El monje que ganó un concurso asesinando a 1360 prisioneros en una noche

Un concurso macabro en un campo de concentración, un cuchillo letal y un seminarista que se convirtió en el mayor asesino de la noche. Lo que pasó después es todavía más escalofriante.

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El monje que ganó un concurso asesinando a 1360 prisioneros en una noche
El monje que ganó un concurso asesinando a 1360 prisioneros en una noche

La noche del 29 de agosto de 1942, en el campo de concentración de Jasenovac, los guardias organizaron un torneo macabro: el que más prisioneros matara, ganaba. El vencedor, un seminarista croata llamado Petar Brzica, habría degollado a 1360 personas en una sola noche, según la leyenda que rodea al hecho.

La competencia, que se repetía con frecuencia en el campo, exigía que cada asesinato se cometiera con el srbosjek, un pequeño cuchillo corvo muy afilado que se sujetaba a la mano y que era parte de la tradición croata de los ustachas, la milicia fascista aliada de los nazis.

Brzica, que antes de ser guardia había sido seminarista y luego, se presume, se convirtió en sacerdote franciscano, era considerado un maestro en el uso de esa arma. Su sadismo no tenía límites: era capaz de cometer los actos más abyectos sin mostrar el menor cargo de conciencia.

El premio del campeón

Por su récord, Brzica recibió como premio un reloj de oro, un juego de vajilla de plata, un cerdo asado, varios vinos, una fiesta en su honor y la coronación como “El Rey Serbio de los Asesinatos”. Al día siguiente, lo pasó borracho, contando a los gritos y entre carcajadas cómo había matado a sus víctimas.

El testimonio de otro guardia, Mile Friganovic, recogido en el libro The role of the Vatican in the breakup of the Yugoslav State de Milan Bulajich, describe la escena con crudeza: “El franciscano Petar Brzica, Ante Zrinusic, Sipka y yo apostamos para ver quién mataría más prisioneros en una noche. La matanza comenzó y, después de una hora, yo maté a muchos más que ellos. Me sentía tocando el cielo con las manos. Nunca había sentido tal éxtasis en mi vida; después de un par de horas había logrado matar a 1100 personas, mientras los otros pudieron matar entre 300 y 400 cada uno”.

Friganovic relata que, en medio de su éxtasis, se encontró con un viejo campesino que lo miró con tranquilidad. Tras torturarlo, el hombre le dijo: “¡Haga su trabajo, criatura!”. Esas palabras lo congelaron y no pudo matar más esa noche. Brzica ganó la apuesta con 1360 muertes.

El horror de Jasenovac

El campo de concentración de Jasenovac fue creado por el gobierno ustacha de Ante Pavelic, aliado de Hitler y Franco. Se calcula que allí murieron más de 700.000 personas: serbios, judíos, musulmanes, gitanos, eslovenos, partisanos yugoslavos, disidentes, comunistas y cualquier opositor ideológico o religioso del régimen. Hombres, mujeres, niños y ancianos.

El srbosjek no era el único método de muerte. Los guardias destrozaban cráneos con mazas, pegaban balazos en la nuca, ahogaban a los prisioneros en el río Sava, los dejaban morir de inanición, los prendían fuego vivos o los mataban a hachazos. También utilizaron una cámara de gas en la que murieron decenas de miles de personas.

Egon Berger, un sobreviviente, escribió en su libro 44 meses en Jasenovac: “Uno de los ustachas, un niño de 12 años, sacó su cuchillo y le cortó las orejas a un sacerdote”. El hedor de los cadáveres enterrados en fosas poco profundas invadía el lugar durante el verano.

El escritor italiano Curzio Malaparte, en su novela Kaputt, relata que durante una entrevista con Pavelic, el dictador le mostró un cesto de mimbre que contenía “veinte kilos de ojos humanos”, un regalo de sus fieles ustachas.

El final de la guerra y la fuga

El 21 de abril de 1945, cuando la guerra ya estaba perdida para los nazis, los guardias cometieron la última matanza: asesinaron a más de 2000 prisioneros en pocos minutos, solo para no permitirles vivir en un mundo sin fascismo. Luego huyeron.

Brzica logró escapar y se cree que apareció en Estados Unidos, donde se benefició del encubrimiento durante la Guerra Fría. En 1970 fue incluido en una lista de 59 nazis que se escondían en ese país, pero nunca fue extraditado ni juzgado. Su fecha de muerte es incierta: algunos afirman que murió en 2007, otros en 2013 a los 93 años. Su rastro se perdió para siempre.

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