Perdía las dos partidas de su primer torneo, pero en una de ellas hizo algo que su rival ni había notado. La historia del nene de 8 años que se robó todas las miradas en el abierto de ajedrez de Roca.
El auditorio del Diario RÍO NEGRO, en Roca, se llenó de tableros el sábado 31 de octubre. El Torneo Abierto de Ajedrez RN 2026 reunió a jugadores de todas las edades y niveles, y los 50 cupos se habían agotado más de un mes antes. En un contexto donde el ajedrez online crece sin pausa, la propuesta ofreció otra cosa: jugar cara a cara, en persona, con el rival sentado enfrente.
Un debut con una decisión que sorprendió
Guillermo Tobías Alcina tiene 8 años y estudia ajedrez desde los 5. «Los martes y los jueves voy a ajedrez», contó. La invitación que recibió en sus clases lo llevó a su primera competencia. El balance fue crudo: «Perdí las dos». Una de las partidas terminó en jaque mate y la otra, por dos jugadas ilegales.
Sin embargo, lo que más llamó la atención no fue el resultado, sino su conducta durante el juego. «Mi rival no se había dado cuenta, pero yo lo dije», relató sobre una infracción que él mismo se encargó de señalar. Fuera del tablero, el ajedrez también ocupa un lugar en su vida junto al fútbol, y lo comparte con su primo Gael: «Él es mi alumno, yo le enseño en mi casa», explicó. Las derrotas no lo desanimaron; ya habrá otras citas para intentar ganar.
Iturbe: del bar a la ficción y de vuelta al tablero
Santiago Iturbe retomó el ajedrez hace cinco años, después de haberlo practicado de joven en bares y confiterías. La liga municipal fue parte de ese regreso, y al abierto llegó con ganas de competir, aprender y reencontrarse con otros jugadores.
Su vínculo con las piezas también se cruza con la escritura. En su relato «La partida imposible» imaginó un encuentro durante el paso por Roca del estadounidense Bobby Fischer, campeón mundial en 1972 y una de las grandes figuras de la historia del juego. «La vida de Fischer es novelesca, totalmente», afirmó sobre el protagonista de su ficción.
Lejos de presentarse como un experto, aclaró: «Estoy aprendiendo». Y explicó por qué vuelve una y otra vez al tablero: «Es un juego muy apasionante». Para él, compartir ficción y compartir ajedrez son dos intereses que se cruzan en el mismo recorrido.
Lara y Ciro, los jóvenes del circuito regional
Lara Herrera tiene 16 años y juega desde los nueve. Su objetivo para este torneo fue claro: «Vine acá a pasarla bien, jugar, tener tablero, como le digo yo». También se prepara para una competencia válida para el Elo, el sistema que mide el nivel de los ajedrecistas, en Neuquén, y aprovecha estas citas para conocer mejor a sus posibles rivales de la región. «Como somos todos de la zona nos conocemos y dentro de todo sabemos lo que jugamos», comentó.
Frente a las piezas, su atención se concentra por completo en la partida: «Cuando estoy en el tablero no pienso nada más en qué jugar». Las emociones pueden variar, pero mantiene una certeza: «Sea positiva o negativa, la paso bien».
Ciro también tiene 16 años y comparte con Lara la participación en competencias regionales. El abierto fue otra cita dentro de ese recorrido, que incluyó su paso por el último torneo internacional de Choele Choel. Neuquén aparece además entre las próximas posibilidades. Su presencia reflejó el interés de los jóvenes por sumar encuentros frente al tablero.
Siete décadas de ajedrez y una frase sobre los pibes
Gonzaga tiene 79 años y cerca de siete décadas de ajedrez. Oriundo de Pilar, vive en Roca desde 1983, donde formó su familia. Lo que más valora del juego no son los resultados: «Lo que me da son amigos, más que nada. Gente de todos lados, que es lo más lindo que tiene este juego, el juego de ciencia», enfatizó.
Hoy mantiene la práctica a través de internet: «Ahora estoy jugando casi todos los días», contó. Nunca estudió ajedrez profesionalmente, pero con esa trayectoria es casi un experto, y observó un cambio en las nuevas generaciones: «Los pibes estos estudian todo», mencionó. Celebró el encuentro que promovió el Diario RÍO NEGRO y deseó que se repita pronto.
Cómo se jugó el torneo
La competencia se disputó bajo el sistema suizo, a siete rondas, una modalidad que permite que todos los inscriptos jueguen durante todo el torneo, sin eliminación directa. Cada jugador contó con 12 minutos y tres segundos de incremento por movimiento.
La organización entregó trofeos a los tres primeros puestos y reconocimientos al mejor desempeño femenino, a los mayores de 60 años y a la categoría Sub 16. También hubo diplomas para todos los participantes. El cruce de generaciones y experiencias marcó la jornada: un niño de 8 años en su primera competencia, adolescentes del circuito regional sumando práctica y un jugador de 79 años celebrando la oportunidad de hacer amigos. Cada mesa ofreció un desafío, pero también un espacio para compartir.
Las historias de los participantes mostraron que el ajedrez excede el resultado. Hubo derrotas que dejaron lecciones, expectativas por próximos torneos y recuerdos de partidas en bares. La concentración, la honestidad y el placer de jugar atravesaron los testimonios y dieron sentido a una propuesta que acercó recorridos muy distintos.


