El niño jujeño que tocó la campana en el Garrahan y venció su última quimio
La campana sonó y la familia Luna estalló en llanto. Pero atrás quedaron meses de radioterapia, internaciones y un tumor que volvió a crecer. La historia de Enri, el nene que soñaba con volver a Jujuy para jugar a la pelota, y el mensaje que su mamá le deja a otros chicos que hoy luchan.
El sonido de la campana en el Hospital Garrahan puso el punto final a una larga batalla para Enrique Luna, un nene jujeño de 7 años que esta semana celebró su última sesión de quimioterapia. Junto a su familia, Enri, como lo llaman con cariño, marcó un hito que parecía imposible cuando arrancó su tratamiento, hace un año y cuatro meses.
Su mamá, Adriana, no pudo contener la emoción al verlo alcanzar ese logro. "Fue algo súper emocionante, hubo mucha emoción, lágrimas", contó en diálogo con Noticias 7, por Canal 7 de Jujuy. La noticia del diagnóstico llegó cuando Enri tenía apenas 6 años y sacudió por completo a la familia. "Nunca pensamos que íbamos a pasar algo así", recordó Adriana.
Una lucha que empezó en Jujuy y siguió en Buenos Aires
La primera gran batalla médica se libró en la provincia, donde el pequeño fue intervenido quirúrgicamente por el doctor Lamas, un neurólogo a quien la madre define como un gran profesional que "hizo cosas imposibles" por su hijo. Después, el traslado al Garrahan, en Buenos Aires, se volvió obligatorio.
A mediados de julio, cuando los estudios mostraron que el tumor volvía a crecer, la familia atravesó uno de los momentos más duros. Los médicos indicaron una radioterapia mucho más fuerte, que trajo complicaciones de salud, internaciones recurrentes por la inestabilidad en las defensas y un fuerte impacto emocional en el nene al ver cómo su cuerpo se deterioraba. "Fueron momentos muy, muy dolorosos", evocó su mamá.
"Quiero ser fuerte": los sueños que lo mantuvieron de pie
Enri nunca se rindió. En su cabeza siempre estuvo la idea de volver a Jujuy y de correr detrás de una pelota, porque ama jugar al fútbol. "Es una personita que no se dio por vencido y la luchó. Siempre decía: 'quiero ser fuerte, quiero estar bien, quiero volver a Jujuy'", compartió Adriana con orgullo.
Durante los días más grises de la internación, pintar y cantar se convirtieron en sus refugios. "A veces decía: 'Mamá, quiero cantar, quiero pintar'. Y eran cosas que a él le distraían completamente", contó. Los mensajes de aliento que le llegaban desde los medios y la gente también fueron una inyección de felicidad.
El regreso a casa y un mensaje para otros guerreros
La familia calcula que podrá volver a Jujuy a fines de septiembre o principios de octubre, después de los chequeos generales y una resonancia magnética para confirmar que todo sigue bajo control.
Adriana mira hacia atrás con admiración por la entereza de su hijo y de otros nenes que conoció en el hospital y en el centro CAIPO. Para ellos y para las familias que atraviesan el mismo dolor, dejó un mensaje: "A mi hijo le digo que nunca baje los brazos, que siga por sus sueños, que me demostró que es una persona muy fuerte que entiende tantas cosas siendo tan pequeño".
Y con la voz quebrada, dedicó unas palabras a los compañeros de Enri: "Les mando mucha fuerza porque son unos guerreros súper valientes. Por una cosa simple se siente mal, pero ellos la vienen luchando de hace mucho y no son cosas fáciles lo que pasen".
Enri vuelve a casa con la frente en alto, dejando una lección imborrable sobre coraje, fe y unión familiar. Jujuy lo espera con los brazos abiertos, listo para verlo jugar al fútbol otra vez.