”, pero no dio detalles concretos.
El presidente Javier Milei no se quedó atrás y compartió el posteo de Caputo con un mensaje contundente: “DESENMASCARANDO A MENTIROSA SERIAL. NO SORPRENDE LA BASURA QUE ES, YA QUE ES PERIODISTA”. Las críticas no tardaron en llegar, incluso desde sectores que suelen apoyar al oficialismo.
¿Dónde están los pesos?
El escándalo se profundizó con las declaraciones del presidente del Banco Central, Santiago Bausili, quien respondió con ironía a un periodista que preguntó por el destino de unos 4 billones de pesos: “Si buscamos bien, en algún lado están”. Esa respuesta generó indignación en el mercado, que esperaba una explicación seria.
Según los datos disponibles, los 3,8 billones de pesos habrían sido depositados en cuentas del Tesoro en bancos comerciales, principalmente en el Banco Nación, el mismo 31 de julio. Sin embargo, las estadísticas son parciales y no reflejan los movimientos diarios de esos fondos.
La estrategia que sospecha el mercado
Los analistas creen que el Gobierno está utilizando esos fondos para “hacer política monetaria”, una tarea que le corresponde al Banco Central. La estrategia consistiría en tomar deuda a una tasa más alta que la inflación y luego colocar ese dinero en plazos fijos a tasas más bajas, lo que implicaría una pérdida para el Tesoro.
En concreto, el Gobierno pagaría alrededor del 38% anual por la deuda emitida (8% más que la inflación del 30%), pero depositaría los fondos en el Banco Nación a tasas del 20% al 25%. Esa diferencia se usaría para intervenir en el mercado de pesos y bajar las tasas de interés de las cauciones.
Esta práctica, que el mercado denuncia como “timba financiera”, tendría un costo que finalmente pagan los argentinos con sus impuestos, mientras el Gobierno busca mostrar un superávit fiscal que no sería real.
La falta de transparencia y la actitud desafiante de los funcionarios generan desconfianza entre los operadores, que ya no saben a qué atenerse con las estadísticas oficiales.