El mito que esconde la Mendoza antisísmica: qué dijo el experto del CONICET
¿Sabías que la idea de una Mendoza diseñada para resistir terremotos es un mito? Un experto del CONICET revela qué hay de cierto y qué peligros siguen latentes.
¿Está realmente preparada Mendoza para un terremoto de gran magnitud? La respuesta del arquitecto Jorge Ricardo Ponte, investigador del CONICET, pone en duda algunas certezas históricas y revela qué aspectos siguen siendo vulnerables.
En una entrevista con el programa "Tenés que saberlo" de Radio Post, el especialista en historia urbana analizó la capacidad de la provincia para enfrentar un sismo devastador. Su mirada crítica desmonta mitos instalados durante décadas y alerta sobre los riesgos que persisten.
¿Por qué Mendoza y San Juan son diferentes?
Ponte explicó que ambas provincias comparten una particularidad única en Argentina: una cultura antisísmica forjada a partir de la destrucción. "Mendoza y San Juan son las dos ciudades de mayor riesgo sísmico en la Argentina y las dos han sido destruidas por terremotos", recordó.
El terremoto de 1861, que devastó Mendoza, no pudo medirse científicamente por falta de instrumentos, pero la magnitud de la destrucción da cuenta de su intensidad. El especialista también aclaró que no todos los sismos tienen el mismo origen: algunos responden al desplazamiento de placas tectónicas, mientras que otros obedecen a procesos más profundos.
El mito de la ciudad diseñada para resistir sismos
Una de las ideas más arraigadas es que Mendoza fue reconstruida tras 1861 con un trazado específicamente antisísmico. Ponte fue contundente: "Eso es un mito". Según el investigador, los documentos legislativos de la época muestran que no existía una comprensión científica del fenómeno, y circulaban explicaciones religiosas o teorías sobre energías que saltaban entre montañas.
Incluso las plazas, emblema de la ciudad, no fueron concebidas como refugios ante sismos. "El modelo de la plaza central acompañada por plazas periféricas tiene antecedentes en otros desarrollos urbanos, particularmente en Filadelfia", señaló.
Edificios nuevos vs. construcciones antiguas
Consultado sobre la resistencia de los edificios, Ponte indicó que la respuesta depende de la época de construcción. "Los edificios relativamente recientes deberían responder a los criterios establecidos por la normativa vigente al momento de su construcción. El problema aparece con las edificaciones antiguas", afirmó.
Mendoza fue durante mucho tiempo una ciudad de adobe, un material sin la elasticidad necesaria para un movimiento sísmico. Aunque muchas eran de un solo piso, representan un punto de vulnerabilidad. "En la misma ciudad conviven construcciones realizadas bajo normas y criterios completamente diferentes", agregó.
¿Se pueden construir rascacielos en Mendoza?
Ponte recurrió a la experiencia chilena para responder: "Chile enfrenta condiciones sísmicas similares y ha demostrado que es posible construir edificios altos y resistentes". El factor clave no es la altura, sino el diseño estructural y el cumplimiento de las normas.
El código de edificación de 1903 fue el primero en incorporar consideraciones sísmicas, y el de 1927 significó un avance mayor. El Pasaje San Martín, construido entre 1928 y 1930, fue un ejemplo: tras un terremoto posterior, se comprobó su buen comportamiento estructural, aunque al principio los mendocinos temían ocupar sus pisos superiores.
Construir en zona sísmica encarece los costos, advirtió, debido a las exigencias estructurales.
Más allá de los edificios: la ciudad entera
Para Ponte, pensar solo en estructuras es un error. "La ciudad también debe estar preparada para responder al terremoto", sostuvo. Carteles, macetas y objetos en balcones pueden volverse peligrosos durante un sismo. "Podés haber logrado salir de un edificio y terminar con un cartel cayendo sobre tu cabeza", ejemplificó.
La prevención debe ser una estrategia urbana integral: veredas libres de obstáculos, calles que permitan el paso de ambulancias y una regulación municipal del espacio público.
Las plazas: una consecuencia, no un diseño
Ponte insistió en que las plazas, aunque útiles como espacios de concentración, no fueron creadas con ese fin. "Cuando el mundo no sabía por qué se producían los sismos, Mendoza ya estaba diseñando una ciudad antisísmica", ironizó, calificando esa idea como una construcción posterior.
El investigador, autor de "Mendoza, aquella ciudad de barro", dejó una advertencia final: una ciudad preparada para un terremoto no es solo aquella con edificios seguros, sino también con espacios públicos adecuados, prevención, infraestructura y una población que sepa actuar.