El Niño 2026-2027: qué tan preparada está Tierra del Fuego para lo que viene
El Niño 2026-2027 ya está instalado y se intensificará en los próximos meses. En Tierra del Fuego, un otoño récord de calor y menos nieve encendió las alarmas: la Provincia tiene una ley de cambio climático, pero nadie sabe con certeza si el plan para responder está en marcha. ¿Qué está haciendo el Ejecutivo para evitar que un evento climático se convierta en una crisis?
El Niño 2026-2027 ya está instalado y se intensificará en los próximos meses, pero en Tierra del Fuego la pregunta es si las herramientas con las que cuenta la Provincia alcanzan para evitar que un evento climático se convierta en una crisis. La Organización Meteorológica Mundial (OMM) informó el 3 de septiembre que el fenómeno está establecido y que alcanzará una intensidad muy fuerte hacia fines de 2026, con una probabilidad cercana al 100% de que persista hasta febrero de 2027.
Los organismos internacionales advierten que los impactos serán diferentes según la región. En Brasil, por ejemplo, se prevén inundaciones en el sur y sequías en el norte. En el extremo sur de la Patagonia, la discusión recién empieza: ¿qué estamos haciendo para anticiparnos a sus efectos?
Las señales que ya se sintieron en la provincia
El calentamiento global está modificando las condiciones de base sobre las que se desarrollan estos fenómenos, y los estudios muestran que El Niño no es un tema ajeno a la región. Un trabajo de Paruelo y otros investigadores detectó que el ENSO modifica los patrones de precipitación en la Patagonia, con cambios estacionales importantes durante esos eventos. El vínculo no es mecánico, pero demuestra que las teleconexiones del Pacífico llegan hasta el sur.
Un dato reciente del CADIC refuerza esa preocupación: el otoño de 2026 fue el segundo más cálido de los últimos 50 años en Ushuaia. Junio registró una temperatura media de 4,4 °C, unos 2,5 °C por encima del promedio histórico de los últimos 30 años. Fue, además, el tercer junio más cálido del medio siglo, solo por detrás de 2016 y 1998, dos años que coincidieron con eventos muy intensos de El Niño.
Sin embargo, el propio CADIC advierte que las condiciones locales también dependen de otros factores, como el Modo Anular del Sur y la dinámica del vórtice polar. Las escasas nevadas del otoño no se debieron a un déficit extraordinario de precipitaciones, sino a que, al haber temperaturas excepcionalmente altas, una mayor proporción de las lluvias cayó en forma líquida, sobre todo en las cotas más bajas.
Ese cambio importa para la gestión del territorio: menos nieve, más lluvia, alteraciones del régimen hídrico, deshielo e infraestructura expuesta pueden combinarse. En una provincia cuya economía, logística, turismo, energía y asentamientos dependen tanto del clima, el riesgo debería ser parte de la planificación.
La lección del Himalaya
El 26 de agosto, el colapso de un glaciar en el Himalaya desencadenó una inundación de gran magnitud en el Tíbet, con enorme destrucción de infraestructura y daños en instalaciones hidroeléctricas. La lección no es que Tierra del Fuego vaya a vivir una tragedia similar, sino que los eventos extremos pueden generar consecuencias mucho mayores cuando se combinan con territorio vulnerable y falta de preparación.
La pregunta, entonces, no es si se puede predecir exactamente qué pasará durante El Niño 2026-2027. No se puede. Pero sí se pueden detectar cambios, identificar vulnerabilidades y actuar antes de que un evento climático se transforme en una crisis. Subestimar lo que está pasando puede convertirse en un problema para los bienes y la vida de los fueguinos.
Una ley que obliga a planificar
Tierra del Fuego cuenta desde 2022 con la Ley Provincial 1470, de Gestión Integral para la Adaptación y Mitigación del Cambio Climático. La norma crea un Gabinete Provincial de Cambio Climático y un Plan Provincial de Respuesta al Cambio Climático, con objetivos que incluyen analizar los cambios observados, proyectar escenarios futuros, evaluar impactos y definir medidas de adaptación. También contempla fortalecer el monitoreo e incorporar escenarios climáticos a las políticas públicas.
La Provincia tiene capacidades científicas: el CADIC, a través del SIAG, reúne información meteorológica y ambiental que permitió documentar las temperaturas excepcionales del otoño pasado. El problema aparece cuando se pasa de la arquitectura institucional a la ejecución. En abril de 2025, la Legislatura provincial le pidió al Ejecutivo información sobre la reglamentación de la ley y el estado del plan provincial. Esa pregunta sigue vigente: ¿en qué estado está ese proceso y cómo se están usando las herramientas previstas?
De la temperatura al riesgo
Lo que Tierra del Fuego debería preguntarse es qué significa atravesar un evento excepcional de El Niño en un contexto de calentamiento global. ¿Qué hipótesis de impacto maneja el Ejecutivo? ¿Existe un sistema de alerta temprana? ¿Hay un mapa actualizado de las zonas más vulnerables? ¿Qué activos están más amenazados? ¿Cómo podría afectar un escenario adverso a rutas, puertos, aeropuertos, energía, agua, turismo, producción, vivienda y sistemas de emergencia?
La discusión debería pasar de “¿qué temperatura tendremos?” a una pregunta más útil: ¿qué infraestructura y actividades son sensibles a determinados escenarios climáticos? Porque el riesgo se gestiona identificando vulnerabilidades, comunicando a la población y tomando decisiones antes de que ocurra el evento. El Niño 2026-2027 es una oportunidad concreta para hacer ese ejercicio.
La Provincia dispone de datos, instituciones científicas, legislación y herramientas de planificación. Lo que falta es saber con precisión cómo se están utilizando. La pregunta no es si hay una política de emergencias, porque la tiene. La pregunta es si esa política está preparada para funcionar cuando el clima deje de comportarse como esperamos. El verdadero desafío no es predecir el futuro con exactitud, sino construir capacidad para reaccionar antes de que el futuro nos obligue a hacerlo.