El museo de San Juan que empezó con una moneda que un nene encontró trabajando
Se daba por seguro que la colección de Agustín Gnecco tenía un conteo exacto. Su nieta reveló por qué nunca se pudieron contar las piezas y qué pasó con los 12 vagones que trasladaron el tesoro.
Agustín V. Gnecco arrancó su colección a los 12 años, cuando una moneda inglesa le cambió la vida. Hoy, su nieta María Julia recuerda el origen de un patrimonio que los sanjuaninos todavía no terminan de conocer.
El Museo Histórico Provincial Agustín V. Gnecco no nació de un decreto ni tiene una fecha fundacional exacta. Su historia se remonta a la curiosidad de un hombre que, desde muy chico, empezó a juntar objetos que con el tiempo formaron una colección extraordinaria.
En un nuevo aniversario del nacimiento de Gnecco —ocurrido el 5 de octubre de 1857 en San José de Flores, Buenos Aires—, su nieta María Julia repasó cómo se gestó ese espacio que hoy permite conocer la historia y la vida cotidiana de San Juan. "Museo y creador son dos cosas indisolubles", afirmó.
Una moneda, un nene y una pasión que duró toda la vida
Gnecco era un apasionado de la historia, gran lector y humanista. Comenzó a coleccionar a los 12 años, en una época en la que tuvo que salir a trabajar tras quedarse sin padre para ayudar a su madre. Fue en uno de esos trabajos donde encontró una pequeña moneda inglesa. Ese objeto encendió definitivamente su interés y marcó el punto de partida de una pasión que lo acompañaría siempre.
"El museo no surge un día determinado, no surge por un decreto, es consecuencia de un proceso", explicó su nieta. Con los años, la colección creció hasta dimensiones increíbles: ya en la última década del siglo XIX, Gnecco había reunido una enorme cantidad de piezas y empezaba a darle forma a lo que sería el museo.
Para María Julia, hablar del aniversario del museo es hablar del nacimiento de su abuelo. "Museo y creador son dos cosas indisolubles, porque gracias a esa persona nació el museo", señaló.
Una colección imposible de contar
La magnitud del acervo hace casi imposible saber cuántas piezas llegó a reunir Gnecco. "Las piezas nunca se contaron porque es una colección tan vasta que es imposible contarla", contó su nieta.
Cuando la colección todavía estaba completa, antes de dividirse, hizo falta usar 12 vagones de ferrocarril para trasladarla después de la muerte de su creador. Entre los objetos había piezas de gran tamaño, incluso una carreta.
La historia tuvo un punto de inflexión tras el fallecimiento de Gnecco y, luego, el terremoto de 1944. La casa donde se guardaba parte del acervo sufrió los efectos del desastre y terminó cayendo.
Fue entonces cuando Anavadro, uno de los hijos de Gnecco y padre de María Julia, decidió trasladar una parte de la colección a Buenos Aires. Hubo tratativas para que el Gobierno de San Juan se hiciera cargo del museo, pero no se llegó a un acuerdo.
Tras las gestiones con Enrique Udaondo, al frente del Museo de Luján, unas 10.000 piezas —entre ellas las de mayor tamaño— fueron llevadas a Buenos Aires.
El regreso a casa y el edificio que "respiraba historia"
Después vino otro capítulo clave: la vuelta de la colección a San Juan. Durante el gobierno de Américo García se logró recuperar parte del acervo para la provincia, aunque instalarlo no fue sencillo. Conseguir un edificio adecuado llevó tiempo, hasta que el museo pudo funcionar en el antiguo edificio de la Escuela Normal San Martín.
Allí tuvo una etapa de gran desarrollo, hasta que después fue trasladado a su ubicación actual, en Mitre 869 Oeste.
Para María Julia, el valor del museo va mucho más allá de una simple colección de objetos antiguos. Sus secciones permiten reconstruir no solo la historia pública, sino también la vida privada y cotidiana de los sanjuaninos. Objetos de distintos materiales y características muestran cómo trabajaban hombres y mujeres en la época colonial y ayudan a comprender aspectos de la vida de quienes habitaron esta tierra.
Consultada sobre cuál es la pieza más importante, María Julia es tajante: no hay una sola. "No hay una pieza importante, todas las piezas son importantes. Tienen un sentido orgánico, antropológico", sostuvo. Y agregó: "Todas las piezas hacen un relato de la vida de San Juan, de la historia de San Juan".
También remarcó la necesidad de que los sanjuaninos conozcan el museo y comprendan el valor de ese patrimonio. "Es una necesidad y un deber conocer este museo", afirmó, y pidió seguir trabajando para que la institución esté en mejores condiciones y recupere el protagonismo que merece.
"El museo es mi segunda casa"
El vínculo de María Julia con la institución va más allá de lo familiar. Para ella, el museo es parte de su propia historia. "Para mí el museo es mi segunda casa, esa colección la tengo en mi corazón", confesó.
Su deseo es verlo en mejores condiciones y, sobre todo, volver a imaginarlo en aquel edificio histórico de la Escuela San Martín que, según sus palabras, "respiraba historia".
En su relato también reivindicó el esfuerzo de su abuelo, que llegó solo hasta cuarto grado pero construyó, a fuerza de pasión, lecturas y dedicación, una obra cultural enorme. "Es el esfuerzo de Agustín Gnecco que invirtió su vida en esto", destacó.
Recordó además la lucha de su padre, que durante años intentó conseguir un lugar digno para preservar la colección. Según contaba él mismo, pasó mucho tiempo recorriendo los pasillos de la Casa de Gobierno en busca de una solución definitiva.
La preocupación de Gnecco por el futuro de su colección no es nueva. María Julia recordó que ya en 1909 su abuelo estaba inquieto por lo que pasaría con todo lo reunido cuando él ya no estuviera. Intentó un acuerdo con el Gobierno para que se hiciera cargo, pero nunca lo concretó.
Más de un siglo después, esa preocupación sigue atravesando a la familia. "Mi abuelo no puede descansar en paz. Él estaba preocupado desde 1909 por el fin de la colección cuando él no estuviera", manifestó. Y cerró con emoción: "Don Agustín no pudo resolver eso y siento que tanto mi abuelo como mi padre están esperando que esto se consiga de manera definitiva".
A 169 años de su nacimiento, la figura de Agustín V. Gnecco sigue ligada a una institución que nació de su curiosidad y terminó siendo patrimonio de todos los sanjuaninos. Un museo que no solo conserva objetos: guarda, pieza por pieza, parte de la memoria de una provincia.