El Niño llega con una primavera distinta a la Patagonia: qué pasará con el agua de los ríos
El Niño le cambiará la primavera a Neuquén, Río Negro y el norte de Chubut, con un impacto directo en el agua que llega a los ríos y embalses. Un especialista del Conicet explicó qué pasará con las lluvias y por qué no hay que alarmarse.
La primavera en Neuquén, Río Negro y el norte de Chubut tendrá más lluvias que lo habitual, según anticipó el meteorólogo e investigador del Conicet Santiago Hurtado, que atribuyó el cambio a la presencia de El Niño. Lejos de la alarma, el especialista lo celebró: «Más que alertarse, es algo bueno. Vamos a tener más agua en los embalses, más agua disponible para la vegetación y para el riego».
El fenómeno ya dio señales durante el invierno, con lluvias y fuertes nevadas en la cordillera. Según Hurtado, su incidencia seguirá firme en septiembre, octubre y noviembre, uno de los tramos del año en los que El Niño deja su marca más clara sobre el norte patagónico.
El especialista anticipó que el evento permanecerá activo, al menos, hasta febrero de 2027. Las autoridades, igual, deberán monitorear su evolución, aunque el escenario previsto para el Alto Valle esta primavera aparece como favorable.
Una primavera con más agua: cómo impactará El Niño
La influencia de El Niño en la Patagonia se concentra, sobre todo, en invierno y primavera. Sus efectos son más notorios en Neuquén, Río Negro y el norte de Chubut, donde crece la chance de que las precipitaciones superen los registros normales.
Las previsiones apuntan a que septiembre, octubre y noviembre acumulen más lluvias que las habituales, especialmente en la zona cordillerana y el norte patagónico. Ese cuadro permitiría reforzar las reservas hídricas y aumentar el aporte de agua a las principales cuencas de la región.
Las lluvias se sumarán a la nieve acumulada en julio y agosto en las zonas altas. «Tuvimos un julio y un agosto muy húmedos, pero veníamos de un mayo y un junio bastante secos. En términos hídricos, se compensaron», detalló Hurtado.
También se espera una primavera algo calurosa, sobre todo en octubre y noviembre, algo que se sentirá en los espejos de agua. «Las temperaturas más bien cálidas se pueden asociar con un derretimiento más rápido de la nieve en la montaña y, por lo tanto, con un mayor caudal de los ríos en las cabeceras de las cuencas», explicó el meteorólogo.
Hurtado evitó ligar directamente a El Niño con posibles inundaciones o crecidas repentinas. Aclaró que el pronóstico estacional permite anticipar una mayor probabilidad de lluvias, pero no determina por sí solo la intensidad ni la localización de cada tormenta. De todos modos, las autoridades locales deberán seguir la evolución del fenómeno.
Qué es El Niño, explicado por un especialista
«El fenómeno de El Niño, propiamente dicho, es el calentamiento en el océano Pacífico», explicó Hurtado. Para que los especialistas reconozcan su presencia, la temperatura del agua debe ubicarse al menos 0,5 °C por encima de los valores normales.
Cuando el Pacífico se calienta, también cambian la presión del aire y la circulación atmosférica. Esas alteraciones repercuten en las lluvias y las temperaturas de distintas partes del planeta. «Impacta en todo el mundo y de formas distintas. En algunas regiones genera cambios en las precipitaciones, en otras en la temperatura y, en otras, en ambas cosas», detalló.
El fenómeno suele arrancar en invierno, alcanza su mayor intensidad entre diciembre y enero y pierde fuerza en otoño. Cada episodio, igual, tiene sus particularidades. Este año, el calentamiento comenzó entre fines de junio y principios de julio y avanzó a una velocidad poco habitual.
«El inicio fue bastante abrupto. Rápidamente empezó a calentarse y se estableció lo que se llama la pileta cálida en el Pacífico central», precisó Hurtado. Los pronósticos anticipan que las condiciones de El Niño continuarán, al menos, hasta febrero de 2027.
Qué se espera para el verano en el norte de la Patagonia
Aunque El Niño siga activo, el panorama cambiaría en verano. Para enero y febrero, la tendencia indica condiciones más secas en la zona cordillerana. Hurtado aclaró que las consecuencias del fenómeno no se mantienen iguales todos los meses.
En la Patagonia, la señal húmeda se manifiesta con más claridad en invierno y primavera, pero pierde fuerza e incluso puede revertirse en verano. Por eso, el aporte de las lluvias primaverales y de la nieve acumulada será clave para afrontar los meses con menor disponibilidad de agua.