El motor que no llega a los bolsillos: ¿qué se lleva la renta del campo?
La agroindustria liquidó US$5100 millones en el primer trimestre, pero impuestos como retenciones capturan hasta dos tercios de la renta, con el trigo al 104,4%, según FADA. Aumentan costos por guerra y clima.
La agroindustria liquidó más de US$ 2000 millones en marzo, sumando US$5100 millones en el primer trimestre, una cifra clave para la economía, pero los beneficios se diluyen antes de llegar a productores y empresas. Este flujo de divisas, muy similar a las compras del Banco Central, ayuda a contener el tipo de cambio y la inflación, pero la realidad en el sector es otra.
Retenciones y otros impuestos capturan gran parte de lo generado por la amplia cadena agropecuaria, con sus industrias y servicios asociados. Las mujeres y varones que trabajan en esta red federal ven poco del boom que invocó el ministro de Economía, Luis Caputo.
Los beneficios de producir alimentos y energía en cantidades que otros países envidian se esfuman. El motor productivo, que sólo es líder mundial en fútbol y agroindustria, funciona a media máquina porque los impuestos se llevan entre la mitad y dos tercios de la renta agrícola.
El caso crítico del trigo
El dato más alarmante es el del trigo, con una carga impositiva que llega al 104,4%. Según Fiorella Savarino, economista de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de la Argentina (FADA), “el resultado económico no alcanza siquiera para cubrir el pago de los impuestos”.
Sería distinto si esa renta quedara como capital de trabajo en manos de quienes la generan. En Brasil, por ejemplo, políticas que trascienden partidos han reducido la pobreza sin fórmulas de supuesto equilibrio socio-laboral, que aquí sólo han provocado estancamiento.
Amenazas sobre la producción
Encima, los costos aumentan por la guerra, y detrás de los altos niveles productivos hay mucha gente y recursos puestos en juego, desde tierra y fertilizantes hasta desarrollos científicos. Otra amenaza es el clima: hoy hay anegamientos en varias zonas del centro bonaerense que amenazan la cosecha.
Este contexto se da con escasas inversiones en infraestructura de larga data, que no retribuye en caminos rurales ni obras hídricas los impuestos y tasas cobrados desde la Nación hasta los municipios.
Con todo, las economías regionales de base biológica siguen ofreciendo oportunidades. Todavía se puede mirar el medio vaso lleno, no como consuelo, sino para no perder la esperanza.