El Montecito sin El Polaco: quiénes cuidan a los 800 perros que él dejó
¿Quién se ocupa ahora de los 800 perros que El Polaco dejó en El Montecito? A un mes de su muerte, el refugio se reorganiza y aparece una campaña que nadie esperaba.
Un mes después de la muerte de Eduardo “El Polaco” Groh Riemersma, el refugio El Montecito de los Canichones sigue en pie y sostiene a entre 750 y 850 perros que dependen de sus cuidados. El lugar, ubicado a unos 30 kilómetros de la ciudad, intenta recuperar su ritmo tras la conmoción que provocó la partida de su fundador.
En una recorrida por el predio, el equipo de este medio fue recibido por cientos de animales, trabajadores y miembros de la comisión que hoy llevan adelante las tareas cotidianas. No hay un censo exacto de la población canina: la cifra aproximada es la que el propio Polaco solía mencionar.
Los perros están distribuidos según sus características y necesidades. Algunos caminan en libertad y otros permanecen sectorizados por tamaño, edad, estado de salud y grado de agresividad, para garantizar una convivencia segura dentro del amplio terreno.
“Nunca va a ser lo mismo”
Martín Cabral, encargado operativo del Montecito, explicó que el refugio se sostuvo gracias a la unión del equipo que acompañaba a El Polaco. “Hoy hemos vuelto prácticamente a una normalidad absoluta. Cuando hablo de normalidad, obviamente no va a ser nunca lo mismo. No está el Pola”, señaló.
Para Cabral, el legado de Groh Riemersma va más allá de la idea de un refugio. “Él le había dado no un refugio, sino un hogar”, sostuvo.
En esa línea, detalló que continúan trabajando empleados que llevan entre cinco y siete años vinculados al lugar, además de los integrantes de una comisión con más de dos décadas de trayectoria. También se sumaron dos empleados para el turno nocturno, justo el horario en el que El Polaco solía permanecer junto a los animales.
Alimento, donaciones y una campaña de adopción
Una de las principales inquietudes que aparecieron tras el fallecimiento fue garantizar la comida para cientos de perros. Cabral aseguró que el abastecimiento continúa con normalidad y que el equipo trabaja para mantener las reservas. Las donaciones siguen abiertas a través de los canales oficiales del refugio.
Otro de los proyectos que la comisión empezó a preparar es una campaña de adopción. Cabral aclaró que la iniciativa no busca desprenderse de los animales, sino completar el ciclo que durante años caracterizó al Montecito: rescatar, recuperar y encontrar un hogar para los perros que ya están en condiciones de ser adoptados.
“Los animales que el Polaco traía rotos, se les curaba y hoy necesitan un hogar”, explicó. La idea es que cada adopción libere capacidad operativa para recibir nuevos rescates. “Significa que vamos a poder recibir 40 más, porque la capacidad operativa sigue al 100%”, agregó.
Desde el refugio aclararon que la campaña se presentará formalmente una vez que estén definidas las pautas y el marco legal necesarios para garantizar el bienestar de cada animal.
Qué pasó con los perros más cercanos a El Polaco
Tras la muerte de Groh Riemersma hubo una situación particular con los animales que tenían un vínculo más estrecho con él. Cabral contó que, en los primeros días posteriores al fallecimiento, el equipo atravesó momentos de mucha desorganización y conmoción. Algunos animales especialmente vulnerables llegaron incluso a escaparse.
Ante ese panorama, decidieron trasladar a un grupo de perros particularmente apegado a El Polaco hacia hogares de tránsito. “Se consiguieron cinco familias de oro”, destacó Cabral. Esos animales permanecen bajo cuidado y forman parte de la planificación para futuras adopciones.
El refugio sigue adelante
A casi un mes de aquella despedida multitudinaria que conmovió a Santiago del Estero, cuando decenas de perros acompañaron el cortejo fúnebre de El Polaco, el Montecito enfrenta el desafío de continuar sin quien durante años fue su principal referente.
“Después de cada tormenta uno se va fortaleciendo”, reflexionó Cabral. La comisión continúa trabajando, las puertas siguen abiertas para los voluntarios y los responsables del lugar buscan mantener las pautas de organización que había establecido su fundador.
Mientras tanto, cientos de perros siguen recorriendo los espacios del Montecito, esperando una segunda oportunidad.





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