El Niño, defensas sin probar y una ciudad que creció dentro del agua: la advertencia que nadie quiere escuchar

El sistema de defensas del Gran Resistencia nunca fue puesto a prueba desde 2004 y la ciudad creció dentro de zonas que debían quedar libres. Una investigadora del CONICET advierte que el Plan de Emergencia no explica qué debe hacer la población y apunta contra las flexibilizaciones que permitieron construir en áreas de riesgo.

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El Niño, defensas sin probar y una ciudad que creció dentro del agua: la advertencia que nadie quiere escuchar
El Niño, defensas sin probar y una ciudad que creció dentro del agua: la advertencia que nadie quiere escuchar

La posibilidad de lluvias por encima de la media y crecientes extraordinarias en los ríos Paraná y Paraguay reabrió un debate que el Gran Resistencia tenía guardado: el sistema de defensas que debía proteger a la ciudad nunca fue puesto a prueba desde que se terminó, hace más de dos décadas. La investigadora del CONICET y docente de la FAU UNNE, Laura Alcalá, advierte que en ese tiempo la mancha urbana avanzó sobre zonas que debían quedar libres y que las normas se flexibilizaron para permitir construcciones en áreas de riesgo.

El escenario que se anticipa por el nuevo fenómeno de El Niño podría superar los registros de las inundaciones de 1982-1983 y 1998 en la Cuenca del Plata, aunque todavía no se sabe con certeza qué sectores recibirán el mayor impacto. En 2024, el golpe más duro lo sufrió Rio Grande do Sul, en Brasil, mientras el Gran Resistencia casi no registró afectaciones. Esta vez, la previsión es otra: precipitaciones por encima de la media y crecidas extraordinarias en los grandes ríos de la región.

Qué contempla el Plan de Emergencia

En los últimos meses se difundieron tareas de limpieza y profundización de canales, además de reuniones de funcionarios por un Plan de Emergencia. También se habló de una responsabilidad compartida entre municipios y vecinos. Para Alcalá, sin embargo, “no se informa en qué consiste dicho Plan de Emergencia”.

La urbanista enumera las preguntas que siguen sin respuesta: qué barrios se benefician con las retroexcavadoras, hacia dónde conducen el agua los canales, si en sus extremos hay estaciones de bombeo y si esas bombas funcionan. Más allá de las recomendaciones sobre mantenimiento de canales y evitar arrojar residuos, no se explicó cómo debe prepararse la población.

Una ciudad que cambió

“El Sistema de Defensas contra las crecientes del río Paraná quedó concluido alrededor de 2004. Desde entonces, el AMGR no afrontó crecientes extraordinarias, por lo que la infraestructura tampoco fue puesta a prueba frente a una situación de esas características”, señala Alcalá.

El sistema está integrado por los terraplenes de la Defensa Norte, el terraplén de Defensa Frontal paralelo al riacho Barranqueras, la Obra de Control —con compuertas y 14 bombas— y el cierre Sur por la avenida Soberanía Nacional. Según la investigadora, parte de las hipótesis del proyecto original no se cumplieron.

Una de esas previsiones establecía que el espacio entre las defensas del río Negro, la avenida Sarmiento y la ruta Nicolás Avellaneda funcionaría como reservorio y amortiguación cuando las compuertas estuvieran cerradas y lloviera. Ese “recinto del río Negro” debía acumular el agua expulsada por las estaciones de bombeo de las lagunas, hasta que pudiera bombearse al Paraná. Pero la ciudad creció dentro de ese recinto, y también por fuera de las defensas, hacia el Norte, el Sur y la costa. Hoy la ocupación llega hasta dos chacras más al sur del canal de Soberanía Nacional y sigue a lo largo de ese canal y de los riachos Barranqueras y Antequeras.

