El mundo se parte en dos: las reacciones que dejó el ataque a Irán y lo que nadie se anima a decir

La comunidad internacional se fractura tras el ataque a Irán. Mientras Putin y Macron advierten sobre una catástrofe, otros líderes respaldan la acción. ¿Logrará la ONU frenar la escalada que tiene al mundo al borde de un conflicto mayor?

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El mundo se parte en dos: las reacciones que dejó el ataque a Irán y lo que nadie se anima a decir

La ofensiva militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra objetivos en territorio iraní desató un terremoto diplomático global. Desde Moscú hasta Brasilia, las cancillerías mundiales se pronunciaron con una división que expone el riesgo de una escalada sin precedentes en Medio Oriente. Mientras algunas potencias respaldan la acción, otras la condenan abiertamente y advierten sobre una catástrofe regional.

El presidente ruso, Vladímir Putin, fue uno de los primeros en alzar la voz, calificando la ofensiva como una “peligrosa aventura”. Desde el Kremlin advirtieron que esta acción podría conducir a una catástrofe de proporciones impredecibles para toda la región.

La cancillería rusa fue aún más contundente en su comunicado oficial, describiendo la operación como un “acto de agresión armada premeditado y no provocado contra un Estado soberano”. Exigieron el cese inmediato de las hostilidades y un urgente retorno a la vía diplomática para resolver las tensiones.

Europa pide frenar la escalada

Desde el viejo continente, la preocupación por una guerra más amplia fue el tono predominante. El presidente francés, Emmanuel Macron, advirtió que la escalada es “peligrosa para todos” y “debe cesar”.

Macron no se limitó a la declaración, sino que pidió una reunión urgente del Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Su llamado incluyó retomar las negociaciones para reducir las tensiones en torno al siempre polémico programa nuclear iraní.

España, a través de su presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, rechazó la “acción militar unilateral”. Sánchez argumentó que este tipo de operaciones contribuyen a un orden internacional más incierto y volátil, aunque también realizó críticas hacia las acciones del régimen de Teherán.

Otros países europeos como Suecia, Noruega y Países Bajos hicieron foco en la necesidad de moderación y diálogo. La canciller sueca, Maria Malmer Stenergard, pidió un retorno inmediato a las negociaciones. Desde Oslo cuestionaron que el ataque pueda encuadrarse en el derecho internacional como una “acción preventiva” válida.

América Latina condena y llama a la paz

Al otro lado del Atlántico, los pronunciamientos de los líderes latinoamericanos se inclinaron hacia la condena y el llamado a la paz. El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, condenó los ataques de manera explícita.

Lula afirmó que la negociación es “el único camino viable para la paz” y expresó su “profunda preocupación” por la escalada militar. Hizo un llamado al respeto del derecho internacional como marco para cualquier solución.

En Colombia, el mandatario Gustavo Petro fue directo al calificar la ofensiva como un error. Petro reclamó una reunión urgente de la ONU no solo para defender la paz mundial, sino también para evitar un escenario aún más peligroso: la proliferación nuclear en la región.

Los aliados que respaldan la operación

Frente a este coro de condenas, un grupo de naciones aliadas de Washington y Tel Aviv expresó su respaldo explícito a la acción militar. El primer ministro de Canadá, Mark Carney, reafirmó “el derecho de Israel a defenderse”.

Carney calificó a Irán como una fuente central de inestabilidad en Medio Oriente, justificando así la operación conjunta. En la misma sintonía se pronunció el primer ministro australiano, Anthony Albanese.

Albanese expresó su apoyo a la operación y señaló que el programa nuclear iraní representa, a su juicio, una amenaza directa para la paz y la seguridad internacionales, legitimando la acción preventiva.

La tensión llega al corazón de Medio Oriente

En la región directamente afectada, las reacciones reflejan el temor a quedar atrapados en un conflicto mayor. El canciller de Omán, Badr Albusaidi, quien había actuado como mediador clave entre Washington y Teherán, se mostró “consternado”.

Albusaidi lamentó el impacto devastador que la ofensiva tiene sobre las delicadas negociaciones que se mantenían en curso. Instó a Estados Unidos a no profundizar su involucramiento militar.

Desde Líbano llegó una advertencia clara y firme. El primer ministro libanés declaró que su país no aceptará ser arrastrado al conflicto. Esta declaración surge en medio de la enorme preocupación por una eventual participación activa del grupo Hezbollah, con base en el sur del Líbano.

China, por su parte, optó por una postura más cautelosa en lo político. Evitó un pronunciamiento directo de condena o apoyo, pero calificó la situación de seguridad en la región como “extremadamente grave y compleja”. Las autoridades chinas pidieron a sus ciudadanos en la zona extremar las precauciones.

El ataque, cuyas imágenes de humo y defensas aéreas dieron la vuelta al mundo, ha reconfigurado el tablero geopolítico global. Con la ONU en alerta y las cancillerías trabajando a contrarreloj, la comunidad internacional aguanta la respiración ante la posibilidad de que un paso en falso desate lo que muchos líderes ya denominan la catástrofe.

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