El Niño: la advertencia de una especialista que no va a gustar en los gobiernos

La especialista en comunicación política dio su recomendación para los gobiernos ante El Niño: sobreestimar el riesgo antes que tranquilizar. Pero su advertencia más incómoda no fue sobre el clima, sino sobre lo que la dirigencia hace mientras la gente espera certezas.

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El Niño: la advertencia de una especialista que no va a gustar en los gobiernos
El Niño: la advertencia de una especialista que no va a gustar en los gobiernos

La consultora en comunicación política Paolino analizó en CIUDAD TV cómo deben informar los gobiernos ante una emergencia climática y dejó una frase que incomoda: "Es preferible asustar al ciudadano" antes que darle una falsa tranquilidad. En el centro del debate, el fenómeno de El Niño y su impacto en la provincia.

El riesgo de minimizar

Para Paolino, la comunicación de crisis tiene un objetivo central: proveer certezas. Cuando esa función falla, la improvisación y la información confusa pueden profundizar la emergencia en lugar de contenerla.

"Terminás proveyendo más dudas y lo único que está buscando la población es que la política les dé certezas de hacia dónde va esto, de lo que se sabe y hasta de lo que no se sabe, porque decir que no se lo sabe también calma", explicó.

La especialista remarcó que, cuando están en juego la vida y la salud de las personas, los responsables de comunicar deben evitar minimizar los riesgos. "Siempre es mejor sobreestimar un riesgo porque estamos hablando de vidas", sostuvo, y consideró clave reconocer los límites de la información disponible: aclarar qué se conoce y qué todavía no puede determinarse.

Una sola voz y un flujo periódico

Al analizar cómo debería funcionar la comunicación gubernamental, Paolino planteó la necesidad de una vocería centralizada y un canal oficial del que se nutran los demás funcionarios y organismos.

"Lo que no hay que hacer es tener múltiples vocerías. Tenés que asegurarte un vocero", indicó. Esa persona, según detalló, debe usar un lenguaje sencillo, lejos de términos técnicos o jurídicos, conocer el tema para responder a los medios y transmitir calma y cercanía.

La vocería, aclaró, no debería tener carácter político ni ideológico, sino priorizar la información que necesita la población. A ese esquema sumó una cuenta oficial rectora en redes sociales que ordene la comunicación del resto de las áreas.

"Lo más importante es que haya un único canal de comunicación del que se nutran todo el resto de funcionarios, diputados, concejales, de manera que todos comuniquen lo mismo", expresó. Así, la ciudadanía puede identificar dónde consultar información confiable.

Sobre la frecuencia, señaló que depende de cada emergencia. No todas las novedades requieren una conferencia de prensa, pero sí sostener un flujo periódico y anticipar cuándo habrá actualizaciones. "Esa cadencia informativa genera seguridad, tranquilidad y calma", afirmó.

El Niño: prepararse antes, no después

En relación con El Niño y su impacto en la provincia, Paolino consideró que los gobiernos deben comunicar las medidas de preparación antes de que se produzca la emergencia. La gestión del riesgo, dijo, comienza con la prevención: informar qué acciones se llevan adelante, qué sectores pueden resultar afectados y cómo se asistirá a quienes viven en zonas vulnerables.

"Si es super niño y eso hace que la gente aumente su nivel de preparación, mejor", planteó. Como la intensidad final del fenómeno no depende de los funcionarios, recomendó no transmitir una falsa sensación de seguridad.

"Mi recomendación siempre es sobreestimar y es preferible asustar al ciudadano y que se sienta que tiene que estar con todas las alertas a que se quede tranquilo en su casa pensando que él no le va a tocar porque el funcionario dijo en la tele que no era super niño", advirtió.

La pelea política que no ayuda

La especialista cuestionó que las diferencias entre los gobiernos municipales y la Provincia ocupen el centro de la discusión pública en lugar de la coordinación de las medidas preventivas. Se trata, sostuvo, de una problemática con competencias compartidas que requiere planificación conjunta.

Cuando la comunicación de una emergencia se politiza, alertó, la población puede dejar de prestar atención a los mensajes preventivos porque percibe que la discusión entre dirigentes no responde a sus problemas.

