El misterio del norte neuquino: dos muertes separadas por 60 años y un mismo enigma sin resolver
Dos muertes, 60 años de diferencia y un mismo enigma: ¿qué pasó realmente en el norte neuquino? La leyenda de Celmira y el caso de Ramón, ¿un simple accidente o algo más?
El norte neuquino vuelve a estar en el centro de la escena por un caso que estremece: la muerte de Ramón Darío Hernández en La Cañada Los Duraznos, un criancero hallado sin vida en su sillón, reaviva la leyenda de Celmira Yáñez, desaparecida en los años 60 a orillas del río Neuquén. Dos historias separadas por seis décadas y apenas cinco kilómetros, unidas por un mismo silencio que no encuentra respuestas.
Celmira tenía 20 años cuando su rastro se perdió para siempre. Solo quedaron su ropa y un cuaderno con versos de despedida. Ramón, de 54, fue encontrado arrodillado, con un corte profundo en el pie. La autopsia reveló que murió por una abundante pérdida de sangre, pero no hay indicios de criminalidad. La fiscalía investiga.
El caso Celmira: una desaparición que se volvió mito
En 1966, Celmira Yáñez escribía décimas para sobrellevar el abandono y la tristeza. Sus versos, cargados de dolor, anticipaban su partida: “Adiós mi tierra querida donde me crié tantos años! Con mis piernas temblorosas yo seguiré caminando...”.
Un día, su ropa y su cuaderno aparecieron a orillas del río Neuquén. Su cuerpo jamás fue hallado. Los lugareños aún debaten si se arrojó a la correntada por amor o si cruzó a Chile. Lo cierto es que sus décimas siguen entonándose en el Alto Neuquén, y Celmira se transformó en leyenda.
Ramón: el corte que nadie vio
Ramón Darío Hernández era un criancero del paraje El Boleadero, en Los Miches. Vivía en Andacollo, pero su verdadera casa era el campo. Pasó 48 horas sin que nadie lo viera en La Cañada Los Duraznos. Cuando lo hallaron, estaba arrodillado en su sillón, sin vida.
La autopsia determinó que murió por una abundante pérdida de sangre tras un corte profundo en el dedo gordo del pie derecho. Había otras heridas, pero serían anteriores. La fiscalía secuestró una garrafa y busca esclarecer si fue un accidente o algo intencional. Por el momento, no hay señales de criminalidad.
¿Por qué no pidió ayuda?
La pregunta que sobrevuela es inevitable: ¿si estaba herido, por qué no pidió ayuda? ¿Pudo? ¿Quiso? Ramón se fue como vivió: en soledad, sin dejar nota, sin audio, sin mensaje. Solo el silencio de La Cañada Los Duraznos fue testigo.
Para un criancero acostumbrado a curarse solo, pedir ayuda no siempre es el primer reflejo. El orgullo, la distancia y la falta de señal son factores que juegan en contra. En el norte, la soledad mata tanto como el frío.
El último rezo: entre la fe y la ciencia
El hallazgo de Ramón arrodillado despertó el imaginario popular. En los parajes, la fe es parte de la vida y de la muerte. Muchos vecinos ya hablan de “el último rezo”: un hombre pidiéndole a Dios que lo sostenga. No hay evidencia de ritual, pero el mito nace cuando la ciencia no alcanza. Como con Celmira.
La justicia nunca tuvo el cuerpo de Celmira. Con Ramón tiene el cuerpo, pero le falta el motivo. En ambos casos, falta la última página.
Lo que dejaron: versos y silencio
Celmira dejó sus cuadernos con décimas de despedida, escritas de puño y letra: “Con el corazón desgarrado y el alma sola me voy de mi pago querido, sin saber a dónde voy, solo porque me han herido”. El río se llevó su cuerpo, pero sus versos la mantienen viva en la memoria de las cantoras.
Ramón no dejó cartas ni mensajes. No hay confirmación oficial sobre el secuestro de su celular, pero si lo tenía, podría guardar la clave de lo que pasó. ¿Un WhatsApp? ¿Una llamada de auxilio? El misterio lo envuelve todo.
Un enigma que persiste
En Los Miches, Andacollo y Huinganco, las historias se cuentan en voz baja. De mujeres que se van al río, de hombres que se van al cerro y no vuelven. Celmira se volvió décimas que se cantan hace 60 años. Ramón recién empieza a ser pregunta.
¿Será Ramón el nuevo mito del norte neuquino? ¿Dentro de 60 años se hablará de él con la misma incertidumbre que hoy se habla de Celmira? Por ahora, el norte lo despidió en el cementerio de Los Miches, entre sus animales y su tierra, y guarda un enigma que, como el de Celmira, solo sus cuatro paredes conocen.