El mítico asado libre de Neuquén que sedujo a Favaloro, Serrat y Pérez Companc

El histórico local del Balneario Municipal recibió a figuras de la política, el deporte y el espectáculo. Su dueño, Ricardo Blanco, recuerda las anécdotas y el insólito incendio que lo destruyó en 1989.

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El mítico asado libre de Neuquén que sedujo a Favaloro, Serrat y Pérez Companc
El mítico asado libre de Neuquén que sedujo a Favaloro, Serrat y Pérez Companc

Ricardo Blanco, de 83 años, repasa los años dorados de El Trébol, la primera parrilla de tenedor libre de Neuquén, un reducto del Balneario Municipal que durante más de una década fue punto de encuentro de políticos, empresarios y estrellas. Por sus mesas pasaron Joan Manuel Serrat, Atahualpa Yupanqui, René Favaloro, Gregorio Pérez Companc y hasta los luchadores de Titanes en el Ring.

El local, que abrió en 1974, ofrecía un asado banderita sin límites y unas mollejas que eran la niña bonita de la casa. Ricardo, conocido como Coco, atendía a más de 150 comensales por día y los fines de semana la fila daba dos vueltas al salón. "Tenía que repartir números", recuerda.

De pulidor de pisos a dueño de parrilla

Blanco llegó a Neuquén en 1963, con 19 años, para visitar a su hermano Hugo, boxeador local. Antes, su familia había vivido los vaivenes políticos en Buenos Aires: su padre fue agente durante el velatorio de Eva Perón y presenció los bombardeos de la Revolución Libertadora. "Mi viejo aparecía a la noche sangrando por las bombas y los gases", relata.

En Neuquén trabajó como pulidor de mosaicos, dejando brillantes los pisos del Banco Nación y del Correo, y luego en un taller de chapa y pintura. Pero el miedo a las descargas eléctricas lo empujó a cambiar de rubro. En 1974, su hermano Hugo se quedó sin capital para terminar una parrilla y Ricardo, que había ahorrado jugando al bowling por plata en el casino del aeropuerto, decidió asociarse. "Le di unos cheques y nos asociamos. La parrilla se llamaba 'Ruca Hueney', pero yo le dije: 'Vamos a ponerle El Trébol, va a andar bien'", cuenta. Al año siguiente quedó como único dueño.

El balneario, la competencia y el pollo al celofán

El Balneario Municipal era "el caballito de batalla de Neuquén", según Blanco. Allí, El Trébol competía con otras parrillas, pero su secreto estaba en la calidad y la abundancia. El famoso "infiernillo" llegaba a la mesa rebosante de asado, chinchulines, tripa gorda, morcilla, chorizo, matambre y mollejas. "Te mataba", afirma.

La casa impuso una novedad para los años 80: el pollo al celofán, cocinado a la parrilla con manteca, limón y especias. Además, creó el sistema de parrilla libre: "Comías hasta que te cansabas. No te daba ni café ni té para que no me hicieras sobremesa, porque siempre tenía gente esperando afuera", confiesa.

Figuras y anécdotas

El salón era un desfile de personajes. "El que no iba a mi parrilla, no conocía Neuquén", asegura Blanco. Entre las anécdotas, recuerda al elenco de Titanes en el Ring, que estuvo un mes en la ciudad: "Los luchadores me pedían aceite Cocinero para pasarse por el cuerpo y tomar sol. Cuando venía Martín Karadagian, nadie podía sentarse en la cabecera de la mesa, era exclusiva para él".

"A Joan Manuel Serrat me lo trajo Pablo Celoria. Se había presentado en Cipolletti. Un señor Serrat", dice. "Favaloro vino porque lo traía el doctor Lozada, muy conocido en la ciudad". También pasaron Gregorio Pérez Companc, Ringo Bonavena, Gustavo Ballas y ex gobernadores como Felipe Sapag, Jorge Sobisch y Pedro Salvatori.

El trágico final

El 14 de mayo de 1989, la historia dorada se redujo a cenizas. Mientras Blanco compraba focos en una ferretería, un vecino en un Fiat 600 le gritó que su local estaba en llamas. El origen fue insólito: unos gatos se pelearon en el techo de chapa y paja, movieron los cables y, con el filo de la chapa, se pelaron. Al encender la luz, hubo un cortocircuito y se prendió toda la paja. "Ese fue el final. Se quemó todo", lamenta.

A pesar del desenlace, Blanco mira hacia atrás sin reproches: "No me arrepiento de nada. Fue hermoso; a El Trébol venía todo Neuquén y fue increíble". Después de 37 años, volvió a pisar el Balneario Municipal, un pedazo de su vida.

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