El niño que descubrió su identidad a los 7 años y hoy vive con orgullo: “Me llamo Benja”
¿Qué pasa cuando un niño puede decir quién es y los adultos lo escuchan? La historia de Benja, un niño trans de 11 años que encontró el acompañamiento de su familia y hoy vive con orgullo.
**Benja tiene 11 años y una certeza que lo define: es un niño trans.** Su historia, que comenzó a gestarse en plena pandemia, es un ejemplo de acompañamiento familiar y de cómo las infancias pueden expresar su identidad cuando encuentran escucha y respeto.
En el Día de las Infancias, la historia de Benja invita a reflexionar sobre qué pasa cuando un niño puede decir quién es y los adultos lo escuchan. Su mamá, Jessi Valenzuela, cuenta que el proceso fue progresivo y que hoy su hijo vive una infancia plena y feliz.
Los primeros indicios
Todo empezó cuando Benja tenía cinco años, durante la pandemia. Comenzó a hacer preguntas y a mostrar inquietudes que su familia no sabía interpretar. En su casa no conocían las infancias trans y tampoco tenían todas las respuestas.
La crianza de Benja siempre fue abierta: podía elegir su ropa, sus juegos y sus gustos. Pero a medida que crecía, algunas cosas lo incomodaban, como llevar el pelo largo o ciertas situaciones vinculadas con su cuerpo.
Primero hubo complicidades con su mamá, luego llegaron las palabras. A los siete años, Benja pudo ponerle nombre a lo que sentía: quería llamarse Benja y quería que le dijeran “él”.
El acompañamiento de la familia
Jessi comenzó a buscar información y encontró en Nueva Crianza, una organización que acompaña a familias de infancias y adolescencias trans y LGBT+, un espacio clave. Allí, Benja conoció a otros chicos y chicas que atravesaban experiencias similares.
“Más que nada era para que Benja supiera que no era el único que estaba sintiendo lo mismo. A él eso le sirvió un montón”, contó su mamá.
El proceso no fue fácil. “Fue complejo entenderlo. Teníamos que deconstruirnos, empezar a investigar y averiguar qué era lo que sucedía. Cada uno tuvo su tiempo”, explicó Jessi, quien destacó que el papá de Benja también fue un pilar fundamental.
La escuela y el DNI
Uno de los momentos más difíciles ocurrió en la escuela. Benja todavía no tenía su DNI rectificado y una docente tenía dificultades para nombrarlo en masculino. Un día, cansado, le dijo: “Me llamo Benja”. La maestra respondió que no podía llamarlo así porque no tenía DNI.
Ese día, Benja salió decidido a pedir a sus padres que hicieran el trámite. Finalmente, en tercer grado, consiguió su DNI. “Cuando tenés el DNI, no tenés que explicar más nada”, afirmó su mamá.
Pero los obstáculos no terminaron ahí. En las consultas médicas, el personal de salud solía llamarlo por su nombre anterior. “Él andaba con remeras de dinosaurio, era un nene, y aun así en la sala de espera lo llamaban en femenino”, recordó Jessi.
Benja, un niño feliz
Hoy, Benja va a quinto grado y dice que en la escuela todo es “normal”. Nunca sintió que sus compañeros lo trataran mal. Es sociable, tiene muchos amigos y participa de marchas y actividades vinculadas con la diversidad.
“Él no tiene vergüenza de decir que es trans. Tiene amigos trans, no se esconde”, contó Jessi. Para ella, acompañar no es aceptar, sino respetar y estar presente.
Jessi considera que, si bien la ley de Identidad de Género significó avances, en los últimos años hubo un retroceso y un contexto más hostil. “Las infancias necesitan el acompañamiento de sus familias, aunque quizás no tengan ni idea de lo que les está sucediendo. También de los docentes y acompañantes que estén alrededor”, destacó.
Mientras tanto, Benja sigue siendo Benja: dibuja, lee, mira animé, juega al Roblox, se ríe y discute cuando algo le parece injusto. Y sobre todo, es feliz.