El proyecto contemplaba restricciones al uso del suelo en áreas bajas y la prohibición de avanzar sobre las lagunas. Alcalá sostiene que con los años hubo flexibilizaciones normativas y de control, “cediendo a presiones de colegas, de propietarios y de desarrolladores inmobiliarios”. Menciona la reducción de las cotas de línea de ribera de algunas lagunas y el reemplazo de la Resolución APA 1111/98 por la Resolución APA 303/17, cambios que permitieron construir donde antes no se podía. También apunta a la aprobación por excepción de urbanizaciones como La Ribera y el Shopping Sarmiento, la falta de control sobre otras ocupaciones y conjuntos habitacionales construidos por el propio Estado en zonas donde se modificó la línea de defensas del río Negro o se ocupó parte del embalse de compensación sur.

Sobre el mantenimiento, recuerda que el proyecto incluía un manual operativo con controles periódicos de terraplenes, sistema eléctrico, bombas, bomba de reemplazo, grúa y compuertas. Menciona las denuncias reiteradas del geólogo Ramón Vargas por anomalías en la Obra de Control, que no tuvieron respuesta pública del organismo de control, y los deterioros, cárcavas, hundimientos y extracciones de tierra observados en los terraplenes.

Cambio en la percepción del riesgo

Para Alcalá, “también cambió la percepción del riesgo por parte de la sociedad”. Distingue tres grupos. Quienes vivieron las inundaciones de 1982-1983 y 1998 confiaron en las defensas presentadas como obras “definitivas” y perdieron el temor. Los menores de 40 años no atravesaron esas crecidas o no las recuerdan: algunos desconocen la existencia del sistema, las dinámicas del río y qué zonas podían inundarse. Solo vivieron anegamientos por lluvias cortas y no tienen referencias sobre qué hacer con las compuertas cerradas o ante una falla. Un tercer grupo conserva la memoria de las inundaciones y de fallas como la rotura del primer dique del río Negro en 1982, y siente “incertidumbre ante la ausencia de directivas que orienten lo que se deba hacer en caso necesario”.

Informar para actuar

Alcalá sostiene que el Estado fue abandonando las políticas de gestión del riesgo que en 1998 y los años posteriores a la construcción de las defensas mantenían informada a la población sobre protocolos, vías de evacuación, cotas de las viviendas y alturas del río que obligaban a autoevacuarse. Hoy considera necesario que la gente reciba información para actuar y que se evite la sobreabundancia de noticias que no aportan a la toma de decisiones.

“Es importante dar a conocer el estado real del sistema de defensas y en caso de no poder precisarlo, sincerarlo ante la sociedad”, afirma. Si no hay recursos humanos o técnicos para conocer el estado de la infraestructura en poco tiempo, plantea que eso también debe comunicarse.

El Plan de Emergencia, dice, debería contemplar lluvias extremas, crecientes extraordinarias y fallas del sistema. Menciona experiencias como la de Porto Alegre, donde hubo que resolver la provisión de agua potable ante la interrupción del servicio, y pide prever alternativas ante cortes de electricidad y mecanismos de atención para adultos mayores que puedan quedar aislados.

Las obras no eliminan el riesgo

Alcalá recupera el planteo del doctor Rozé en su libro Inundaciones recurrentes. Ríos que crecen, identidades que emergen, de 2003, sobre cómo se construyó la idea de que el sistema defensivo dejaría al Gran Resistencia a salvo. Los cambios en el territorio, el incumplimiento de hipótesis del proyecto y la nueva percepción social llevan a cuestionar esa idea. “La necesidad de respetar los territorios del agua restringiendo el avance de la urbanización sobre ellos”, sostiene.

La especialista admite que esta vez el sistema y las medidas de emergencia podrían no ser puestos a prueba, pero advierte que en algún momento ocurrirá. Compara la situación con las ciudades en zonas sísmicas: no se sabe cuándo vendrá un sismo, pero hay que estar preparados. Para reducir el riesgo, pide modificar las políticas urbanas que permiten ocupar áreas que deberían quedar libres, destinar recursos al mantenimiento de las obras y fortalecer la educación para la prevención.

Sistema de defensas del AMGR

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