El mito del volumen: por qué bajar la música en el gimnasio no te hace entrenar menos
¿Realmente necesitas que la música esté a todo volumen para rendir más en el gimnasio? Un estudio científico desmonta este mito y revela un dato crucial sobre la salud de tus oídos que todos los que entrenan deberían conocer.
Un estudio científico pone en duda una creencia arraigada en los gimnasios: que la música a todo volumen mejora el rendimiento. La investigación revela que entrenar con el sonido más bajo no reduce el esfuerzo percibido, pero sí puede proteger de un daño permanente en la audición. Los detalles de un hallazgo que podría cambiar el ambiente de las clases grupales.
Especialistas de la Universidad del Sur de California lideraron el trabajo, que analizó específicamente cómo influye el volumen en el esfuerzo de quienes participan en clases grupales de ejercicio. El enfoque se centró en datos concretos y percepciones reportadas por los propios asistentes.
¿En qué consistió el experimento?
Los investigadores analizaron datos de 189 personas que asistían a clases de entrenamiento con pesas en Los Ángeles. El diseño del estudio fue meticuloso: en algunas sesiones, la música se reprodujo a un volumen promedio de 91,4 decibeles, mientras que en otras se redujo deliberadamente a 88,5 decibeles.
Tras cada clase, los participantes completaron encuestas para evaluar cuánto esfuerzo creían haber realizado durante el entrenamiento. La comparación de los resultados arrojó una conclusión contundente.
Quienes participaron en las clases con música más baja no reportaron un menor nivel de esfuerzo en comparación con quienes entrenaron con el sonido más alto. Los hallazgos fueron publicados en la revista científica *JAMA Otolaryngology – Head and Neck Surgery*.
Una advertencia para la salud auditiva
La organización británica RNID, dedicada a la prevención de la pérdida auditiva, respalda la preocupación que motiva este estudio. Franki Oliver, gerente de audiología de RNID, explicó que la exposición a niveles de sonido fuertes es una de las principales causas de pérdida auditiva y tinnitus, pero también una de las más prevenibles.
Según la especialista, bajar el volumen en las clases de fitness es una medida simple con un impacto significativo para reducir ese riesgo. También recomienda mantener cierta distancia de los altavoces durante la actividad como una precaución adicional.
Entonces, ¿la música no sirve para entrenar?
Todo lo contrario. Aunque el volumen alto no demostró beneficios, la música en sí mantiene un papel crucial. Los estudios en psicología del deporte indican que puede ayudar a distraer la atención del cansancio y mejorar notablemente la motivación.
El investigador Matthew Stork detalla que durante el ejercicio el cerebro recibe muchas señales físicas, como el aumento del ritmo cardíaco. La música actúa como un elemento de distracción que hace que la mente preste menos atención a esas sensaciones de fatiga.
La clave no está en los decibeles
Los expertos señalan que hay un factor musical más importante que el volumen: el tempo o ritmo. En actividades cardiovasculares, muchas personas sincronizan mejor su movimiento con música que tenga entre 120 y 140 pulsaciones por minuto, un rango que suele coincidir con la frecuencia cardíaca durante el ejercicio.
Además, el componente personal es vital. Christopher Ballman, profesor de kinesiología, sostiene que escuchar canciones que realmente gustan a cada individuo puede aumentar la motivación intrínseca y hacer que la sesión de entrenamiento sea más placentera.
Señales de alerta que no hay que ignorar
Los especialistas recomiendan estar atentos a ciertos síntomas después de una exposición repetida a música fuerte, como en un gimnasio. Entre las señales de alerta se encuentran zumbidos en los oídos, una sensación de oído tapado o dificultad para seguir conversaciones en ambientes con ruido de fondo.
Si estos síntomas aparecen con frecuencia después de entrenar, se aconseja realizar una consulta con un profesional de la salud. La conclusión de los expertos es clara: reducir el volumen en los espacios de fitness es una intervención sencilla que protege la audición sin comprometer la intensidad del workout.