El misterio que nadie pudo resolver: ¿qué pasó con los dos seminaristas desaparecidos en 1976?

Un operativo al amanecer, un llamado telefónico y un accidente que salvó una vida: la historia de dos seminaristas desaparecidos en 1976 que la Iglesia aún no termina de contar.

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Hace casi 50 años, dos jóvenes frailes asuncionistas fueron secuestrados de su casa en San Miguel. Nunca más se supo de ellos. La historia, que involucra a un superior vinculado a Montoneros, un llamado telefónico clave y un tercer seminarista que se salvó por un accidente, sigue siendo un enigma.

Corría el año 1976. La dictadura cívico-militar ya había tomado el poder, pero la violencia política venía de antes. En ese contexto, la congregación de los Asuncionistas en la Argentina vivía una crisis interna. La casa de formación del barrio Manuelita, en San Miguel, era el epicentro de un conflicto entre el superior, el padre Jorge Adur, y los seminaristas Carlos Di Pietro, Raúl Rodríguez y Luis Rendón.

¿Quién era el padre Adur?

Jorge Adur, el superior de la casa, tenía un perfil político marcado. Los seminaristas se quejaban de sus ausencias y del tono de sus homilías. Incluso el entonces superior jesuita, Jorge Bergoglio, se había quejado de los insultos públicos de Adur. La situación era insostenible.

El padre Roberto Favre, superior regional de los asuncionistas, decidió disolver la comunidad. La comunicación oficial estaba prevista para el lunes 7 de junio. Pero el 4 de junio, al amanecer, un operativo policial rodeó la casa. Buscaban a Adur, pero él no estaba: había sido advertido por Montoneros, organización a la que ya pertenecía en secreto.

Un llamado que heló la sangre

Los efectivos que allanaron el lugar interrogaron a Di Pietro y Rodríguez. Horas después, Carlos llamó al padre Favre: “Recibimos un telegrama para él y se lo tenemos que entregar”, dijo. Favre intuyó algo raro. Antes de cortar, Di Pietro sentenció: “Que la paz de Jesús esté con vos”. Esa fue la última noticia de ellos.

El tercer seminarista, Luis Rendón, volvía de visitar a su familia en Olavarría. Un accidente de tránsito demoró su llegada. Eso le salvó la vida. No había celulares ni internet. Nunca se supo más de Carlos y Raúl.

Adur, en tanto, pasó esa noche en un departamento de Recoleta que le habían prestado, y luego fue recluido en un monasterio benedictino antes de salir del país. La historia completa, con las biografías de los protagonistas, se promete para una próxima entrega.

Casa asuncionista del barrio Manuelita

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