El Niño llega más fuerte que nunca a Tucumán: qué pasó las otras veces y qué puede pasar ahora
¿Qué pasó las otras veces que El Niño golpeó a Tucumán y qué puede pasar ahora? El fenómeno se fortalece y ya hay un dato que cambia todo.
El Niño se está fortaleciendo y podría alcanzar una intensidad excepcional durante la primavera y el verano 2026-2027. La NOAA estima una probabilidad superior al 90% de un episodio muy fuerte, y para octubre-diciembre un 75% de posibilidades de superar la intensidad de todos los episodios registrados desde 1950. Pero los especialistas advierten que la intensidad del fenómeno en el océano no determina por sí sola lo que ocurrirá en cada provincia.
¿Qué dicen los organismos internacionales?
El informe de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), publicado el 10 de septiembre de 2026, señala que El Niño ya está establecido y que persistirá hasta febrero de 2027, según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), con una probabilidad cercana al 100%.
Sin embargo, ambos organismos aclaran que un episodio más intenso no se traduce automáticamente en daños mayores en todas las regiones. Su efecto depende de cómo respondan la atmósfera y las condiciones locales.
Esos porcentajes corresponden al fenómeno en el Pacífico: no representan la probabilidad de que Tucumán sufra una inundación, según se desprende del diagnóstico de NOAA.
¿Cómo funciona El Niño?
El Niño no aparece todos los años ni tiene un calendario fijo. Habitualmente se presenta cada dos a siete años y suele durar entre nueve y doce meses, aunque puede prolongarse. Entre un episodio y otro pueden registrarse condiciones neutrales o La Niña, sin una alternancia obligatoria.
El proceso comienza con un calentamiento anormal de las aguas superficiales del Pacífico ecuatorial central y oriental. Los cambios en los vientos y en la distribución del calor alteran la circulación atmosférica y terminan influyendo sobre las lluvias y las temperaturas a miles de kilómetros.
No es una tormenta que avanza hacia Argentina, sino un fenómeno que modifica las condiciones en las que se desarrolla el tiempo. Esa diferencia permite entender por qué sus efectos pueden variar entre regiones y entre momentos de una misma temporada, como explica la NOAA.
Mapa de patrones habituales de lluvia durante El Niño. El verde identifica regiones y épocas con tendencia a mayores precipitaciones; el amarillo, a condiciones más secas. Es una referencia climática general, no un pronóstico específico para 2026. Fuente: Columbia Climate School.
Los antecedentes en Argentina
En Argentina, uno de los antecedentes más graves fue el de 1982-1983. Una investigación de Inés Camilloni y Vicente Barros identificó a la inundación de 1983 como la más severa del siglo XX en el tramo argentino del río Paraná. El episodio produjo importantes consecuencias sociales, económicas y ambientales.
La comparación con 1997-1998 deja una enseñanza importante. Aunque también fue un Niño extraordinario, los aumentos del caudal del Paraná respecto de sus valores habituales fueron considerablemente menores que en 1983. Los investigadores analizaron diferencias en el calentamiento del Pacífico y en las condiciones del Atlántico Sur que ayudan a explicar esa respuesta.
La historia demuestra que dos episodios muy intensos pueden tener consecuencias diferentes. Esa es una de las conclusiones que surgen del estudio disponible en la Biblioteca Digital de la UBA.
Otro período crítico fue 2015-2016. En abril de 2016, los desbordes y las lluvias intensas afectaron especialmente a Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes y Buenos Aires. La emergencia requirió evacuaciones, alojamiento de familias y distribución de alimentos, agua, ropa y medicamentos, de acuerdo con el registro de la Armada Argentina.
Asistencia a familias durante las inundaciones del Litoral de abril de 2016. Foto de archivo: Armada Argentina.
El impacto en Tucumán
En Tucumán, el antecedente reciente de El Niño 2023-2024 muestra que sus efectos no se reducen a los desastres. La Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) informó que, durante aquella campaña, las lluvias superaron los promedios de referencia en buena parte de la provincia y generaron condiciones favorables para el desarrollo de los cultivos.
Pero tampoco llovió de manera continua. Entre enero y mediados de febrero hubo un período de falta de agua que, combinado con temperaturas elevadas, provocó estrés en algunos cultivos. Un año Niño también puede incluir semanas secas y calurosas, por lo que el acumulado de toda una temporada no cuenta por completo lo ocurrido en cada mes, según el reporte de la EEAOC sobre la campaña 2023-2024.
La recuperación de la humedad también favoreció a la caña de azúcar. Después de las campañas condicionadas por La Niña, la mayor disponibilidad de agua permitió que los cañaverales recuperaran capacidad productiva. La Experimental destacó, además, que el manejo realizado por los productores resultó decisivo para aprovechar esas condiciones, como señala su informe sobre la zafra 2024.
Un estudio de la misma institución, basado en registros de 1950 a 2020, permite observar diferencias entre localidades y momentos del año. En El Colmenar, durante los años Niño, las lluvias de septiembre-noviembre quedaron por debajo de lo normal en el 58,3% de los casos; para octubre-diciembre, esa proporción descendió al 34,6%.
En Santa Ana, al sur del área pedemontana, los porcentajes fueron del 50% y del 19,2%, respectivamente. La comparación muestra que el déficit de precipitaciones resultó menos frecuente hacia fines de año, especialmente en esa localidad.
No significa que los restantes años hayan registrado inundaciones, ni permite trasladar esos porcentajes directamente al pronóstico actual. Los datos corresponden a las tablas 31 y 32 del estudio agroclimático de la EEAOC.
Mapa histórico de inundaciones publicado por SINAGIR, elaborado con registros del período 1970-2016. Incluye eventos de distintas causas: no es un mapa exclusivo de El Niño ni una proyección para el próximo verano. Fuente: Argentina.gob.ar.
Oportunidades y riesgos para la producción
Para la producción, el escenario combina oportunidades y riesgos. El INTA señala que una mayor disponibilidad de agua puede favorecer a numerosos establecimientos, mientras que los excesos se concentran especialmente en determinadas cuencas y terrenos bajos. Por eso recomienda considerar el drenaje, el estado de los suelos y las condiciones de cada lote al planificar la campaña.
El organismo también advierte que otros procesos atmosféricos pueden modificar la señal de El Niño. La información estacional debe complementarse con los pronósticos meteorológicos y el seguimiento de las condiciones locales. Saber que el Pacífico se está calentando no alcanza para anticipar qué barrio, camino o campo podría quedar bajo agua, una distinción central en el análisis del INTA para la campaña 2026-2027.
La planificación, además, puede reducir las consecuencias de los fenómenos extremos. La Universidad de Columbia destaca que la infraestructura, la organización de las emergencias y el acceso a información confiable influyen en la capacidad de las comunidades para enfrentar inundaciones, sequías y otros eventos.
Para Tucumán, el dato confirmado es el fortalecimiento de El Niño; lo que todavía no puede deducirse de ese diagnóstico global es la magnitud de las lluvias o de sus posibles consecuencias en cada localidad. Los antecedentes justifican un seguimiento atento hacia fines de año, pero no autorizan a anunciar una inundación inevitable. La advertencia sirve para prepararse: no para dar por escrito un desastre que aún no ocurrió.