"Si fuera un oficialismo, estaría más ocupado tratando de entregar servicios públicos al ciudadano y de mantenerme cerca, que de culpar si el de al lado o el del otro no me lo da", expresó.

Y agregó que la evaluación social de la dirigencia también dependerá de su comportamiento en una situación crítica: "La gente va a evaluar eso. Sí en el momento de crisis, de dolor, de sufrimiento, de tensión, vos estabas ocupado peleándote con el otro político o estabas tratando de encontrar soluciones".

Memoria de inundaciones y cultura preventiva

Paolino señaló que Argentina y la región acumulan antecedentes de inundaciones, crecidas de ríos y grandes precipitaciones que deberían servir como referencia para preparar a la población. Destacó la importancia de recuperar esa memoria y traducirla en medidas concretas.

Como ejemplo, mencionó a Japón y Chile, países expuestos a amenazas naturales que desarrollaron una mayor cultura de gestión del riesgo. Allí, explicó, las medidas preventivas involucran a escuelas, clubes, centros comunitarios y otras instituciones intermedias.

En contraste, consideró que Argentina todavía tiene una cultura preventiva menos arraigada, tanto en la sociedad como en la política. Existen planes de reducción de riesgos y mapas de amenazas, pero la gestión del riesgo aún no está suficientemente integrada en las políticas de Estado.

La consultora también destacó el papel de las organizaciones comunitarias para transmitir medidas de seguridad, identificar a quienes viven en zonas de riesgo y establecer cómo se actuará ante una emergencia. Para ella, no alcanza con que los gobiernos tengan planes elaborados: es necesario que los comuniquen para que la población sepa qué hacer y tenga la certeza de que recibirá asistencia si resulta afectada.

Paolino relacionó las dificultades para coordinar esas acciones con el escenario preelectoral y la incertidumbre de los distintos espacios políticos. A su entender, la preocupación por la supervivencia electoral puede obstaculizar diálogos que deberían sostenerse más allá de las diferencias partidarias.

Brasil, Paraguay y el voto que ya no es ideológico

Consultada sobre política internacional, Paolino analizó los resultados electorales de Brasil y Paraguay y sostuvo que no deben interpretarse como fenómenos aislados. Según su mirada, las campañas recientes muestran la importancia de las agendas de temas y de la capacidad de los dirigentes para responder a demandas concretas.

En Paraguay destacó el resultado inesperado de una elección municipal en la que se impuso una candidata vinculada al Partido Colorado. Lo comparó con Brasil, donde la elección presidencial derivó en una segunda vuelta, y consideró que ambos casos reflejan movimientos que requieren una lectura más amplia.

Para Paolino, la clave no pasa solo por la orientación ideológica de los candidatos, sino por la distancia entre las prioridades de la dirigencia y las preocupaciones cotidianas de la ciudadanía.

"Lo que tiene que ver, por un lado, es en qué medida los gobiernos, los oficialismos, pueden entregar bienes y servicios públicos que tengan que ver con las necesidades específicas que la ciudadanía dice que tiene, o sea, no con lo que la política cree que los ciudadanos necesitan", explicó.

Mencionó las campañas de Zohran Mamdani en Nueva York y la discusión sobre la crisis habitacional como ejemplos de la importancia de identificar un tema que conecte con las preocupaciones sociales. También señaló que la selección de una agenda concreta puede influir en el desempeño electoral.

Al comparar las campañas brasileñas, observó que los sectores vinculados a Jair Bolsonaro y Luiz Inácio Lula da Silva pusieron el acento en asuntos diferentes, como la seguridad y la economía. El comportamiento de los votantes en los distintos territorios, dijo, permite advertir que los resultados no responden necesariamente a una identificación ideológica uniforme.

A esa lectura sumó las características personales de los candidatos y el desgaste de sus imágenes públicas. Lula, señaló, llega con una trayectoria extensa y un desgaste considerable, mientras que el hijo de Jair Bolsonaro tiene elementos de la figura política de su padre, pero construye una identidad propia.

"Hoy si preguntás a los ciudadanos, el 60% te dice que no se siente identificado con ninguno de los dos. Entonces, puede votar a un presidente de izquierda, a un gobernador de derecha y a un vecinal para el municipio. Todo en la misma elección", concluyó.

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